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lunes, 24 de febrero de 2025

La aventura de autoconocimiento

Salir a jugar golf como si fuera una aventura de autoconocimiento, cambió todo. Lo importante ya no era la puntuación o la calidad de los tiros, sino descubrir aquellas facetas de mi personalidad de las que no era consciente. En el tee de salida del hoyo 1 me sentía entrando al templo de Apolo en Delfos, con la tarea fundamental de conocerme a mi mismo. Y con esa actitud, de curiosidad infinita, de asombro permanente y de confianza absoluta de que todo lo que iba a ocurrir sería ideal para entender quién de verdad soy, inevitablemente se producía una revelación extraordinaria acerca de mi carácter. 

Nunca dejaba de asombrarme la forma en que la Naturaleza reflejaba mi Alma. Jugar golf se transformó en una aventura por territorios desconocidos, llenos de sorpresas y desafíos. Lo más difícil era fluir, sin oponer resistencia alguna al resultado de cada acción. Se necesitaba fe. Y si al comienzo esa fe era escuálida, gradualmente se fue robusteciendo hasta convertirse en convencimiento total. El golf se convirtió en mi profesor de vida. Eso pretendía, enseñarme a vivir mejor. Y aunque a la larga aprendí a disfrutarlo, el aprendizaje fue duro. Muy duro. Tanto que pensé. muchas veces rendirme...

Verme sin anestesia fue decepcionante. Brutal. Sabiendo que era un juego donde inevitablemente se cometían errores, lo más horrendo era ver cómo yo los trataba de justificar, como si fuesen ajenos. Entonces, inexorablemente se repetían y reaparecían agigantados, hasta que terminaba aceptando mi total responsabilidad. Es que no se puede huir de los errores. Hay que llegar hasta su raíz y extirparlos desde el fondo del alma. Allí donde más duele, disfrazados de debilidad, se esconden los defectos que tenemos que enfrentar y superar. Curiosamente,  todos ellos tienen misteriosos secuaces que intentan defenderlos de nuestros intentos de superación. Conocerse de verdad, es aterrador.

Incluso las personas que jugaban conmigo, no eran elegidas al azar o por afinidad. Eran mis partners porque debían darme una lección. O quizás debían mostrarme algo tan terrible que me negaría a aceptar como propio. Había una razón por la que me acompañaban. A veces dolorosa, a veces profunda y otras veces simple y sencilla. Pero nada era casualidad. Al final, el campo de golf es una aula pedagógica y todo lo que allí ocurre está diseñado para nuestro aprendizaje. Y como nada es superfluo, aprendí a poner toda mi atención en los detalles. En esos detalles estaba el secreto del golf (y de la vida).

Somos seres humanos, falibles, algo soberbios y egoístas. Siempre cambiando. Siempre evolucionando. Y nuestro desafío es siempre progresar. El tiempo nos ayuda a madurar, porque nos cuesta reconocer nuestras falencias y pedir perdón cuando somos jóvenes. Siempre encontramos excusas. Hasta que aceptamos que el desafío es mejorar. Mejorarnos nosotros. Evolucionar para bien. Porque también tenemos muchos talentos y más potencial del que nos atrevemos a imaginar. Fue este proceso de reconocer mis defectos, de trabajar incansablemente para transformarlos en talentos y simultáneamente aprovechar cualquier habilidad para maximizar mi rendimiento, lo que transformó el golf en mi coach de vida. Juré entonces nunca rendirme y seguir luchando intentando sacar siempre lo mejor de mi. El golf me hizo comprender que la única forma de progresar continuamente era vivir y jugar con la mayor intensidad que mi fuerza interior me permitiera. Eso cambió toda mi cosmovisión, mi mundo y por supuesto redujo mi handicap. 

