Hace unos 10 años, cuando trabajaba como Decano de la Facultad de Educación en la Universidad Mayor se me encomendó la tarea de pensar cómo sería la Universidad del Futuro. Yo no era un académico de carrera. Llegué a la Universidad tras haber liderado una transformación educativa de una creatividad sin precedentes en un Colegio privado de reconocido prestigio. Mi trayectoria profesional y mi formación académica como Ingeniero Civil y Magister en Biología-Cultural demostraban que no solo era capaz de “pensar fuera de la caja”, sino que además tenía una mirada sistémica capaz de resolver problemas complejos.
Debí actuar con urgencia. Toda la educación del país estaba en tela de juicio. Los estudiantes clamaban por “educación de calidad” y las instituciones luchaban por validarse vía acreditaciones. La opinión pública era crítica. La intolerancia frente a ideas diferentes tampoco permitía dialogar con altura de miras. El ambiente estaba politizado, la tensión era evidente y pronto iba a explotar.
Conté con la colaboración de todos los Decanos(as), que entonces era un equipo formidable de académicos y además conseguí que contribuyeran las mejores mentes del país: Humberto Maturana, Juan Cassasus, Rafael Echeverría, entre otros. Se trataba de un tema-país prioritario y nadie se quería restar. Los aportes y contribuciones llegaron desde ámbitos insospechados, incluyendo universidades nacionales y extranjeras.
Las conclusiones preliminares fueron interesantes, novedosas e inesperadas, pero ninguna se alcanzó a implementar. A mi juicio, tampoco había agua en la piscina para aceptarlas en ese momento. La educación es una institución muy resistente al cambio y las propuestas eran francamente disruptivas.
Los estudiantes universitarios se movilizaron para forzar cambios estructurales y cuando la bomba de la “gratuidad” reventó, comenzó la batalla de las universidades privadas por la supervivencia. La Universidad Mayor se jibarizó en un afán de apretarse el cinturón al máximo para poder competir, reduciendo los costos fijos en forma dramática. Otras universidades privadas optaron por aceptar las condiciones de la Gratuidad. La conversación cambió y con eso, el sueño de la Universidad del Futuro se esfumó.
Después de una década de cambios acelerados, las ideas que entonces se barajaron se han hecho mucho más relevantes. Y me pregunto si no convendría retomarlas. Voy a intentar resumirlas dándome licencia para usar un lenguaje coloquial y didáctico.
Esta universidad no es una institución tradicional. Es una comunidad de pensamiento...
Imaginamos la Universidad del Futuro como un pulpo: Un ser vivo, blando, inteligente, adaptable, cambiante y sensible (características necesarias para la transformación que requiere la Educación Superior). Con tentáculos capaces de pensar en forma independiente, como si fuesen diferentes facultades dirigiendo una parte de la metamorfosis universitaria.
1) La Facultad de la Curiosidad (De las respuestas a las preguntas)
La educación se ha diseñado para memorizar información y entregar respuestas correctas. La nueva pregunta educativa no es: ¿Cuánto sabes? Es, ¿Qué preguntas haces? Con todo el conocimiento acumulado en la nube ahora el estudiante debe aprender a formular las mejores preguntas para su aprendizaje.
2) La Facultad de la Vida (De aprender a ganarse la vida a aprender a vivirla)
La vida se concibe como una sucesión continua de ciclos de aprendizaje y transformación. No se trata de educar para trabajar o producir, sino cómo vivir mejor y envejecer sabiamente (entendiendo la vida como un proceso de aprendizaje para transformarnos en nuestra mejor versión).
3) La Facultad de lo Humano (De mantener nuestra humanidad en la transformación)
La simbiosis del ser humano con la tecnología está redefiniendo los límites de lo que significa ser Homo Sapiens. Lo importante ahora es educar para conservar el modo de vida que caracteriza nuestra humanidad en todas nuestras etapas de crecimiento.
4) La Facultad del Bienestar (Del aprendizaje a la Felicidad)
La tecnología y las redes sociales se están convirtiendo en una amenaza creciente para la salud emocional de las personas. La educación emocional para enseñar que la felicidad no depende de tener cosas sino de la satisfacción interna es vital para el nuevo estudiante.
5) La Facultad de los Talentos (De la uniformidad a la diversidad)
Las neurociencias ahora nos permiten identificar las fortalezas innatas de los estudiantes. Educar para desarrollar esos talentos no solo facilita el aprendizaje sino contribuye al florecimiento personal y garantiza motivación. Esto implica personalizar la educación.
6) La Facultad de la Conciencia (De la cosmovisión rígida a la espiral de Conciencia)
Darse cuenta de que nuestros mapas no son el territorio y que podemos perfeccionarlos agregando información que nos permita alcanzar un nuevo nivel de conciencia, ayuda no solo a la convivencia sino a darle sentido trascendente al proceso educativo.
7) La Facultad de la Ignorancia (De la certeza a la humildad epistemológica)
Reconocer los límites de nuestro conocimiento (personal y colectivo) es comprender que nuestra ignorancia no tiene límites. La nueva educación no debe explorar “lo que no sabemos”, sino aquello que “no sabemos que no sabemos”.
8) La Facultad de la Intuición (Del razonamiento lógico al juicio instantáneo)
Se trata de enseñar a usar la reflexión profunda, el sueño y el silencio para conectar puntos y sintonizar con soluciones novedosas. Propone usar la intuición y la creatividad, como puntos de partida para resolver problemas complejos con ayuda de la IA.
La Universidad del Futuro es una necesidad evolutiva y será una peligrosa aventura
de autodescubrimiento para ayudarnos a convivir en armonía con la
transhumanidad, la posthumanidad y la IA.

