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lunes, 9 de mayo de 2016

El cuidado de nuestro cuerpo

El cuerpo es el vehículo en el que viajamos por la vida. Descuidarlo es poner en riesgo nuestra supervivencia. Es portador de nuestra herencia bio-cultural. En nuestra genética y en nuestra cultura están los aprendizajes más profundos de nuestros ancestros. A través de nuestro cuerpo, se nos ha regalado todo el potencial del pasado familiar. Allí están nuestras raíces y nuestra historia.

Pero el cuerpo vive en el presente, en el aquí y el ahora. Absorbiendo y transformando la energía a su alrededor. Evolucionando. Así, sostenida e inexorablemente, nuestro cuerpo procesa información y se adapta. Se va convirtiendo en el microcosmos del mundo que generamos con nuestros pensamientos, creencias y acciones. En efecto, allí habita nuestro espíritu. Somos nuestro cuerpo, en más sentidos que la dimensión material. Es la manifestación física de nuestra alma. Y por eso, nuestro cuerpo, nos guste o no, refleja quienes realmente somos.

La primera gran lección que debemos extraer de la vida es “aprender a cuidarnos”. Por eso la psicóloga Vinka Jackson sostiene que “la educación es inseparable del cuidado”. Nos toma años, alcanzar la autonomía. “Cuidar es una responsabilidad colectiva”, insiste. Necesitamos una ética del cuidado y la adecuada protección del sistema educativo para prepararnos a ser adultos conscientes.
Por su parte, la coreógrafa Karen Connolly sostiene que el “dominio del cuerpo es una gran victoria que tiene múltiples beneficios”, extendiendo sus alcances más allá de lo físico, hasta los ámbitos emocionales, psicológicos y espirituales. Según ella, el cuerpo es un instrumento de aprendizaje y el movimiento es un arte. Siguiendo su argumentación, nuestro comportamiento entonces, debiera ser el resultado de nuestro aprendizaje por la vida. A mi me suena muy coherente. ¿A usted, no?
El profesor y montañista Claudio Lucero piensa algo parecido. En la montaña aprendió a tener conciencia absoluta sobre su cuerpo, ya que allí es un asunto de vida o muerte. La naturaleza sostiene, “es formadora de seres humanos con valores sólidos”, porque obliga a formar equipos responsables y estrechos vínculos emocionales. Recomienda “escuchar a nuestros cuerpos” y “hacer aquello que nos haga felices”.

Nuestro cuerpo se rige por una pauta biológica que conocemos como el “principio del placer”. Se aleja del dolor y busca el placer. Reconocemos que, como señalan algunas religiones ancestrales, “el placer es un arma de doble filo”. Pero, tanto evitarlo como exacerbarlo puede herirnos.
Cuidar nuestro cuerpo implica obtener información de las sensaciones que percibimos. Nuestras emociones son un reflejo del estado en que se encuentra nuestra conciencia. Son fuente de información para una vida sana y feliz. Son mensajes que apuntan a nuestro bienestar.

Tal vez el pecado más doloroso que la sociedad occidental ha cometido en contra del cuerpo es condenar la sexualidad. La mayoría de las religiones occidentales propone la abstención como receta para tratar algo tan natural como el deseo sexual. Es cierto que la excesiva e inmadura sexualidad nos puede dañar, pero la necesidad de placer es intrínseca al ser humano y reprimir el deseo es peligroso. Como se ha hecho patente en las instituciones religiosas más conservadoras, el ser humano excesivamente reprimido puede expresar ese deseo de placer de formas menos naturales y más dañinas.
La sexualidad es una característica sagrada del ser humano. ¡Defendámosla!, en lugar de reprimirla. Es fábrica de vida, es semilla de amor, es unión apasionada y entrega total. Es generadora de descendencia, señal de continuidad. Es una transferencia de energía vital que supera con creces el contacto genital. Es una danza que conduce al éxtasis, una cumbre que gozamos y una expresión de la fuerza vital que anida en nuestros corazones. ¿Qué puede ser más natural que expresar nuestros sentimientos a través de la unión física de nuestros cuerpos?
Cuidemos nuestros cuerpos, defendamos nuestra sexualidad, disfrutemos el placer desde el amor y expresemos nuestra energía física como una manifestación de nuestra espiritualidad.
Cuidar el cuerpo es cuidar el alma…