El Maestro ya no me acompañaba en mis rondas. "No era necesario", decía, agregando que "nadie es mejor profesor de vida que el golf". Pero muchas veces me esperaba en el club para leer en la libreta aquello que yo había aprendido ese día en la cancha.

miércoles, 12 de febrero de 2025

El espejo del Alma

Siguiendo la recomendación del Maestro, volví varias veces al campo de golf para jugar solo, intentando descifrar el comportamiento de esas energías invisibles que según él, eran controladas por mis emociones. Me costó mucho reconocer el extraño vínculo entre las situaciones golfísticas y mi estado emocional. Me armé de paciencia y diseñé una estrategia. Antes de jugar cada golpe, anotaba en la tarjeta cómo me sentía. Luego indicaba el resultado de cada tiro, dejando el análisis para después. Estaba decidido a cumplir la tarea encomendada: descubrir las leyes metafísicas del golf.

Algunas veces veía al Maestro observándome desde lejos, escondido entre las sombras de los árboles. No deseaba interrumpirme, pero siempre me daba ánimos con sus pulgares hacia arriba cuando yo estaba más desconcertado. Era capaz de entender mi lenguaje corporal desde lejos. O tal vez leía mi mente. Lo cierto es que su aliento me motivaba. 

Docenas de tarjetas después, comencé a sospechar que algunas cosas no eran coincidencias. Los errores que parecían técnicos, en realidad tenían su origen en las profundidades de mi mente. Allí entre los miedos y las inseguridades. Esas emociones limitantes eran la verdadera causa de algunos de mis peores golpes. Cuando no estaba fluyendo, jugando despreocupado del resultado, me equivocaba con más frecuencia. Fue entonces cuando decidí representar un papel diferente en cada ronda de golf. La próxima vez, saldría a jugar sin miedos. Actuaría como un golfista audaz y temerario...

Todo iba de maravillas al terminar los primeros 9 hoyos. Jugar con harta confianza ayudaba mucho en la soltura de movimientos. Me atreví a hacer tiros bastante atrevidos y algunos golpes fueron extraordinarios. Entusiasmado con el score logrado con mi intrépida actitud, comencé los segundos 9 hoyos, convencido de que había encontrado el secreto del golf. Y en cuestión de minutos, caí en cuenta de que me había excedido y que estaba pretendiendo jugar muy por sobre mis posibilidades. 

"Confía en tu talento, sin ser imprudente", anoté en la libreta una vez que comprendí que había recibido una lección de humildad. Jugué los siguientes hoyos con algo de cautela y los resultados fueron mediocres. Al terminar, la magia había desaparecido y mi entusiasmo también. Decepcionado, escribí: "Prefiero ser valiente que timorato."

 Así fue como comencé a jugar golf con una emoción predominante, anotando tanto los resultados como la satisfacción que sentía. Algunas emociones como el miedo, la ansiedad, la ira, eran claramente contraproducentes. No rendía ni disfrutaba. Otras como la curiosidad, la esperanza y la tranquilidad, me ayudaban mucho a disfrutar y a veces, a puntuar. Poco a poco, el puzzle fue tomando forma...

Entonces, mi intuición me sugirió que lo que sucedía durante una ronda de golf no era azaroso. Estaba relacionado con mi estado emocional. Mis notas, mis comentarios y las puntuaciones parecían corroborar esto. Y me pareció haber encontrado la primera ley metafísica del golf: "Como es adentro es afuera", anoté.

 Cuando me reuní con el Maestro, después de leer los detalles de mi búsqueda, se quedó un momento en silencio, sonriendo. Inmediatamente comprendí que había dado en el clavo. 

– Interesante conclusión. –Comentó finalmente y para explicarse agregó– En efecto, una ronda de golf es como una fotografía de tus energías esenciales. Refleja quien eres en ese momento. Sin maquillaje. Sin filtros. Yo la expresé de una forma distinta, pero en esencia son equivalentes..., ahora que has dado el primer paso, encontrar el resto de las leyes será más fácil.

– ¿Cómo la describió usted...?

– "El golf es el espejo de tu alma", respondió, recogió su bastón y dio por terminada la lección.

