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viernes, 28 de diciembre de 2012

La vida es un juego


¡Donde todos podemos ganar! Bueno, no conocemos las reglas...pero hoy en día, ¿quién lee un manual de instrucciones antes de jugar? ¡Se aprende jugando!

Tampoco sabemos cuanto dura el juego. Puede terminar en cualquier momento. Y por lo tanto, nada de jugar al empate. Hay que jugar ¡a ganar!

El juego de la vida es como un “solitario”. No tiene sentido hacer trampas...

La primera etapa del juego es acerca de la autonomía. Se juega en nuestra casa.

Es que nacemos indefensos y completamente dependientes. No podemos movernos ni alimentarnos sin ayuda. Por un buen tiempo, nuestra única arma es el llanto, que espontáneamente estalla cuando comenzamos a respirar. Y bueno, algunos descubren que puede ser un arma muy eficiente y la siguen usando por muchos años. En esta etapa del juego, contamos con nuestra familia, que nos protege y nos cobija. Vivimos en un nido, hasta que poco a poco vamos adquiriendo cierto grado de autonomía. Y cuando llega el día en que debemos intentar volar por nuestros propios medios, tendremos que tener el coraje para saltar. Si hemos hecho trampa en esta etapa, no habremos probado nuestra capacidad. Y es ese salto al vacío, cuando dejamos la casa y llegamos al jardín infantil, es esa demostración de osadía, la que nos permite avanzar a la etapa siguiente:

La segunda etapa es acerca del aprendizaje. Se juega en el colegio y la universidad.

Y aunque seguimos luchando por obtener más autonomía, ahora el juego se trata de vencer nuestra ignorancia. Poco a poco, vamos acumulando experiencias que nos enseñan a convivir, pero sobretodo, aprendemos lecciones que nos permiten aprovechar las historias y el conocimiento acumulado por otros en el tiempo. Es la etapa en que nos concentramos en educarnos. Y así, en la escuela, aprendemos a relacionarnos, a conocernos, a descubrir nuestros talentos y a entender como funciona el mundo. Es una época de preparación para desarrollar todo nuestro potencial. Aquí, en el entrenamiento académico, es ¡donde se gana el juego! Tampoco tiene sentido hacer trampas en esta etapa. Tener vacíos en nuestra formación limitará para siempre nuestras posibilidades.

Cuando hemos aprendido suficiente, en función de nuestros intereses y competencias, escogemos un papel que nos guste desempeñar. Este es un aspecto clave del juego: Encontrar una tarea apasionante para desplegar nuestros talentos. Y entonces, con una profesión estimulante y armados de conocimientos, pasamos a la etapa final...

La tercera y última etapa del juego de la vida, es acerca de la Contribución. Se juega en el trabajo.

Algunos creen que esta etapa, es acerca de acumular dinero o posesiones. Están equivocados.

Otros creen que se trata de obtener poder o influencia. Están perdidos.

Se trata de desempeñar el rol que escogimos tan bien como podamos. Se trata de aportar ideas, de contribuir a crear un mundo mejor y así, hacer del juego una experiencia aun más interesante. Nuestro paso por el mundo, debe dejar una huella para que los jugadores del futuro disfruten de experiencias enriquecedoras. Nuestra contribución, aunque sea del tamaño de un grano de arena, cuenta. Y si cuenta, si aporta a mejorar el mundo, entonces, habremos ganado.

Hacer trampas en esta etapa, deja un sabor agrio a nuestros logros y ensucia nuestra trayectoria. Y nadie se siente ganador en este juego, sin integridad.

Permítanme hacerles algunas recomendaciones para ganar en el juego de la vida:

En primer lugar: No olviden nunca las lecciones de autonomía y sigan cultivando un pensamiento independiente. Acepten solo aquellas ideas nacidas en su interior y siempre escojan el camino menos transitado. Sean ¡UNICOS!

En segundo lugar: Tampoco olviden las lecciones de aprendizaje y mantengan viva la curiosidad. Actualicen permanentemente sus conocimientos e impidan que sus neuronas se oxiden. Manténganse ¡VIGENTES!