Cuerpo y alma no están separados. Nunca lo han estado.

martes, 3 de mayo de 2016

En busca de la inmortalidad

El viernes recién pasado almorcé con una amiga científica. Nuestra conversación giraba en torno a la felicidad. Yo me quejaba de que habiendo tanto progreso económico, tanto avance tecnológico y tanto conocimiento científico, la felicidad promedio del ser humano no parecía aumentar, sino todo lo contrario. Era una paradoja, que el progreso material que vivíamos no aumentara la felicidad.
El problema, señaló ella, es que todo esos avances no están orientados a lograr que las personas sean más felices. Lo que de verdad mueve al hombre no es la felicidad, sino la búsqueda de la inmortalidad. Más que ser felices, queremos ser eternos. La mejoría en las condiciones de vida han disminuido drásticamente la mortalidad infantil y aumentado notablemente las expectativas de vida. La ciencia, que es el verdadero motor del progreso, insistió, pretende extender la vida, tanto como sea posible. Y en la mayoría de los casos, independiente de la calidad que tenga esa vida… agregó.
Reflexionando posteriormente sobre sus palabras, tuve que reconocer que tenía razón.
Hemos vivido una infancia mágica. Donde todos los cuentos terminaban con una frase típica: “y vivieron felices por siempre jamás”. Yo siempre pensé que lo importante de esa frase era que los personajes vivirían felices, pero parece que era mucho más importante ¡que viviesen por siempre jamás!
Las religiones también nos ofrecen una receta para la vida eterna, algunas proponen la reencarnación y otras nos prometen el cielo o en su defecto, el infierno. Todas ellas, nos ofrecen finalmente la  deseada inmortalidad.
Hoy la vejez es un pecado. Queremos mantenernos jóvenes y estamos dispuestos a cualquier cosa, con tal de disminuir los efectos del tiempo en nuestros cuerpos. La ciencia y la tecnología nos han convertido, literalmente en superhombres. Retrasamos la vejez con píldoras, hormonas o el bisturí. Hemos ampliado tan significativamente la potencia de nuestros sentidos que con ayuda de instrumentos. Podemos ver lo que ocurrió en el cosmos, millones de años atrás. Hemos hecho visible lo que era invisible para nuestros padres. Somos capaces de comunicarnos instantáneamente con miles de personas a través del ciberespacio. Hemos creado una realidad virtual inimaginable y estamos produciendo inteligencia artificial que superará nuestras capacidades colectivas en brevísimo tiempo. Estamos jugando a ser dioses. Podemos crear nuevas especies con manipulación genética, y muy pronto podremos revivir las especies extintas hace miles o millones de años. Aspiramos a derrotar la selección natural con la creatividad humana.
Es muy probable que algunos seres humanos que ya están vivos, puedan derrotar la vejez y la enfermedad. No morirán de viejos, sino por algún accidente o por violencia. La gran pregunta es si estamos preparados para emplear correctamente los super-poderes que hemos desarrollado. ¿Estamos suficientemente maduros como especie? Si no se estremecen con esta pregunta, tal vez no dimensionen el extraordinario poder que hemos alcanzado.
La evolución humana ha seguido un camino no tradicional. Nos estamos transformando en una especie diferente. Estamos viviendo una mutación profunda. Estamos cambiando nuestra forma de pensar, estamos siendo cada vez más interdependientes, estamos influyendo significativamente en nuestro hábitat, estamos enfrentando una crisis de convivencia que modificará nuestra forma de relacionarnos. La desintegración de la familia y la comunidad, el desprestigio de la actividad política y el comportamiento poco ético de carácter transversal, nos obligarán a desarrollar otras formas de gobierno. El cambio es radical, inevitable e irreversible.  Hemos dejado atrás al homo sapiens, que de sapiens tuvo poco... salvo esa gran soberbia que hay detrás del nombre con que se bautizó.  Si sobrevivimos a esta transformación, supongo que nos pondremos un nombre más humilde. Es cierto que avanzamos raudamente hacia la longevidad, pero es incierto el resultado de la aventura humana. Lo que es seguro, es que en un par de generaciones, seremos muy diferentes.
¿En qué nos estamos convirtiendo?

