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miércoles, 14 de agosto de 2013

Aprendizaje profundo


El sistema educacional está diseñado para el aprendizaje superficial. Al buscar eficiencia, hemos concedido lo más preciado para el aprendizaje: tiempo para madurar. El espejismo de la eficiencia nos hace traicionar la esencia de la educación. Hoy en día, los estudiantes estudian simplemente para pasar las pruebas. No los culpo, estamos viviendo tan aceleradamente que lo único que parece importar son los resultados de las mediciones que hacemos. Repasan la materia a última hora y resuelven mecánicamente los ejercicios, para apenas aprobar. Pasar una asignatura con este método de estudio, no tiene ningún mérito. Las mismas pruebas que contestaron con éxito, serían probablemente reprobadas si se las repitieran en unos pocos días y con seguridad si la repetición fuese en un par de meses.
Los profesores son cómplices. Algunos ni siquiera tienen tiempo para darse cuenta de lo frágil que es el aprendizaje de sus alumnos. Otros, sospechan que algo anda mal, pero se rinden ante las exigencias del sistema. Los menos, comprenden que la mayoría de sus estudiantes no han logrado madurar los contenidos y secreta e inocentemente esperan que repasen los conceptos importantes más adelante.
Los métodos de evaluación tampoco ayudan. Las pruebas de alternativas son un invento eficazmente perverso. En general las pruebas exigen que los estudiantes respondan lo que el profesor piensa. Lo que necesariamente los despoja gradualmente de inocencia y autenticidad. A mayor abundamiento, la insólita simultaneidad de las pruebas y exámenes, obliga a los estudiantes a distribuir su escaso tiempo para estudiar entre diversas disciplinas desconectadas. Resulta complicado medir la claridad conceptual o la asimilación profunda con varias evaluaciones durante el trimestre o semestre.
Necesitamos aprendizaje profundo. Necesitamos darle tiempo a nuestra mente para procesar las nuevas ideas y modificar nuestras antiguas interpretaciones. Solo cuando el nuevo conocimiento consigue expandir nuestra consciencia, cuando rehacemos el mapa de la realidad o ajustamos nuestras perspectivas, se logra aprendizaje verdadero. Aprender no es contestar correctamente una prueba. Aprender es comprender integralmente. Aprender es cambiar de forma de pensar, cambiar de comportamiento; aceptar que ese aprendizaje es efímero y que está basado en premisas que sistemáticamente resultarán falsas. Aprender es encontrar una explicación acorde con nuestra madurez psicológica y emocional. Aprender es agregar información al mapa con que interpretamos la realidad. Aprender es permitir que el nuevo conocimiento penetre y se procese en nuestra mente,  baje hasta nuestros corazones y desde allí amplíe la sensibilidad de nuestros sentidos, para traducirse en acciones coherentes con nuestra historia y experiencias. Aprender desde el presente con la mente, con las emociones, con nuestro sentidos, con nuestras acciones, para que nuestro inconsciente asimile la lección, requiere más tiempo del que estamos dándole a nuestros estudiantes. Eso necesitamos, aprendizaje lento, profundo.
El aprendizaje profundo cambia nuestras creencias y expande nuestra consciencia. Y estaremos defraudando a nuestros jóvenes mientras no construyamos una educación para el aprendizaje profundo. Una educación auténtica, más parecida a la vida real. Porque la vida es nuestra mejor universidad. Tiene paciencia, posee ingenio y plantea sus problemas desde numerosas aristas. La vida es nuestro mejor maestro. No se apura y nos da tiempo para madurar aquellas lecciones que nos harán crecer. 

domingo, 11 de agosto de 2013

El profesor ha muerto


La educación tradicional o industrializada está condenada a muerte. Y con ella, la noble tarea del profesor. Este declaración simple y sencilla, puede parecernos una exageración. Pero la evidencia está en todas partes. No la queremos ver. El reclamo global de los estudiantes es apenas un indicador reciente, pero la poca valoración social del profesor y la reticencia por estudiar pedagogía son fenómenos de larga data.  Son anuncios de los problemas graves de salud en el sistema educacional que no quisimos advertir a tiempo.