Pero sobretodo, recuerden que si quieren contribuir, lo único que importa es que sean la mejor versión de ustedes mismos y que haciendo bien, aquello que saben hacer, serán auténticamente ¡GANADORES!

domingo, 23 de diciembre de 2012

Impulsos II


Siento que soy algo más que un grupo de células, neuronas, tejido, órganos, músculos y huesos. Mucho más que una máquina viva. Más que un organismo biológico que busca sobrevivir en un ambiente siempre cambiante. Noto que mi cuerpo es una manifestación física de las ideas, pensamientos y energía que son procesados en mi mente e incluso me doy cuenta que hay coherencia entre lo que pienso y lo que sucede. La naturaleza y yo estamos en una conversación acerca de las conexiones entre mi desarrollo personal y la evolución natural. Y esa conversación nos conduce hacia la inevitable conclusión de que a medida que me desarrollo, más conexiones se hacen evidentes. A medida que profundizo mi autoconocimiento, más compleja me parece la naturaleza. Entonces comprendo que viajamos juntos y coevolucionamos para responder a ese impulso de desarrollarme, preservar  y comprender la vida. Ese impulso se hace cada vez más evidente a medida que reflexiono y tomo conciencia.

Siento que soy algo más que un miembro de mi familia. Algo más que un miembro de una comunidad o una sociedad. Siento la responsabilidad de contribuir a la tarea de la humanidad, porque no hay otro humano que tenga mi historia o mi perspectiva. Comprendo que soy una pieza única en el puzle que debe resolver el ser humano. Me doy cuenta de que cada “otro” es también una pieza fundamental para completar el acertijo. Y que el enigma que debemos resolver va evolucionando con nosotros.  Cada generación tiene misterios que desvelar. Entonces, en esta era, mi voz se debe unir a las voces de todos los humanos para aportar la nota justa que requiere la transformación social que nos hará comprendernos mejor. A medida que escucho más voces, más diáfano me parece el canto humano. A medida que seamos más los cantores, más afinada será la melodía. Entonces comprendo que nuestro cantar se expresa en la sociedad que hemos hilvanado y que todos estamos respondiendo al plan que nos hace progresar como especie y que se genera en ese impulso de curiosidad primordial que nos caracteriza.

Siento que el tiempo es mi profesor. Que mi vida es mi escuela y mi reflexión es mi universidad. Mis experiencias me enseñan. La profundidad con que las analizo, me forman. Siento que el tiempo se adapta a mi desarrollo y me permite comprender, solo cuando estoy preparado para la lección. Y si el tiempo es así conmigo, debe serlo con la humanidad. El aprendizaje de nuestra especie ha sido lento porque hemos evolucionado colectivamente y porque ahora todos estamos enfermos. El amor por el dinero se ha convertido en una epidemia contagiosa que tendremos que erradicar. Algo que sabemos pero que necesitamos procesar. Aunque nos queda un largo camino por delante, tendremos éxito, porque no existe nada más poderoso que el espíritu humano. Sobretodo porque tenemos un impulso poderoso que nos obliga a desarrollar plenamente nuestro potencial. Y sospecho que el potencial del ser humano es verdaderamente enorme.

Confío en el ser humano, a pesar de su actual comportamiento. Confío en estos impulsos. Porque vienen de la eternidad.

lunes, 17 de diciembre de 2012

Impulsos


Siento un impulso dentro de mí, que me conecta con el mundo. Soy parte de ese mundo y me parece que cada cosa que existe en él, me pertenece. Está allí, para darme una señal. En este sentido, el mundo (al menos el que percibo), me pertenece. Pero yo también pertenezco al mundo y cada célula de mi cuerpo es parte de ese mundo. Cada idea que se forma en mi mente, nace de estímulos que vienen de ese mundo. La naturaleza se comunica conmigo porque soy parte de ella y la comprendo mejor cuando percibo la intrincada relación entre sus partes. Puedo ver algunas conexiones, puedo sentir muchísimas otras; puedo intuir aquellas que mi consciencia me muestra y sé que tengo el potencial para descubrir las conexiones más sutiles. Nuestro hábitat está profundamente interconectado. Esa red infinita de conexiones me incorpora a un proceso evolutivo que sigue un plan. Soy parte de un proceso natural que evoluciona hacia la preservación de la vida.