miércoles, 20 de abril de 2016

La gran transformación que necesita Chile

La muerte de Patricio Aylwin es una oportunidad histórica para interpretar desde una perspectiva amplia, la evolución político-cultural que ha seguido nuestro país. Eso precisamente es lo que intentaremos hacer en esta entrada, reconociendo que nuestro análisis es una de muchas miradas a un proceso de transformación cultural de gran complejidad. 
A fines de los años 60, el mundo entró en una crisis social de carácter global, que dio origen a la revolución de las flores, impulsada por el idealismo de los jóvenes hippies. Ellos, profundamente desilusionados por los resultados de los grandes conflictos del siglo XX, propusieron al mundo una estrategia de solución de problemas basada en el amor y no en la guerra. 
El fundamentalismo del mundo tradicional, había provocado millones de muertes e incontables sufrimientos y se requerían cambios en la estrategia de solución de problemas. La fuerza y la superioridad moral que se atribuían algunos para imponer sus puntos de vista al resto de la humanidad, había fracasado. La estela de odio y las heridas físicas y sicológicas fueron demasiado dolorosas para la humanidad. 
En el Chile bastante aislado de entonces, esta inquietud social en contra de los privilegios, los abusos de poder y falta de justicia social se expresó políticamente en la elección de un gobierno socialista que pretendió reformar la institucionalidad, sin previamente lograr consensos transversales. La sociedad chilena, no había madurado lo suficiente para aceptar aquel cambio cultural y a poco andar, las instituciones más jerarquizadas y representativas del dogmatismo tradicional -las fuerzas armadas- se tomaron el poder y establecieron un gobierno autoritario que pretendió recuperar los valores tradicionales más conservadores. El cambio social que proponían los jóvenes fue contenido, por la razón o la fuerza. La dictadura militar estableció un férreo autoritarismo y dividió a los chilenos en buenos y malos. La obediencia y el respeto a principios absolutos, la disciplina y el orden fueron un sello de los primeros años del gobierno militar y corresponden fielmente a la mirada de una cultura tradicional pre-moderna.
En términos culturales, Chile había retrocedido y se quedó bastante aislado de la transformación social que estaba experimentando el mundo. Fue entonces cuando un grupo importante de profesionales y economistas propusieron reformas estructurales para avanzar hacia un país moderno. La economía social de mercado y el modelo de desarrollo capitalista impulsó a Chile a la Modernidad en pocos años. La sociedad progresó de una forma sin precedentes mediante una estrategia individualista y altamente competitiva. La derecha política parecía imponerse definitivamente, pero...
Pero el progreso económico no era suficiente. El mundo se estaba aplanando y Chile era una extraña excepción. Entonces, después de un plebiscito, Chile decidió buscar una sociedad más igualitaria intentando reparar las heridas que sufrió la comunidad en los años de la dictadura militar. Chile quiso dejar atrás la Modernidad e instalarse en la Postmodernidad mediante una política de consensos. En este momento, el entonces presidente Aywlin lideró una transición bastante exitosa hacia una sociedad más democrática. Los valores de la Postmodernidad fueron muy representativos de los gobiernos de la Concertación y aunque aceptaron continuar con el modelo económico previo, hubo gran preocupación por los derechos humanos y la reparación de los abusos. La izquierda política estaba logrando éxitos asombrosos, cuando aparecieron los fantasmas de la delincuencia, el terrorismo y la corrupción.
A mayor abundamiento, el mundo siguió su inexorable evolución y las comunicaciones y la internet, provocaron cambios culturales de proporciones gigantescas. En el siglo XXI, las redes sociales y la extraordinaria accesibilidad a la información han creado una sociedad donde las distinciones políticas de izquierda y derecha ya no tienen sentido.
Por ejemplo: La promesa del control de la delincuencia que hizo el gobierno de Piñera se diluyó en la soberbia de la supuesta superioridad técnica y moral de sus funcionarios.
Otro ejemplo: La promesa de la equidad que persigue el segundo gobierno de Bachelet se desdibujó en la improvisación y desprolijidad de las reformas.
Por eso la mayoría de los chilenos hemos perdido la fe en nuestros políticos.
Mientras no tengamos una política inclusiva e integral, donde todos entiendan que el bien común debe imponerse a sus intereses partidistas, no lograremos resolver el puzzle de la gobernanza en nuestro país. Necesitamos políticos profesionales y bien preparados en materias científicas, que al menos comprendan conceptos básicos como la complejidad, la emergencia y los fenómenos fractales. Pero sobre todo, deben ser personas íntegras y dispuestas a trabajar en equipo en la diversidad. Resulta insólito que personajes con tanta responsabilidad no tengan que cumplir con ciertos requisitos fundamentales para ejercer su profesión.
En el mundo globalizado de hoy, un país necesita estar conectado. Chile debe avanzar hacia una sociedad Integral. En el presente, la velocidad de los cambios culturales es enorme. No alcanzamos a aceptar los cambios que hacemos, cuando estos quedan obsoletos. Estamos viviendo una era de gran obsolescencia. Y quienes propugnen verdades, dogmas o principios absolutos, están condenados a ser desmentidos por el solo transcurso del tiempo.
Chile quiere seguir cambiando, para tener una sociedad más justa y sana. Pero no puede torcer hacia la derecha ni hacia la izquierda. Para superar las contradicciones de la postmodernidad tenemos que desarrollar visión sistémica, resolver los problemas de forma holística y enfrentar los desafíos de la sustentabilidad con flexibilidad, creatividad y responsabilidad. Pero ante todo tenemos que encontrar una forma de hacer política diferente, más transparente, más ética y mucho más flexible.
Hace tan solo medio siglo, Chile era un país tradicional. En pocos años se modernizó y luego se humanizó. Ahora le toca integrarse. No seguir siendo un país de ciudadanos independientes, sino una sociedad respetuosa que funciona como un verdadero equipo.