El espejo del alma 

 

miércoles, 25 de septiembre de 2024

La leyes metafísicas del golf

Pasaron las 2 semanas y a fuerza de repeticiones y continuas justificaciones, mis nuevas creencias se fueron consolidando. La sospecha de una profunda interconexión, más allá de lo material, se convirtió en una firme convicción. Y la influencia de nuestros pensamientos en los acontecimientos que nos suceden se fue haciendo más evidente. Confieso que aún me costaba aceptar que la solidez de la materia era una ilusión mental, pero ya me había persuadido de que efectivamente todo se originaba en la mente. Específicamente en la imaginación. Y a pesar de algunas dudas bien porfiadas, mi mente se había abierto. Había lugar para estas y muchas otras especulaciones en mi nuevo, amplio y maleable caparazón. Me sentía liberado y casi preparado para la próxima lección. Pero el Maestro no aparecía en ninguna parte. Era como si la tierra se lo hubiese tragado. Deduje que aún necesitaba reforzar estas nuevas creencias..., y así lo hice. 

Días después, apareció mientras yo practicaba tirando pelotas. No quiso interrumpirme. Sacó la libreta de mi bolso sin decir ni pío. Se sentó a leerla, sonriendo como cabro chico que hubiese hecho una maldad. Grabó un par de comentarios en su celular y esperó a que terminara el balde de pelotas de práctica. Luego se levantó y me comentó:

– Creo que estás listo para salir a jugar.

– Entonces..., ¿le parecieron bien mis anotaciones? –, pregunté intrigado.

– Al que deben parecerle bien es a ti. Si tu conciencia está tranquila con esa narrativa, eso es suficiente. Ahora puedes aprender cómo operan las leyes metafísicas del golf...

– ¿De qué hablas? 

– De esas fuerzas invisibles que conspiran para que aprendamos nuestras lecciones. Hablo de los métodos que usa el golf para enseñarte. ¿Olvidaste que el golf es tu maestro?

– Es el maestro de mi alma, o si prefieres de mi consciencia. 

– Efectivamente, recuerda también que el cuerpo es el vehículo que nos transporta, que está diseñado para mantener el equilibrio homeostático y nos ayuda a sobrevivir con la ayuda de nuestros sentidos. La mente en cambio, nos asiste en la búsqueda del bienestar procesando la información que recolecta.

– Y ambos son los distractores del alma.

– El cuerpo distrae cuando se siente en peligro, la mente distrae cuando no está en el presente. 

– Cierto. Y el alma se distrae cuando no está en calma. Estas son las reglas del juego. Y el sentido de cualquier juego es disfrutarlo. 

– Pareciera que estás recomendando jugar golf como si estuvieras meditando...

– Algo así. Sugiero jugar fluyendo, sin resistencias. En un estado de intensa concentración parecido a la contemplación, o mejor aún, a la meditación dinámica. Como si fueras un felino cazando pajaritos por diversión.

– ¿Y que me dices de las leyes metafísicas?

– Son los movimientos de las energías invisibles en un campo de golf..., provocados por nuestras emociones... – El Maestro se quedó en silencio. Por unos segundos pareció perdido. Esperé hasta que preguntó: –. ¿Donde estábamos...?

– Me explicaba las leyes metafísicas.

– Esa es una tarea personal. Es mejor que las deduzcas tú. ¿Te había comentado que la ruta de la felicidad está pavimentada de emociones positivas?

– No. 

– Cuando tu corazón está rebosante de alegría, las fuerzas invisibles tienden a mantener tu pelota en el camino del medio. Igual cosa ocurre con la gratitud, el optimismo, la confianza, la paz y el amor. Son emociones que te ayudan porque están alineadas con la ruta de la felicidad.

– ¿Acaso sostienes que mis emociones afectan el vuelo de la bola?

– Por cierto. Las emociones positivas provocan vientos metafísicos a favor de tus intenciones. Las negativas generan, turbulencias, vientos cruzados y a veces en contra de tus propósitos. Juega golf y verás que hay patrones.

– ¿Entonces crees que el golf es un desafío emocional?

– El golf, y no me canso de reiterarlo, la vida también, son juegos didácticos. Te proponen desafíos de aprendizaje. Si los enfrentas con la actitud adecuada habrás aprendido una lección que te será útil en el futuro.

– ¿Como así?

– Tendemos a cometer los mismos errores. La frustración y la ira ni siquiera nos permiten ver la oportunidad de aprender y muchas veces volvemos a tropezar con la misma piedra. Hasta que el juego nos pone una piedra tan grande que nos saca del círculo vicioso. Pero la mayoría de nuestras equivocaciones son provocados por miedos, desconfianzas y ansiedades. La idea es desprendernos de estas emociones limitantes cuando crucemos el puente del aprendizaje y así enfrentar los desafíos futuros con más confianza.