Siento una conexión profunda con mis hijos. Son parte de mí y tienen tantas cosas de mí, que siento que son mi continuación. Son la respuesta que ha dado la naturaleza al problema de mejorar mi versión. Son mi futuro. Concebidos y criados en un ambiente amoroso, están preparados para continuar la tarea de preservar la vida. Pero ellos son parte de una familia y esa familia es parte de una sociedad. En esa sociedad vivimos todos los seres humanos. Somos parte de ella. Cada uno con su propia tarea, en su propio proceso de desarrollo y buscando sus respuestas. Estamos conformando una comunidad que refleja lo que somos, donde estamos y hacia donde nos dirigimos. En esa comunidad debemos vivir y relacionarnos, no solo para desarrollar nuestro potencial y contribuir al bienestar común, sino también para colaborar en el proceso de exploración colectivo que permitirá a la humanidad, comprender su rol en el cosmos. Nuestra sociedad está irremediablemente amarrada a un destino común. Estas ligazones nos incorporan a un proceso evolutivo que también sigue un plan. Soy parte de un proceso social que evoluciona hacia la comprensión de la vida.

Siento un vínculo profundo con mi pasado. Somos lo que somos porque hemos sido quienes fuimos. Porque vivimos las experiencias que vivimos. Y llegamos a ser quienes somos, porque nuestros antepasados fueron quienes fueron. Ellos sembraron sus semillas y nosotros somos sus frutos. Para germinar requerimos tiempo, cuidado y confianza en la naturaleza... Ese regalo histórico ya lo recibimos. Nuestra vida nos ha convertido en lo que somos. Nuestros errores nos han permitido aprender lecciones y no podríamos haberlos evitados sencillamente porque no éramos suficientemente sabios. Eran lecciones que teníamos que aprender. Nuestros aciertos en cambio, nos han mostrado caminos y alimentado nuestra esperanza. Nos han demostrado que finalmente somos responsables de nuestro presente. Mi pasado es el camino que solo yo he recorrido y que sigue la dirección que mis intenciones y decisiones han escogido. El tiempo que he demorado en el recorrido responde a mi proceso de aprendizaje. Aprendizaje que responde a un plan de desarrollo personal. Soy parte de un proceso temporal que evoluciona hacia el desarrollo de mi pleno potencial.