¡Todos para un Chile nuevo y ese Chile nuevo para todos!

lunes, 4 de abril de 2016

Los mensajes de la Muerte

En los últimos días, la muerte ha estado rondando muy cerca. Murió un nuevo amigo, el padre de un viejo amigo y también mi suegro. En todos estos casos, el mundo quiere seguir igual, como si nada hubiese ocurrido. Como evadiendo las consecuencias del fin de una vida. Pero, a pesar de nuestros deseos, ya nada volverá a ser igual. No es que el mundo haya perdido a alguien. Es más bien, que ese alguien dejó algunas enseñanzas profundas que debemos recordar. Son sus semillas, que germinarán en nosotros.

Pero... No conversamos acerca de la muerte. Curioso, dado que es lo único verdaderamente cierto que encontraremos en el futuro. No miramos a los ojos de la muerte, para ver sus intenciones y comprender sus motivos. Sabemos que anda por allí, pero no queremos verla. Tampoco sospechamos como quiere vivir el proceso aquel ser querido que está terminando su gran aventura. Nunca nos dimos el espacio para conversar en serio con él, sobre el final de sus días. Es, a todas luces, un tema tabú. 

A muchos nos representa bien lo que dijo Woody Allen: "no le temo a la muerte, sencillamente no quiero estar allí cuando llegue".

Esta vez, por razones inconscientes, intenté descifrar los mensajes que quiso entregar ese visitante lúgubre que viene a llevarse nuestro último aliento. Descubrí que la muerte es un proceso, no un instante. Comienza a acercarse lenta pero inexorablemente. En algunos casos, el proceso es rápido y sorpresivo, en otros agobiantemente lento y pausado.
Me pareció que en la mayoría de los casos, la muerte nos alcanza cuando todos los aspectos kármicos de nuestras vidas han finalizado. Ricardo Larraín lo dijo mucho mejor: "la muerte nos encuentra cuando se nos acaba el guión". Así comienza la muerte. Mucho antes de que nuestra respiración de agite...

