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miércoles, 14 de agosto de 2013

Aprendizaje profundo


El sistema educacional está diseñado para el aprendizaje superficial. Al buscar eficiencia, hemos concedido lo más preciado para el aprendizaje: tiempo para madurar. El espejismo de la eficiencia nos hace traicionar la esencia de la educación. Hoy en día, los estudiantes estudian simplemente para pasar las pruebas. No los culpo, estamos viviendo tan aceleradamente que lo único que parece importar son los resultados de las mediciones que hacemos. Repasan la materia a última hora y resuelven mecánicamente los ejercicios, para apenas aprobar. Pasar una asignatura con este método de estudio, no tiene ningún mérito. Las mismas pruebas que contestaron con éxito, serían probablemente reprobadas si se las repitieran en unos pocos días y con seguridad si la repetición fuese en un par de meses.
Los profesores son cómplices. Algunos ni siquiera tienen tiempo para darse cuenta de lo frágil que es el aprendizaje de sus alumnos. Otros, sospechan que algo anda mal, pero se rinden ante las exigencias del sistema. Los menos, comprenden que la mayoría de sus estudiantes no han logrado madurar los contenidos y secreta e inocentemente esperan que repasen los conceptos importantes más adelante.
Los métodos de evaluación tampoco ayudan. Las pruebas de alternativas son un invento eficazmente perverso. En general las pruebas exigen que los estudiantes respondan lo que el profesor piensa. Lo que necesariamente los despoja gradualmente de inocencia y autenticidad. A mayor abundamiento, la insólita simultaneidad de las pruebas y exámenes, obliga a los estudiantes a distribuir su escaso tiempo para estudiar entre diversas disciplinas desconectadas. Resulta complicado medir la claridad conceptual o la asimilación profunda con varias evaluaciones durante el trimestre o semestre.
Necesitamos aprendizaje profundo. Necesitamos darle tiempo a nuestra mente para procesar las nuevas ideas y modificar nuestras antiguas interpretaciones. Solo cuando el nuevo conocimiento consigue expandir nuestra consciencia, cuando rehacemos el mapa de la realidad o ajustamos nuestras perspectivas, se logra aprendizaje verdadero. Aprender no es contestar correctamente una prueba. Aprender es comprender integralmente. Aprender es cambiar de forma de pensar, cambiar de comportamiento; aceptar que ese aprendizaje es efímero y que está basado en premisas que sistemáticamente resultarán falsas. Aprender es encontrar una explicación acorde con nuestra madurez psicológica y emocional. Aprender es agregar información al mapa con que interpretamos la realidad. Aprender es permitir que el nuevo conocimiento penetre y se procese en nuestra mente,  baje hasta nuestros corazones y desde allí amplíe la sensibilidad de nuestros sentidos, para traducirse en acciones coherentes con nuestra historia y experiencias. Aprender desde el presente con la mente, con las emociones, con nuestro sentidos, con nuestras acciones, para que nuestro inconsciente asimile la lección, requiere más tiempo del que estamos dándole a nuestros estudiantes. Eso necesitamos, aprendizaje lento, profundo.
El aprendizaje profundo cambia nuestras creencias y expande nuestra consciencia. Y estaremos defraudando a nuestros jóvenes mientras no construyamos una educación para el aprendizaje profundo. Una educación auténtica, más parecida a la vida real. Porque la vida es nuestra mejor universidad. Tiene paciencia, posee ingenio y plantea sus problemas desde numerosas aristas. La vida es nuestro mejor maestro. No se apura y nos da tiempo para madurar aquellas lecciones que nos harán crecer. 

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