En “Meaning”, un interesante libro acerca de los ciclos de vida de los sistemas sociales, Cliff Havener define 3 fases en la evolución de todas las organizaciones sociales:

  • La etapa formativa, que comienza con una idea que gradualmente se va materializando para satisfacer un determinado propósito y que se sostiene en el impulso emprendedor, creativo e innovador del grupo que se entusiasma con el desafío hasta que logra darle estabilidad e identidad propia la nueva organización.  
  • La etapa normativa, que comienza cuando el crecimiento de la organización, requiere de reglamentos, procedimientos y sistemas de control para maximizar su eficiencia.  Con la implementación de estos procesos burocráticos, mecánicos y repetitivos, se fragmenta y se rigidiza la organización impidiéndole adaptarse al cambio social.
      Y aquí hay dos alternativas: la sociedad condena a muerte a la organización por ser un sub-sistema discordante y este deja de existir o, la organización logra flexibilizar a tiempo sus estructuras para evolucionar a…
  • La etapa integral, que recupera el verdadero sentido de esa organización e integra sus partes fragmentadas de modo que las diferentes áreas generen sinergía y todos sus empleados comprendan que trabajan juntos como un equipo hacia un objetivo común.

Sostenemos que el sistema educacional actual está condenado a muerte porque ha perdido contacto con su objetivo original. La idea detrás de la institución educacional era preparar a las nuevas generaciones para enfrentar los desafíos de la vida. Detrás de esa gran idea, estaba la sustentabilidad del experimento humano. Enseñando a nuestros jóvenes las lecciones que habíamos aprendido en el pasado, logramos  progresos asombrosos. Avanzamos tanto, que hemos adquirido enorme influencia sobre el medioambiente en que vivimos. Con la ciencia y la tecnología creamos un mundo que antes no existía. Un mundo virtual, acelerado, interconectado, inundado de información, complejo e hipersensible. Las actuales condiciones de vida han cambiado tanto, que las estrategias del pasado no les aportan competencias útiles a las nuevas generaciones. 

Recordemos que la educación se industrializó para estandarizar procesos, con el propósito de masificar el acceso a la información, para ilustrar a quienes no podían acceder al conocimiento humano. Era una época de bajo alfabetismo y escasez de información. El profesor era el dueño del conocimiento y habitaba en el sistema educacional. Así formamos muchas generaciones. Y mientras el sistema educacional estaba en su etapa formativa, aquel noble y antiguo profesor que tuvieron otras generaciones desempeñó una extraordinaria labor, con profunda vocación de servicio, paciencia infinita y enorme cariño, entregó todos sus conocimientos y erudición a sus alumnos. Aun escuchamos añoranzas de aquellos viejos tiempos cuando teníamos una verdadera educación de calidad.

Los problemas comenzaron cuando quisimos maximizar la eficiencia de los procesos educativos. La paciencia dentro del aula debía desaparecer. Los procesos se estandarizaron y la especialización, la repetición y la gestión adquirieron cada vez más relevancia. Todo debía planificarse y aquello que fuese impredecible era obviamente molesto. Así fue como desterramos la creatividad y la diversidad del sistema educacional. Las pruebas de alternativas, las mediciones y los rankings empeoraron la situación.

Pero la crisis definitiva llegó con los procesos de acreditación, los estándares orientadores y las limitaciones al ejercicio profesional. Forzando a todas las instituciones a lograr eficiencia en los procesos educacionales, exigiéndoles prácticas y normas fragmentadas y parciales e incluso estableciendo las características del profesor, se perdió de vista todo el sentido de la educación. Los criterios estadísticos de la modernidad fueron la lápida definitiva. La extraordinaria rigidez que estos procesos introdujeron en la educación ya industrializada, la condenaron a una muerte violenta y dolorosa.  Y los pocos maestros que seguían intentando educar a sus estudiantes para los nuevos tiempos, se extinguieron. La noble profesión del profesor fue sepultada bajo toneladas de burocracia, normas, mediciones y números. Así fue como murió el profesor. Así lo extinguimos.

La educación tendrá que reinventarse e integrarse. Volver a su sentido original: preparar a las nuevas generaciones para los desafíos de la vida y alinear a todos los que en ella participan con ese objetivo. Eficiencia si, pero orientada a las condiciones de vida actuales y no a condiciones que ya no existen. Todos nuestros estudiantes vivirán en un mundo de nativos digitales.  Como los desafíos de la vida en un mundo con internet, no pueden ser enseñados por quienes no conocen ese mundo, el oficio de profesor, cual es enseñar, debe transformarse en el oficio de mentor, que consiste en enseñar a aprender.  Aprender a encontrar, a explorar, a filtrar, a correr riesgos, a cometer errores y sacar lecciones. Eficiencia en la exploración. Eso es lo que debemos fomentar. La educación industrial debe transformarse en educación integral, líquida, flexible y orientada a prepararnos para la incertidumbre, la complejidad, el pensamiento independiente, la creatividad y el aprendizaje profundo.