Porque llegamos a la vida con un propósito y se nos concede cierto tiempo para cumplirlo. Las experiencias nos distraen del verdadero sentido que tiene nuestro vivir y normalmente olvidamos por completo ese objetivo o lo guardamos en el inconsciente profundo. Y cuando se nos está agotando el tiempo concedido, sospechamos que tendremos que rendir cuentas y nos ponemos nerviosos. Por eso, algunos parecen luchar contra la muerte y otros la abrazan con cierto alivio. Este nerviosismo hace que nuestra respiración se agite. Porque no sabemos qué es lo que habremos de enfrentar. La incertidumbre nos atemoriza. 

La muerte no es buena ni mala. Es el inicio de una nueva gran aventura. Tan incierta como la propia vida. Sospecho que cuando nos alcanza, despertamos a la realidad. Imagino que mientras nuestro cuerpo yace sin energía, nuestra alma permanece rondando por un tiempo y puede escuchar el llanto de algunos, también puede reconocer el respeto de otros y por cierto, la ironía o indiferencia de unos pocos. En esos momentos, la muerte nos obliga a deshacernos de toda la inocencia que nos queda y a comprender que muchos usan disfraces y representan papeles. Igual que los que usamos nosotros. Son instantes difíciles. Duros y a veces dolorosos. No todos eran lo que parecían ser. 

Sus máscaras finalmente caen y vemos sus verdaderos rostros. Vemos con mayor claridad esa mezcla única de virtudes y defectos que caracteriza a cada ser humano. Esa energía que está transformándose, ese espíritu inefable es capaz de percibir incluso nuestros pensamientos más íntimos, esos que nos avergüenzan a nosotros mismos. 
Y entonces comprende que aun le queda mucho por aprender. Que necesita volver encontrarse con la fuente del amor, la energía purificadora que le dará alas para atreverse a recorrer el mundo terrenal en otro cuerpo, con algo más de sabiduría y con una tarea más relevante. Necesitamos recargar las baterías y viajamos hacia la luz.  

La muerte siempre deja atrás un mensaje a cambio del alma que se lleva. Es un consejo para vivir mejor. Un aprendizaje que necesitamos para recibirla, cuando nos toque a nosotros, con confianza y resignación. Poner atención a los mensajes que deja la muerte es una tarea que rehuimos pero que puede ser sumamente reconfortante. Son semillas del alma que se apronta a viajar y que están destinadas a germinar en nuestro jardín. 
Recoge pues, agradecido, las semillas del ser que se va y riégalas con cariño y preocupación. Cultívalas con esmero. Pronto se convertirán en frutos que endulzarán tu vida. 

Y si nuestra vida es un mensaje que dejamos al mundo... más vale que sea un mensaje inspirador. ¿No les parece?

lunes, 28 de marzo de 2016

Curso de Felicidad: Lección 8

Lección 8: Vive intensamente pero con equilibrio

Somos seres multidimensionales que evolucionamos pasando por ciertos niveles de conciencia donde aprendemos una lección de vida que será fundamental para continuar nuestro camino hacia el bienestar. 

Si en nuestra tierna infancia aprendemos que el miedo solo es derrotado por el amor, mantendremos esa curiosidad que necesitamos para hacernos las preguntas adecuadas y así podremos avanzar con seguridad en la dimensión de las necesidades fisiológicas. Nuestro bienestar requiere la seguridad que brinda un ambiente protegido por personas que nos quieren. Vive con amor.
Si luego comprendemos que necesitamos aceptar ciertas reglas de convivencia para compartir nuestro habitat con otros y que el respeto mutuo es condición necesaria para la cooperación, podremos avanzar en la dimensión de las necesidades sociales. Nuestro bienestar también necesita que tengamos sólidos valores y sentido de pertenencia. Vive con respeto.
Si entonces en la adolescencia nos comprometemos a desarrollar nuestro pleno potencial, aceptando el esfuerzo que ello implica sin rendirnos jamás, mantendremos vivo el espíritu de superación propio del emprendedor y finalmente tendremos éxito en nuestra dimensión económica. Nuestro bienestar exige que combatamos la comodidad y vivamos persiguiendo objetivos difíciles pero alcanzables. Vive con intensidad.
Si en nuestra juventud, reconocemos el valor de la diversidad y somos capaces de contribuir a un proyecto noble orientado al bien común, encontraremos la energía y satisfacción de una vida con sentido y así progresaremos en la dimensión de las necesidades culturales. Nuestro bienestar espera que finalmente logremos derrotar al egoísmo y actuemos con generosidad y solidaridad hacia un proyecto colectivo que mejore las condiciones de nuestra descendencia. Vive con generosidad.
Si llegamos a ser adultos armados de Coraje y Amor, Respeto e Integridad, Empuje y Voluntad, Solidaridad y Generosidad, entonces podremos llegar a la etapa más relevante de nuestras vidas, con herramientas para encontrar la verdadera felicidad. Es en esta etapa cuando tomamos conciencia de que para estar bien, necesitamos estar bien en todas nuestras dimensiones: la personal, la social, la económica y la cultural. 