sábado, 8 de diciembre de 2012

Cuncuna, la oruga hambrienta


Hace algún tiempo, nació una oruga hambrienta de conocimiento. Cuncuna, le dicen en la región. Cuando nació, tenía tanto hambre, que devoró hasta el huevo que le dio vida. El instinto de supervivencia la conminaba a alimentarse con urgencia y desesperación. Su primer día transcurrió mecánicamente, comiendo todo lo que encontraba. No tenía consciencia aun. Vivía, pero no se daba cuenta de que vivía...
Llegó la noche y las sombras la llenaron de dudas. Cansada de alimentarse sin reflexión, se detuvo. Decidió conocerse a si misma. Tenía muchas preguntas sin respuestas. Entonces comenzó el proceso digestivo. El conocimiento que había masticado durante el día tenía un sabor demasiado familiar. Se dio cuenta que tenía puestas unas anteojeras. Todo lo que había aprendido estaba teñido por sus creencias y deseos. Esas anteojeras personales, limitaban su visión lateral. Veía lo que quería ver. Eso la incomodaba.
Al día siguiente, salió temprano a alimentarse y se dio cuenta que no estaba sola. La acompañaban sus hermanas. Y todas tenían anteojeras. Eran parecidas a las suyas, pero cada una era diferente. Todas las orugas tenían anteojeras únicas, sentenció. Eran anteojeras culturales. Todas las orugas veían lo que su propia cultura les permitía ver. Eso la hizo sentirse algo mejor pero continuó buscando más conocimiento.
Esa noche, pensó que todo el conocimiento que consumía, estaba sesgado por sus propias anteojeras y las de su cultura. Entonces decidió ir al colegio. Allí adquiriría un conocimiento sin sesgos.
Se levantó temprano y llegó despavorida al colegio, con la esperanza de poder  sacarse las anteojeras. Allí, en la Escuela “La Procesión”, para su sorpresa, le pusieron otras anteojeras: las anteojeras de la obediencia. Le enseñaron a seguir a la oruga que la antecedía. El sistema suponía que ella sabía donde estaba el conocimiento. Y su destino quedó irremediablemente sellado a la voluntad de su predecesor.
Esa noche tuvo una gran pesadilla. Soñó que era un vagón de tren, condenado a seguir el camino de los rieles sin derecho a protestar. Lo único que veía era la espalda de otro vagón y la rutina de los durmientes. Despertó angustiada y decidió dejar el colegio para ir a la universidad. Allí pensó, lograría sacarse las anteojeras.
En la universidad, aprendió cosas verdaderamente asombrosas: las orugas tienen 6 pares de ojos: En el primer par de ojos, usan anteojeras personales, en el segundo par de ojos, usan anteojeras culturales, en el tercer par, la mayoría de las orugas usan las anteojeras de la obediencia y, una vez puestas, ninguna de estas anteojeras pueden sacarse. Pero en los otros 3 pares de ojos, las orugas no usan anteojeras. Lamentablemente, en esos ojos, las orugas son cortas de vista.
Por eso, en el cuarto par de ojos, la universidad le puso unos lentes que la hicieron ver con el método científico: ¡los anteojos de la objetividad! Finalmente la dichosa oruga podía ver lo que antes no veía. Su mundo se amplió y sintió que hasta entonces, había vivido dormida. Ese día se hartó de conocimientos y fue feliz.
Aquí termina el cuento para algunos... pero no para nuestra voraz Cuncuna. Esa noche la oruga soñó que sus lentes estaban gastados y teñidos de un extraño color mate, que se acentuaba con el tiempo. Despertó convencida de que la verdadera objetividad era una ilusión y que los lentes estaban irremediablemente teñidos por las sombras de sus anteojeras. ¡Necesitaba mantener limpios sus lentes universitarios!
La madurez de 5 días, le dieron a la oruga hambrienta, la idea de ir al oculista y ponerse los mejores lentes disponibles para su quinto par de ojos.
“Pocos tienen hambre suficiente para ponerse estos lentes”, le confidenció el oftalmólogo y le trajo los lentes más modernos de la óptica: ¡los anteojos de las conexiones! “Ahora usted podrá ver como las cosas están relacionadas y las consecuencias de sus actos”, dijo el médico y finalizó con una frase que la conmovió: "usted se convertirá en una oruga integral"
Al ponerse esos lentes, la oruga se estremeció. Todo estaba conectado. Y el universo era mucho más complejo de lo que jamás había imaginado. ¡Ahora comprendía!
Sintió vergüenza. Había pecado de soberbia. Y entonces, decidió ser más humilde, más consciente y más considerada. Y reservó su último par de ojos para los anteojos de la sabiduría, aquellos que solo se construyen con la experiencia adquirida viviendo una vida plena y con sentido.