Solo entonces, los jóvenes estudiarán pedagogía porque ser mentor implicará conocer el desarrollo humano, un proceso en etapas progresivas de expansión de consciencia que permitirá aumentar el potencial individual y colectivo del ser humano. Será, literalmente,  la profesión del futuro.

sábado, 10 de agosto de 2013

Si la vida fuese un sueño...


Si la vida fuese un sueño, estaríamos dormidos aunque probablemente en algún momento tendríamos que despertar. En eso, la educación nos podría ayudar.

Si estamos soñando y el sentido de nuestra vida fuese ir despertando gradualmente, entonces nuestra existencia sería un proceso continuo de despertar de varios sueños dentro de otros sueños…
Cada sueño entonces, sería una etapa de nuestras vidas fundada en la interpretación que hemos dado a lo que vivimos. Cada sueño, si bien estaría tejido por nuestras creencias, tendría un sentido: nos enseñaría una lección muy importante que necesitaríamos aprender para despertar de ese sueño y comenzar el siguiente. Porque estaríamos soñando mientras tengamos interpretaciones falsas de la realidad. Solo podríamos despertar cuando dejemos de soñar.

Si la vida fuese un sueño, la educación nos conduciría suave y gentilmente a un despertar recurrente de nuestra inevitable subjetividad.

El primer sueño que tendríamos es un combate. Estamos viviendo en guerra. Necesitamos vender al enemigo, que parece estar en todas partes. Este sueño nos enseña a combatir por nuestra supervivencia. Hasta que descubrimos que hay algo en lo que somos extraordinarios…y por eso ¡merecemos vivir!: ¡¡¡¡somos únicos!!!! No somos copias de nadie más, somos verdaderas obras de arte, originales.
Esta revelación significa que debemos darle una oportunidad a nuestra vida (nuestra versión de ser humano, es una propuesta asombrosa) y cuando asimilamos esta gran lección, despertamos de ese sueño.

Nuestra realidad cambia y comprendemos que no estamos solos. Estamos jugando, la vida deja de parecer un combate y se transforma en un juego… Es el segundo sueño, que nos enseña a distinguir lo correcto de lo incorrecto. Y actuar en consecuencia…
Vivimos en comunidad y necesitamos comportarnos como seres sociales. Aprendemos a hacer distinciones donde hay verdades absolutas. Es un mundo de opuestos irreconciliables. Tengo un rol y debo cumplir con mi responsabilidad, debo obedecer, respetando las reglas. Somos parte de un equipo (el bien) y debemos derrotar al otro (el mal). Entonces la historia nos enseña las lecciones aprendidas por antiguos jugadores y aprendemos a formar nuestro carácter en base a sólidos valores.…¡y entonces despertamos!

Esta vez para descubrir que el juego era una ilusión y que la vida en realidad es una competencia. En esta etapa caemos en cuenta de que debemos hacer nuestro mejor esfuerzo para tener éxito. Somos responsables del resultado que logremos con nuestras vidas. La competencia es feroz, porque todos quieren ganar y también harán lo mejor que puedan…
Por eso, debemos entrenar, desarrollar nuestros talentos y diseñar una estrategia para aprovechar cualquier oportunidad y cuando hemos desarrollado un gran espíritu de superación…¡entonces, nuevamente despertamos!

Para descubrir que el mundo que parecía una competencia, es en realidad una aventura individual que nos enseña una lección en función de nuestra historia y experiencias…
Que nuestra verdad es solo nuestra y que los demás tienen la suya. ¡Y es válida! La verdad nuestra y la de los demás! Aprendemos a respetar la diversidad y comprendemos el concepto de la relatividad. ¡No hay absolutos! La verdad es relativa e individual; pero como es una aventura de superación, necesitamos la ayuda de los demás. Descubrimos que para llegar a mi meta, necesito la ayuda de los demás haciendo su mejor esfuerzo y ellos también necesitan de mi mejor desempeño. Cuando en esta aventura comprendemos el concepto de la sinergía, que todos juntos podemos escalar más alto, entonces… ¡entonces volvemos a despertar!