 – Entonces, los desafíos del golf son oportunidades para desprendernos de nuestras emociones limitantes. Son forjadores de carácter –. Comenté en voz alta, como para grabar esas palabras en mi memoria.

– Aprovecha de salir a jugar solo, con esta lección bien fresca y otro día me cuentas cuantas leyes metafísicas descubriste en la cancha. ¡Nos vemos!

Salí a jugar estando bien consciente de las emociones que sentía, fluyendo con las fuerzas invisibles y aceptando los desafíos con expectación. Parecía magia. Las fuerzas invisibles jugaron a mi favor y anoté el mejor score de mi vida. No lo podía creer. Tanto que quise contactar de inmediato al Maestro, pero de nuevo había desaparecido. «Paciencia –susurraba el viento costero–, ya aparecerá.»


jueves, 12 de septiembre de 2024

El cambio de caparazón

 

El Maestro se despidió dándome una tarea. Durante las próximas 2 semanas yo tendría que leer la libreta varias veces al día. Y ojalá sintetizar mis aprendizajes con algunas frases fáciles de recordar. 

– Estas listo para cambiar el caparazón y ahora debes convertir esos aprendizajes en creencias –, dijo para explicarse –. Verás, al igual que los cangrejos, tu mente tiene una coraza con tus creencias más arraigadas para protegerte de las ideas que no estas preparado para aceptar. Cuando el caparazón del cangrejo se vuelve demasiado pequeño para su cuerpo, se muda a uno más grande. Lo mismo debe hacer tu mente para darle espacio a tu conciencia en expansión. Te desprendes de tus ideas obsoletas y con las nuevas, construyes una nueva cosmovisión, más amplia y cómoda. Ten cuidado. Hasta que esas nuevas creencias se consoliden, estarás vulnerable. Por eso debes fortalecerlas, repitiéndolas y buscando explicaciones que las justifiquen.

– Ajá! –, exclamé sin poder contenerme –. No sabía que una cosmovisión impedía la entrada de ideas originales. Ni que para expandir la conciencia, se necesitan creencias menos restrictivas. Y ahora que lo pienso, me parece que es justo lo que está experimentando la humanidad. Un cambio de paradigma. 

– Nos vemos en 2 semanas.

El Maestro se retiró moviéndose despacio, como si repentinamente hubiese envejecido. Yo me quedé sumido en una tormenta mental pero comprometido a hacer la tarea asignada. Durante los siguientes días leí la libreta cada vez que podía y llegué a memorizar gran parte de su contenido. Intenté resumir esos aprendizajes y anoté lo siguiente:

1) Para mejorar hay que cambiar la forma de pensar. Evolucionar.

2) No confíes en la memoria. Es traicionera.

3) La vida y el golf son juegos que se pueden disfrutar.

4) Lo que sucede es perfecto para tu aprendizaje. 

5) Permite que tus deseos se hagan realidad.

6) Juega para conocerte a ti mismo.

7) No interfieras. El universo es un gran profesor.

8) Identifícate con el universo para ser feliz.

9) Todo se origina en la mente.

10) La felicidad no está en los extremos, está en el optimismo y la fe. 

11) El golf es mi maestro. Tienes 2 opciones: disfrutarlo o aprender. 

12) Quien aprende es tu Conciencia, tu Alma. Mantenla en calma.

13) Mantén tu Mente en el presente y tu cuerpo en equilibrio. 

Si bien estas fueron las conclusiones que anoté en la libreta, aun no me parecían creencias apropiadas para construir una nueva cosmovisión. Todos los días intentaba transformar estas enseñanzas en verdades incuestionables y nunca quedaba satisfecho. Sin embargo, cuando también consideré el comportamiento de El Maestro en la cancha, me fui convenciendo que estas lecciones no eran literales, hablaban de algo subyacente, mucho más profundo y relevante que una receta para jugar al golf. Algo que intenté expresar en la libreta con "lineas torcidas":

Estamos rodeados por energías invisibles que son sensibles a nuestras intenciones y pensamientos. Esas fuerzas espirituales tejen nuestro destino para que nos sirva de brújula moral. 