viernes, 7 de diciembre de 2012

Ayudantes del Siglo 21


Juventud, ¡divino tesoro!
Todos ustedes tienen algo maravilloso. Juventud.
No se trata de la queja de un viejo que los mira con envidia… sino más bien, de la esperanza de un educador experimentado que confía en lo que su juventud les permitirá lograr: el cambio cuántico de la educación. Porque el cambio no se logra por decreto. No se genera de arriba hacia abajo. El cambio debe generarse dentro del aula. Parte de una inquietud de los estudiantes. Y los hemos escuchado expresar su descontento con mucha claridad.
Los educadores sabemos que el cambio es necesario. Lo que no sabemos, es COMO lograrlo. No tenemos las herramientas para hacer un diagnóstico certero, porque usamos viejos anteojos. No vemos bien. Y peor aun, no vemos que no vemos.
Ustedes han vivido toda su vida en una cultura planetaria. Porque en los últimos 30 años, la tecnología ha cambiado a nuestra civilización. Por ser jóvenes, ustedes usan anteojos nuevos. Anteojos que les permiten acceder al conocimiento global-el conocimiento acumulado por miles de generaciones y que refleja la experiencia y la sabiduría que ha adquirido el ser humano durante su proceso evolutivo.
Todo lo que sabemos, está disponible en la red, para quienes usan los anteojos de la tecnología. Todo lo que sabemos…incluso lo que intuimos acerca del potencial humano está a un par de clics de distancia. Esos anteojos les permiten ver mejor:
Pueden ver las relaciones entre distintas disciplinas,
Pueden ver las consecuencias de largo plazo de nuestras decisiones,
Pueden ver las conexiones entre las diferentes culturas,
Pueden ver las coincidencias entre las religiones,
Pueden ver las verdades que el tiempo ha relativizado y las que ha fortalecido,
Pueden ver los conocimientos trascendentales de cada período histórico,
Pueden ver las respuestas que hemos dado a nuestros problemas y las preguntas que hemos evitado…
Viven una época maravillosa, de oportunidades inimaginables y como tienen anteojos poderosos, pueden convertirse en los diseñadores de una educación moderna, eficiente, entretenida, personalizada…y en una palabra: INTEGRAL.
Con los anteojos de la juventud, se puede ver al ser humano en sus distintos estados de consciencia y comprender que el despertar es un proceso gradual que es una responsabilidad personal; que el nivel de desarrollo avanza en etapas,  desde la mirada egocéntrica o etnocéntrica, hacia la visión global, planetaria y sistémica; que el potencial de cada individuo depende de sus intereses y talentos y del tipo de inteligencia que ha desarrollado; que el predominio de cierto hemisferio cerebral es relevante en el tipo de personalidad que construya; y que su cuerpo, trasciende lo físico, material y estrictamente biológico, para incluir un aura emocional que contiene sueños, emociones, ideas y la imaginación. Y me atrevo a ir más allá, creo que con esos anteojos, pueden ver que el cuerpo es energía, que se extiende sin límites hacia otras energías, sociales, psicológicas y espirituales…
Con esos anteojos, pueden ver patrones que nosotros no percibimos: pueden ir de la mirada en primera persona, ese yo tan influyente que tenemos; hacia una mirada en segunda persona, ese nosotros que nos incorpora a una comunidad; hasta la mirada en tercera persona, ese todos que nos reconoce como especie con una responsabilidad hacia la vida.
Con esos anteojos, pueden distinguir nuevas dimensiones, escondidas para nosotros en la trama de la vida, y que enriquecen sus perspectivas para comprender la realidad como algo más que solo la materia (materialismo), o solo la mente (idealismo), la cultura (pos-modernismo) o la vida (visión sistémica). Con esos anteojos se puede integrar perspectivas y equilibrar nuestras vidas. Y ese equilibrio, parece ser el comienzo del cambio.
Es por eso, que llegó la hora de que nosotros, los educadores pidamos ayuda a los jóvenes estudiantes y futuros profesores,
Ustedes, estudiantes-profesores, tienen la responsabilidad de conducir el cambio educacional desde la sala de clases hacia el ministerio. Desde abajo hacia arriba. Son ustedes los que deben innovar, los que pueden desafiar el “así se ha hecho siempre”…que tiene estancado el progreso educacional. Ustedes son la verdadera esperanza de los profesores.
Denle un sentido a sus vidas y luchen por una causa noble. Comprométanse con la educación integral…
Tienen la oportunidad de cambiar el mundo!
No se conformen!!
Lo imposible, es posible!!!
Trabajen en equipo, usen las redes sociales, y comiencen dando un paso en la dirección correcta!!! Ustedes saben qué hay que cambiar…
Encuentren COMO hacerlo!!!!
Algunos consejos:
Agreguen belleza y entretención a sus ayudantías, háganlas interesantes y amen lo que hacen. Apunten lo más lejos que su imaginación les permita y atrévanse! Porque la creatividad y la innovación debe nacer en el aula y ayudarán a sus profesores a ser maestros del siglo 21. Ese es el verdadero desafío del ayudante del siglo 21.