Para descubrir que la aventura se ha transformado en un rompecabezas. Que todo lo que sucede es una pista o una pieza del rompecabezas. Pero es un puzle que resulta difícil de armar porque no conocemos la imagen de fondo. Tenemos que armarlo a tientas. Nuestra tarea en esta etapa es “conectar los puntos” como decía Steve Jobs, o ir encontrando piezas que encajan en otras. Buscando coincidencias. Poco a poco, lo que sucede nos ayuda a armar el rompecabezas y cuando logramos distinguir la imagen de fondo, entendemos que lo que el sueño quería desarrollar en nosotros era la capacidad de síntesis. Inundados por una océano de información, debemos ser capaces de filtrar y seleccionar la información relevante para darle sentido a nuestras vidas.

Despertamos de este sueño, con una pregunta. ¿Estaremos en otro sueño? ¿Será la realidad solo un sueño? ¿Será el combate que parecía un juego que parecía una competencia que parecía un rompecabezas, solo una serie de espejismos que no terminan nunca?
Y entonces comprendemos que ahora sí estamos despiertos. Que hemos sido capaces de tomar consciencia de nuestra evolución, de descubrir que todos juntos estamos tejiendo una idea colectiva…Y que cada uno de nosotros debe aprender lo suyo…para ampliar nuestra perspectiva y crear una consciencia verdaderamente planetaria… La aventura humana es una experiencia colectiva de desarrollo en etapas que nos ayuda a crecer cuando somos capaces de vivir sin certezas. Cuando somos capaces de hacernos grandes preguntas.

Si la vida fuese un sueño, entonces la educación nos enseñaría a reflexionar…a pensar en forma independiente, cuestionando nuestras premisas y a vivir ¡atreviéndonos a preguntar!

lunes, 5 de agosto de 2013

Los fundamentos de la educación integral

La Pedagogía Integral es un proceso pedagógico orientado a la expansión gradual y progresiva de la conciencia individual siguiendo los principios de la Dinámica Espiral de Clare Graves y Don Beck y el Enfoque Integral de Wilber. Un proceso de desarrollo humano que forma profesores integrales.

a) La Dinámica Espiral:

Parte del supuesto que la naturaleza humana se adapta a los cambios, construyendo nuevos paradigmas para resolver los problemas que le presenta su medio ambiente y que no se pueden resolver con su actual cosmovisión.

Solo entonces, enfrentado a una crisis existencial, el ser humano cuestiona las viejas creencias con las cuales interpretaba la realidad y reconstruye un mapa más completo con nuevas y más amplias premisas. Un nuevo mapa que expande su consciencia o aumenta la cantidad de información que puede procesar conscientemente; que le permite ver las cosas desde una perspectiva más amplia, que lo hace madurar.

El desarrollo humano, entonces, es impulsado por la búsqueda de respuestas que satisfagan nuestra natural curiosidad en el intento permanente por encontrar mayor bienestar y satisfacción, tanto en lo personal como en lo colectivo. 

La Dinámica Espiral propone un modelo de desarrollo en etapas progresivas. Una especie de escalera de caracol que subimos peldaño a peldaño, hacia una madurez más profunda. Donde cada etapa corresponde a un nivel de consciencia…un sistema de creencias...un paradigma. Para pasar a la siguiente etapa, se requiere una expansión de consciencia… se necesita despojarse de algunas creencias obsoletas y madurar. Cada etapa incluye y trasciende a la etapa anterior de modo que lo aprendido no solo ha sido necesario sino que también es el peldaño donde nos apoyamos para seguir subiendo. Es decir, desde esa nueva perspectiva podemos comprender como se ve el mundo a esa altura y como se veía desde una altura inferior. Pero no podemos imaginar como se ve desde el paradigma siguiente.

La percepción y la interpretación de la realidad es diferente según el nivel de desarrollo en que estamos. Y como nuestra forma de entender al mundo está tejida por nuestra historia y experiencias, entonces es lógico que el paradigma en que nos encontramos dependa de las condiciones en que estamos viviendo. En consecuencia, nuestra madurez depende de nuestras circunstancias. Algo que comprueban todas las pruebas estandarizadas, pero que desde un paradigma incompleto, interpretamos como segregación educacional.

Ahora bien, la expansión de consciencia cambia todo: nuestras premisas, nuestras interpretaciones, nuestras motivaciones y nuestra capacidad para resolver problemas.