El objetivo del juego es aprender a usar la brújula del aprendizaje para ser feliz.

Todo es mental. Incluso el universo es mental. Somos pensamientos de Dios. Estamos interconectados por esa gran Consciencia Divina que desea conocerse mejor. 

No resultó fácil desprenderse del caparazón del materialismo, del individualismo, de la persistente ilusión de la separación. Fue casi doloroso deshacerse del ego. Incluso más difícil resultó aceptar que la materia era una forma de energía mental, o que nuestros pensamientos tenían poder causal. Fue desconcertante. Debí repasar muchas veces esas lecciones con nuevos anteojos. Y darle otro sentido a todo lo que me ocurría. Hubo momentos de pánico. Y sin embargo, mantuve la calma. Con mi mente en el presente y mi cuerpo en reposo, intuí que el optimismo y la fe me ayudarían a ser feliz y a conocerme mejor. A fuerza de repetición y análisis crítico, estas ideas disparatadas poco a poco se fueron transformando en creencias. Abrí mi mente y evolucioné. Ahora me sentía capaz de aceptar ideas más poderosas. Y comprendí que el paradigma idealista era capaz de construir un caparazón muchísimo más amplio y cómodo para mi nueva forma de pensar. Fueron 2 semanas difíciles y sin embargo, valiosas para mi evolución.

jueves, 29 de agosto de 2024

La alumna y sus compañeros.

Comenzamos a recorrer los segundos 9 hoyos con bastante parsimonia. El maestro se mantuvo en silencio. Caminaba sin prisas y jugueteaba con su bastón. Iba totalmente concentrado en la información que percibían sus sentidos. Yo simplemente lo seguí. De pronto, se desconcertó y se detuvo. Parecía haber despertado de un sueño profundo. 

–¿En qué estábamos...? –, preguntó.

– Quedamos en que el golf era mi maestro, pero dijiste que no estaba listo para jugar...

– Ah..., sí, es que aun no sabes quienes son los alumnos.

– Claro que sé quien es el alumno, ¡yo mismo! –, protesté, con algo de curiosidad por el uso del plural.

– Puede ser. Veamos quien es ese yo. ¿Tu cuerpo? ¿Tu mente? ¿Tu alma? – y tras preguntar, siguió caminando como dándome tiempo para reflexionar.

– Mi conciencia –, respondí después de algunos pasos. Yo ya había aceptado que el golf era una experiencia de aprendizaje y sabía que el verdadero aprendizaje producía una expansión de conciencia. 

– Correcto. Tu alma es una alumna. "Alumno" significa estar dispuesto a ser alimentado o iluminado por el maestro. Es tu alma, o conciencia como la llamas tú, la que desea nutrirse de conocimientos y hacerse más sabia. ¿Y quienes serían tu cuerpo y tu mente, entonces?

El maestro no subió al green del hoyo 10, simplemente siguió caminando mientras yo reflexionaba. Aun hacía frío y para no enfriarse, era mejor mantenerse en movimiento. Nuestros pasos se aceleraron. Lo seguí en silencio, mientras la cabeza me daba vueltas intentando responder algo inteligente. 

– Son mis compañeros de curso –. Respondí finalmente.

– Ahá. Buena respuesta. También son alumnos. No te puedes separar de ellos y ambos son grandes distractores para el aprendizaje. Cuando tu cuerpo percibe un peligro, su única prioridad es eliminar la amenaza. Nada más le importa. Por eso, si no quieres que se distraiga, debes mantenerlo relajado y sin amenazas.

 – ¿Y no debiera estar relajado al jugar golf?

Súbitamente el Maestro levantó su bastón, gritó e hizo el ademán de golpearme. Yo instintivamente agaché mi cabeza y subí los brazos para protegerme del inesperado e inminente golpe. 

– ¿Ves? Ahora estás tenso y agitado a pesar de que estamos recorriendo la cancha. Discúlpame, fue una demostración. Ante la amenaza, tu cuerpo recibió un chorro de adrenalina y reaccionó.

