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lunes, 19 de agosto de 2013

Políticas públicas y educación


En la misma orientación con la que nuestros legisladores quieren mejorar la calidad de la educación (evaluando los conocimientos de los egresados de pedagogía con la prueba Inicia, que mide conocimientos y pretende ser habilitante y obligatoria), quisiera proponer una mejoría en la calidad de nuestros políticos exigiendo que también pasen una prueba, después de elegidos pero antes de ejercer como legisladores. Una prueba de coherencia podría ser una ambiciosa posibilidad. Y por supuesto, me conformo con que además tengan al menos los 550 puntos que le exigen al futuro profesor.
No me opongo a mejorar la calidad de nuestros profesores. Todo lo contrario. Apruebo la idea de subir las exigencias a quienes estudien pedagogía. Necesitamos atraer a los mejores a la educación.
Lo que me parece injusto es que una vez que esos futuros profesores decidan estudiar pedagogía, a pesar del sacrificio económico y de status social que implica la decisión, deban esperar a terminar sus estudios (5 años), para saber si podrán ejercer en una escuela pública.
Egresados de sus carreras, acreditadas por el estado y titulados por universidades también acreditadas; igual dependen del resultado de una prueba estandarizada de conocimientos para ejercer su profesión. Entonces, ¿de qué sirven esas acreditaciones? ¿Acaso el estado no debe asumir la responsabilidad de haber acreditado esas carreras? ¿Qué tipo de garantía nos da la acreditación de una universidad? Parece que ninguna.
Poner los mejores años de nuestras vidas en juego en una prueba de dudosa reputación, no parece una decisión racional. La obligación de la universidad de entregar un semestre adicional a esos egresados, es peor. Si no pudo en 5 años remunerados entregar una formación de calidad, menos lo podrá hacer en 6 meses gratis.
En estas condiciones, no vale la pena estudiar pedagogía. Si alguien tiene vocación de servicio, existen alternativas sin tantos riesgos, más reconocidas y mejor remuneradas por la sociedad.
No señores políticos, no están atrayendo a los mejores. ¡Están ahuyentando a los valientes!

Pónganse ustedes en el caso de que después de obtener la nominación, de desplegar una onerosa campaña y después de ganar la votación, tengan que dar además una prueba de conocimientos que demuestre que pueden legislar. ¿Estarían dispuestos?

Si les parece ridículo, consideren que la gran mayoría de los chilenos desean mejorar la calidad de los políticos, tanto como mejorar la calidad de los profesores. Y probablemente si lo sometemos a votación, mejorar los políticos sería prioritario. ¿Preguntemos?

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