Por eso, postulamos que los problemas de la educación se resuelven en otro paradigma. En un paradigma más evolucionado, el paradigma integral…

b) El enfoque integral

Según este enfoque, necesitamos una nueva forma de mirar. Nuestros sentidos actúan como verdaderos filtros. Lo que percibimos no es la realidad, puesto que hay muchos colores, sonidos, sabores y sensaciones que quedan fuera del rango perceptible. A lo más, es una realidad parcial. La primera consideración que debemos tener es que la realidad es muchísimo más rica y tiene considerables más matices que los que nosotros, los humanos distinguimos. Hay muchas cosas que no somos capaces de percibir, pero que están sucediendo a nuestro alrededor.

Necesitamos comprender que nuestros sentidos filtran la información que percibimos desde el exterior y ya en nuestro interior, las emociones la afectan. Lo que procesamos es parcial, en tanto incompleto, cuanto sesgado. Usamos anteojeras…

Y como con esas anteojeras construimos nuestras creencias, entonces necesitamos aprender a percibir desde la perspectiva más amplia posible. 

Para resolver este problema, Ken Wilber, un filósofo norteamericano, nos propone integrar las diferentes perspectivas básicas y usar un mapa que contemple información desde al menos 4 puntos de vista distintos al distinguir entre el mundo interno y el mundo externo; y entre lo individual y lo colectivo. Genera así un modelo de cuadrantes básicos: el interior-individual; el exterior-individual; el interior-colectivo y el exterior-colectivo. Con este enfoque se pueden integrar las 4 perspectivas básicas: la personal, la cultural, la objetiva y la sistémica. Todas ellas contribuyen con información relevante, pero esencialmente parcial, para que podamos construir una visión panorámica más representativa de la realidad.

Esta forma de procesar la información, nos provee de un mapa -el más completo que conocemos- para recorrer un territorio desconocido. Nos invita a mirar integrando diferentes perspectivas. Nos invita también a aceptar que la perspectiva del otro también aporta información valiosa y a reconocer que siempre podemos agregar una nueva mirada que amplíe el panorama. 

Estos fundamentos nos permitirán diseñar una educación que se defina como un proceso de desarrollo en etapas progresivas hacia la madurez del ser humano interna y externamente; individual y colectivamente. Hacia la armonía del pensamiento y del comportamiento humano, de su cultura y de la sociedad, en el contexto del planeta que habitamos. Una educación para la consciencia planetaria, una educación verdaderamente integral.

miércoles, 31 de julio de 2013

Educar para expandir la conciencia


La humanidad está enfrentando una profunda crisis de carácter sistémico. Prueba contundente de que nuestra cultura, no ha evolucionado a la par con nuestro progreso científico-tecnológico. Necesitamos madurar como especie. Necesitamos urgentemente, expandir nuestra conciencia.
Esta es la tarea fundamental de la educación: generar un proceso individual de expansión de conciencia para actualizar la forma en que interpretamos la realidad, en función de los recientes descubrimientos de la ciencia y progresivamente construir una cultura que integre armónicamente nuestra exquisita diversidad.
Cada uno de nosotros construye un “mapa” único en función de nuestra historia y experiencias. Vemos la realidad a través de nuestros propios anteojos. Todos únicos e irrepetibles.
Nuestras diferentes perspectivas, valiosas desde el punto de vista de la multiplicidad de posibilidades, generan problemas cuando se trata de ponernos de acuerdo, puesto que se basan en premisas distintas. No lograremos estructurar una sociedad que nos permita vivir en armonía, a menos que logremos comprender como se construyen y lo que representan nuestros diferentes mapas de la realidad.
Por eso, necesitamos una educación que trascienda el modelo tradicional jerarquizado de transmisión de información, que supere la propuesta moderna de la eficiencia industrial estandarizada y acepte la diversidad del postmodernismo. Necesitamos una educación nos ayude a construir una cosmovisión lo más sistémica posible. Necesitamos un modelo de formación integral.
Pensamos que la educación integral, debe enfocarse en expandir la conciencia del estudiante. Gradual y progresivamente. Ampliando continuamente la perspectiva y permitiendo que el estudiante procese conscientemente cada vez, mayor cantidad de información.
Necesitamos incorporar en este nuevo modelo educativo los conocimientos recientes de la biología: que todos los sistemas orgánicos son dinámicos; que la evolución cambia al mismo tiempo al organismo y al medio; que el equilibrio de nuestro ecosistema es frágil; y que necesitamos desarrollar una conciencia planetaria.
También requerimos aprovechar los asombrosos avances de la neurociencia: comprender como funciona nuestro cerebro, investigar la neuroplasticidad y las neuronas de la empatía para educar las emociones, desarrollar las habilidades blandas y  potenciar las relaciones interpersonales. Necesitamos desarrollar un modelo para el aprendizaje continuo.
Por último, debemos comprender que la ciencia de la complejidad, con su infinita red de relaciones y consecuencias; sus equilibrios efímeros, atractores extraños y propiedades emergentes nos presenta un escenario educacional abierto, dinámico y extremadamente sensible.
Con las novísimas herramientas que nos prestan estas ciencias duras, estamos en condiciones de rediseñar la educación, ya no para procesar información, sino para expandir la mirada de nuestros estudiantes y prepararlos para vivir en el bienestar personal, colectivo y planetario.
Ha llegado el momento de diseñar una educación para la expansión de consciencia.