– ¡Me asusté! –rezongué mientras seguía intentando calmar mi desbocado corazón. 

– Verás, el swing de golf es un movimiento complicado, que fácilmente puede hacerte perder el equilibrio. Y cuando eso pasa, la respuesta automática del cuerpo, es recuperar el equilibrio sin importar el resultado del golpe. Por eso la regla básica para que el cuerpo no se distraiga mientras haces el swing, es: MANTENER EL EQUILIBRIO.

– Comprendo lo del cuerpo. Si se pierde el equilibrio durante el swing, reaccionará instintivamente sin importar las instrucciones que recibió. Pero, ¿como puede la mente distraerme del aprendizaje?

Ya habíamos llegado al green del hoyo 11. El maestro se detuvo y miró hacia atrás.

– Recorrimos un par 5 entero y posiblemente no te diste cuenta de lo que ocurrió mientras caminábamos. ¿Viste al zorzal bañandose en la poza de agua en el green del hoyo 10? ¿O el árbol resquebrajado justo al doblar el dogleg? Tampoco respondiste al saludo que nos hizo el operador de la cortadora de pasto...¿Donde estabas?

– Oh..., reflexionando, supongo –. Respondí, sorprendido al reconocer que estaba tan absorto en mis pensamientos que no había percibido nada de eso. 

– Bueno, la mente es muy poderosa. Pero hay que saber usarla. Si imaginas, reflexionas, recuerdas o calculas, dejarás de percibir lo que está sucediendo. Por eso, la regla básica para que la mente no se distraiga mientras juegas golf, es: MANTENERSE EN EL PRESENTE. 

– Tiene sentido lo que señalas. Si mi cuerpo se distrae, no puede concentrase en hacer el swing. Si mi mente se distrae, pasaré por alto información relevante. Y entonces... ¿qué debiera hacer el alma?

– MANTENER LA CALMA. La paz espiritual es esencial. Es el estado ideal para aprender. También debes tener fe y confiar en el maestro. Tranquilizar al cuerpo y enfocar a la mente y por supuesto, desear mejorar. 

 – No parece tan difícil –. Comenté y me arrepentí de inmediato. 

–  La soberbia es la peor enemiga de un aprendiz –. Refunfuñó el Maestro, evidentemente molesto. Se volvió y siguió el recorrido agregando–. Veamos si puedes mantener tu mente en el presente por el resto del recorrido. 

 No me volvió a dirigir la palabra. Mi mente en cambio, se descontroló. Por más que intentaba estar en el aquí y ahora, se escapaba hacia el futuro o el pasado. Probablemente para ponerme en mi lugar. Recién entonces, comprendí que el desafío era descomunal.

sábado, 18 de mayo de 2024

El puente del Aprendizaje

Como era de suponer, apenas llegó el Maestro, pidió la libreta. No se le veían los ojos, entre el encasquetado gorro de lana, los anteojos que insistían en empañarse y la bufanda que protegía su nariz. La penumbra y el temblor de sus manos tampoco lo ayudaron a leer. Se rindió después de un buen rato, pero no me devolvió la libreta. 

    – Olvidé la linterna... –, murmuró como si estuviese avergonzado.

    – No podremos jugar con esta neblina tan tupida –. Comenté tratando de desviar su atención, mientras frotaba mis manos con energía. 

    – Tampoco íbamos a hacerlo. Hoy construiremos el puente del aprendizaje. 

    – Muy bien, ¿y donde pondremos ese puente?

    – Entre el Maestro y el Discípulo. Sentémonos en la banca mientras escampa. Ahora te cuento... 

En mi cabeza rondaba la idea de que de alguna forma misteriosa, el Maestro había percibido esa gran desilusión que sentí ayer. ¿Intuición?...,¿magia?..., ¿quién sabe?... Saqué la escarcha de la banca con la toalla y nos sentamos. 

     – En Japón, mientras estuve en prisión, asistí a clases con un Sensei que era considerado un "Santo Viviente". Decía que "Cuando el maestro actúa con cariño y el discípulo con respeto, los conocimientos atraviesan el puente del aprendizaje." 