viernes, 26 de julio de 2013

El capital cultural


Sospecho que la acidez que está destilando la pluma de Cristián Warnken en sus columnas de opinión, tiene directa relación con la belleza de su pensar. La vida lo ha bendecido, con una inteligencia privilegiada; o tal vez, lo ha castigado con un siniestro rigor que lo insta a mirar desde una perspectiva muchísimo más crítica. No lo sabemos. Lo que sabemos es que posee un enorme capital cultural y que la sabiduría que le permite esa gran riqueza intelectual lo ha impulsado a invitarnos a reflexionar acerca de cómo estamos viviendo.
Tiene razón. Con toda la elocuencia que permite nuestro idioma, nos advierte periódica y categóricamente, sobre los riesgos de la superficialidad. Estamos literalmente nadando en un mar de información. Y lejos de aprovechar la extraordinaria belleza que nos ofrece aquel nuevo mundo submarino de la era informática, nos quedamos nadando en la superficie, como si dependiéramos del hedonismo y de la inmediatez para vivir.
Su clamor debiera despertarnos. Como despertó él, al renunciar a vivir preocupado del rating. Como nos despertó a nosotros cuando abandonó el decanato de una Facultad de Educación, para seguir su propio camino, largo, sinuoso, solitario y profundo. Me pregunté entonces porqué se desilusionó de la educación. Y las respuestas que me he dado, no me gustan…
¿Se habrá dado cuenta que la educación está fatalmente infectada de esa superficialidad que tanto condena?
Puede ser. Es cierto que el sistema educativo se conforma con que pasemos las pruebas. Que el examen ha perdido relevancia; que la reflexión profunda no tiene cabida en la escala de notas; que medimos conocimientos efímeros, que se desvanecen de nuestra memoria antes de que salgamos de inmerecidas vacaciones. Es efectivo que el sistema educativo es puro maquillaje que esconde la fealdad de nuestro escuálido capital cultural.  Es indiscutible que las innumerable pruebas estandarizadas solo exigen un esfuerzo mediocre y que sus pésimos resultados solo comprueban algo que no nos atrevemos a confesar. Algo que preferimos esconder debajo de la alfombra, o ropa sucia que preferimos lavar dentro de nuestras instituciones.
Esos resultados, con que supuestamente medimos la calidad del sistema educativo, simplemente son reflejo del capital cultural de nuestras familias. Ese capital que hemos dilapidado viendo programas de baile juvenil y teleseries llorosas; o carreteando o chupando frente a una parrilla; o aceptando ver interminables tandas publicitarias engañosas que programan nuestros deseos y deforman nuestro criterio presentándonos  mundos mentirosos. Ese capital cultural que nuestra generación ha perdido en una vida veloz y superficial. Ese capital que hemos heredado de nuestros abuelos lectores y olvidado en bibliotecas añejas.
Aunque no queramos reconocerlo, los mediocres resultados que obtienen nuestros hijos en las pruebas estandarizadas, no demuestran la calidad del establecimiento educacional en que pasan algunas horas del día. Más bien reflejan el vocabulario aprendido en las casas, el nivel de la conversación entre padres e hijos, la importancia que en nuestros hogares damos a la lectura y al conocimiento; reflejan inequívocamente, la cultura superficial en la que vivimos.
Ningún colegio es capaz de revertir los años de infancia superficial y tampoco ninguna universidad puede compensar los años de juventud insensata. Ningún profesor puede sustituir el ejemplo de los padres.
Hemos decidido culpar a alguien y encontramos al perfecto chivo expiatorio. La educación.
Los jóvenes claman por una educación de calidad, sin querer reconocer que para recuperar el capital cultural o el tiempo perdido hay que esforzarse e invertir en lectura, estudio y reflexión.
La verdad es que están acostumbrados a protestar cuando no reciben lo que quieren. Los padres los apoyan porque íntimamente saben que ellos se han equivocado. Les han querido facilitar el camino y nos les enseñaron el valor del esfuerzo y de la responsabilidad.
Estamos viviendo una época de profunda transformación social. La educación se ha masificado y muchos estudiantes son primera generación en la educación superior. Esos estudiantes juegan en una cancha desnivelada. Es cierto. Pero si comprendieran que para luchar contra ese desnivel es mejor invertir en su propio capital cultural que protestar, emparejaríamos la cancha mucho más rápido.
También es cierto que se requieren transformaciones en el sistema educativo, pero el cambio no debe ir hacia la mayor competencia, la gratuidad o al menor esfuerzo; el cambio debe incrementar el capital cultural de esta generación, debe ir en dirección al rigor y la exigencia, a la profundidad del conocimiento, a la cooperación y al respeto hacia la vida.
Solo así recuperaremos la capacidad de reflexionar, aquello que supuestamente distingue al homo sapiens.

viernes, 19 de julio de 2013

La nueva educación

Hay 5 disciplinas que pueden aportar ideas frescas para el urgente rediseño de nuestro sistema educacional:
  1. La evolución: Una de las principales ideas que enriquecen a la educación, desde la perspectiva evolutiva es el cambio permanente. Todo está cambiando. Todo proceso educacional debe consistir en ayudarnos a adaptarnos al cambio inevitable. Heredar, de generación en generación, herramientas que permitan a nuestros jóvenes enfrentar el futuro con mejores posibilidades. Todo proceso es dinámico y la educación no debiera ser una excepción. Cualquier rigidez o situación estática en los procesos educativos está condenada al fracaso.
  2. Las Neurociencias: Los recientes avances de la neurociencias nos permiten comprender mejor como funciona nuestra mente. Nos demuestra la importancia de la plasticidad en los procesos cognitivos y que nuestra capacidad de procesar información depende de nuestra historia. Entonces comprendemos que la educación debe comenzar desde la concepción y continuar siempre; porque mientras vivamos, conservamos la capacidad de aprender. Todo proceso educacional debe ser continuo y plástico.
  3. La Ciencia de la Complejidad: Los problemas de la vida real, entre ellos los ambientales, sociales, económicos y especialmente, los educacionales son complejos. Es decir, intentan ordenarse buscando algún equilibrio, por momentaneo que sea. Demuestran que el todo es más que la suma de las partes. Y además, son extremadamente sensibles ante el cambio continuo. En educación, hoy reconocemos que todo está conectado. Sin embargo, todos los procesos educacionales están fragmentados. Esto es algo que hay que corregir.
  4. La Dinámica espiral: Este modelo de desarrollo humano, válido para individuos, organizaciones, comunidades, naciones e incluso para la humanidad, nos propone que consideremos a la educación como un proceso de expansión de la conciencia. Todo tiende a expendirse, y como dice su nombre en una dinámica cíclica expansiva. La educación debiera ser vista entonces como un proceso de desarrollo continuo en etapas que corresponden a distintos niveles de consciencia. Un proceso de maduración.
  5. El enfoque integral: Reconociendo que el mapa no es el territorio, este enfoque nos advierte de la subjetividad inevitable de nuestros sentidos y que para ampliar nuestra perspectiva es necesario procesar diferentes puntos de vista. Cada punto de vista nos aporta una historia e información relevante, pero parcial, que enriquece nuestro mapa de la realidad. Necesitamos diseñar la nueva educación con una visión panorámica, integrada e interrelacionada.
Cada una de estas ideas, puede generar una discusión interesante por si misma y más adelante exploraremos sus repercusiones, pero en este momento prefiero intentar redefinir a la educación, considerándola desde una mirada interdisciplinaria:
La nueva educación, debe ser un proceso permanente, dinámico, plástico y complejo de expansión integrada de los diferentes aspectos de nuestra conciencia, tanto en términos individuales como colectivos.