    – ¿Prisión?¡Diablos! Nunca creí en ese rumor.

Mi sorpresa fue tan evidente que decidió hacer un paréntesis en su relato.

   – Aclaremos eso primero... Estuve 6 meses encarcelado. En el accidente que tuve en Japón, murió la persona que me acompañaba en la moto. Ambos íbamos sin casco, una irresponsabilidad inexcusable allá. Después de recuperarme de las lesiones, fui condenado a reclusión con la obligación de asistir a clases de urbanidad. El castigo fue una bendición para mi alma. Allí conocí al honorable Kibosama, el más venerado de los monjes del Templo de la Sabiduría. Dedicaba los miércoles a reflexionar con los reclusos acerca de la importancia del respeto, la cortesía y los buenos modales. Él me protegió, curó mi depresión y después de cumplir la condena, me aceptó como discípulo en su Templo. Ahora, volvamos al puente...

    – ¡Oh, no! Estoy lleno de curiosidad... ¿Puedes contarme más?

    – Más adelante lo haré. Por ahora quiero que sepas que el puente se construye con un material escaso: la confianza. 

    – Está bien. Entonces ¿cómo comenzamos a construirlo? 

    – Identificando a tu Maestro. 

    – Eso está claro...

    – No te apresures. Te doy una pista. No soy yo. Yo soy una simple herramienta de tu maestro. 

    – Ahora si que estoy confundido...

    – ¿Porqué juegas golf?

    – No lo sé. Algo me impulsa a jugar. Es extraño. Me frustra. Muchas veces me saca de quicio. Pero es un desafío que me fascina. Es como si estuviese encantado.

    – Curiosidad y atracción. Justo lo que provoca un Maestro que desea que su discípulo aprenda. 

Me tomó algunos segundos procesar esas palabras, aunque la pausa, su mirada expectante y una sonrisa burlona, indicaban que había dado demasiada información. En mi mente se atropellaban una serie de sus frases previas. Antes, dijo que el golf era un desafío mental;  que iba a ayudarme a cambiar mi forma de pensar. Y siempre mencionaba: "las enseñanzas del golf." 

    – ¿El golf? ¿Mi maestro es... el golf?

    – El golf quiere ser tu maestro. Siempre que lo veas como un profesor exigente pero afectuoso, que conoce tu potencial y siempre desea lo mejor para ti. La decisión es tuya. 

    – ¿Debo creer que el golf está vivo? 

    – En tu mente todo es posible. Incluso que el golf sea un maestro formador de carácter, a veces severo, a veces gentil. De hecho, con ese fin fue inventado por los masones escoceses. Pero si eres escéptico, piensa que todo lo que te sucede jugando golf, esconde una valiosa enseñanza que debes aprender si quieres mejorar. No solo como golfista. También como persona. 

    – Está bien. Consideraré al golf como un maestro. Y lo jugaré como un desafío de aprendizaje. 

    – Excelente. Y si lo respetas como algo sagrado, entonces cada vez que te encuentres con problemas en el campo de golf, puedes volver a la ruta de la felicidad, cruzando el puente del aprendizaje. Si aprendes una lección valiosa, ya no habrá frustración. Solo crecimiento. 

Se produjo un largo silencio. Yo necesitaba reflexionar. Si iba a tomarme en serio esto, necesitaría un gigantesco cambio de actitud. Jugar golf ya no sería un deporte o un pasatiempo, ni una actividad social. Sería como asistir a la escuela. Más que eso, sería como ir a la iglesia. Sería una aventura de aprendizaje espiritual. ¡Vale! Al tomar la decisión, quise probar de inmediato. La neblina se había retirado y el sol comenzaba a imponerse. Tanto que el Maestro logró leer la libreta y me la entregó. 

    – Ya podemos salir, ¿vamos?

  – Aun no estás listo para jugar... Recuerda que esta es una actividad sagrada ahora. Deja tus palos ahí y sígueme. Vamos a recorrer el campo siguiendo la trayectoria de una pelota imaginaria. Cuando estes en la ruta de la felicidad, disfruta. Cuando nos apartemos de ella, tendrás que identificar el error que causó el desvío y proponer una corrección. Si no retornamos al camino del medio, significa que aun no has solucionado el problema y debes intentar otro ajuste. 

     – Entonces solo tengo 2 posibilidades, o disfruto o aprendo. ¡Es win-win! –. Comenté, pensando en los errores que había cometido ayer y lo mal que lo pasé al final del recorrido. 

    – Correcto. 

lunes, 13 de mayo de 2024

Reflexiones en la Pasada


Al saborear el aroma del café, recordé que el Maestro solo me quería mostrar lo que él llamaba: la ruta de la felicidad. Ese camino que dejan nuestras huellas cuando avanzamos en armonía con la naturaleza y con confianza en nuestra capacidad. Donde tu cuerpo opera sin resistencia. También lo llamó "el camino del medio", como suelen referirse los budistas al sendero de la paz interior, al camino alejado de los extremos, al recorrido del equilibrio. Entonces, no se trata solo de seguir una trayectoria que se aleje de los problemas físicos de una cancha de golf (como los árboles, el agua, los búnkeres o los fuera de cancha), sino una trayectoria que además nos dé tranquilidad psicológica y espiritual. Recorrer el camino del medio es ser equilibrado, tanto en la vida como en el juego. 

Tampoco me dejó usar los palos de golf, puesto que era un ejercicio mental. En ese sentido, supongo que debemos concentrarnos en los lugares más apropiados del fairway para ejecutar el próximo tiro. Poner atención solo al objetivo. Nunca ponerla en algún peligro u obstáculo. Y ni siquiera imaginar que visitamos los lugares más complicados, como tampoco excedernos con nuestras expectativas. ¡Esos son pensamientos limitantes! Nunca debemos visualizarnos cayendo en un problema, ni logrando lo que consideramos imposible. La ruta de la felicidad es optimista y a la vez realista. Cambia con las circunstancias en cada golpe. Somos felices siendo positivos, flexibles y confiados. 

Ahora, si entendí bien la lección, todo se origina en nuestra mente. Tanto así que ahora pienso que el Maestro me hipnotizó durante nuestra caminata. No fue casualidad que yo recordara el poema de Machado. Me sugestionó varias veces con palabras bien escogidas. ¡En esos versos se esconde la receta para encontrar la ruta de la felicidad! ¡Golpe a Golpe, Verso a Verso! Y en el contexto de una lección de golf o de vida, el poema habla de mundos mentales que creamos con los actos, pensamientos y sentimientos que experimentamos después de cada golpe que recibimos de la providencia. Y sugiere que para encontrar la felicidad no nos sirve rezar, sino continuar caminando por el sendero del optimismo y la fe, sin rendirnos ni dejar de caminar. ¡Qué lindo!

  • Fluir sin resistencia. 
  • Mantener el equilibrio.
  • Imaginar el éxito.
  • Pensar con optimismo.
  • Confiar en nuestros talentos. 
  • Armonizar con el Universo...

Teniendo en cuenta que apenas somos "estelas en la mar". 

¿Habrá que anotar estas ideas en la libreta o serán solo elucubraciones mías? Igual las anotaré, aunque sospecho que de alguna forma, él está interviniendo ahora mismo en mis pensamientos y que estas reflexiones son parte de sus lecciones, por inverosímil que parezca. Es bien posible que el Maestro sea un mago, que se introduce en nuestras mentes y permanece allí por un tiempo después de la lección asegurándose que entendemos su mensaje. Le preguntaré directamente. Su vida después del accidente es todo un misterio. Quién sabe qué sorpresas guarda en su pasado. 

«Mmmm... este café se puso bien suspicaz. Mejor voy a jugar la segunda vuelta.», pensé.

Tomé el bolso y partí dispuesto a poner en práctica los consejos del Maestro. Todo iba muy bien –casi demasiado bien– hasta el penúltimo hoyo. En la salida del 17 comenzó el desastre. Injugable entre los árboles. Y después de ese instante, la ilusión de haber descubierto los secretos del golf, reventó como "pompas de jabón". Hice un triple y luego terminé con un doble bogey y una enorme frustración. Todos los fantasmas del pasado volvieron a aparecer y el desánimo me hizo cuestionarme todo. ¡Qué horror!