Es cierto que para tener éxito hay que concentrarse intensamente en el objetivo que se persigue. Pero no es menos cierto que el éxito exige el desarrollo armónico de todas las dimensiones básicas del ser humano.

El éxito en alguna de ellas, no garantiza nada. ¿cuantas personas exitosas (en alguna de estas dimensiones), se consideran verdaderamente felices? Pocas. Muy pocas, porque el viaje a la felicidad es una aventura que pasa por una serie de estaciones que forman parte de una experiencia integral. Perderse una experiencia de toma de conciencia nos impide alcanzar la verdadera felicidad. Sólo cuando hemos evolucionado con cierto equilibrio, sin descuidar ninguna dimensión, podemos alcanzar la armonía que tanto anhelamos. 
Somos como un barco que navega por la vida, agregando carga en diferentes puertos y necesitando que su cargamento siempre esté equilibrado. Mantén tu aprendizaje en equilibrio.

Por eso, la octava lección de este curso es:  Vive la vida ¡con intensidad y equilibrio!

miércoles, 23 de marzo de 2016

Homenaje a Ricardo Larraín

Conocí a Ricardo Larraín cuando ambos trabajabamos en la Universidad Mayor. Era un personaje muy interesante, profundo y reflexivo. En las reuniones del Consejo Académico, destacaba por su extraordinaria inteligencia y humilde sabiduría. Se percibía en él, la huella del rigor de una vida intensa, exitosa y sacrificada. Poco a poco nos fuimos acercando, y conversamos hasta que nos convertimos en grandes amigos. Una amistad que nació del respeto profesional y se cimentó en su extraordinaria sensibilidad para tratar temas delicados. Aprendí a quererlo y admirarlo, mucho antes de saber que hacía tiempo que batallaba contra el cáncer. Era, una buena persona dotado de una inteligencia singular. 
Menos de un mes antes de su partida, sostuvimos nuestra última conversación presencial. Estaba preparado para encontrarse con la muerte, pero convencido de que podría seguir evitándola a pesar de todo. Y claro, planeamos el futuro, no sin antes decirnos aquello que solo se dice al amigo del alma para finalmente despedirnos, abrazados con los ojos húmedos y el corazón hinchado de emoción. 
Gracias me dijo...
Gracias le respondí...
Y se fue.

A continuación, transcribo el aporte que nos hizo para una revista orientada a definir "calidad" en educación. Conversando con un grupo de leales colaboradores, en un restaurante cercano, le pregunté si acaso creía en una realidad continua o en una realidad cuántica, como las cintas de las películas. Su respuesta, nos propuso mirar el espacio entre las imágenes, el silencio entre las notas, las pausas entre las palabras, porque es allí, donde habita el inconsciente colectivo, el akasha, donde se produce el aprendizaje. 

De esa conversación, el periodista Rodrigo Lagos, destacó lo siguiente:

“El cuerpo es la cerradura del presente, y el presente la puerta de entrada a la conciencia, a esos segundos de oscuridad”

Entre cuadro y cuadro hay oscuridad...
“En el cine el movimiento no existe, es una creación de la mente”, dice, y explica que lo que entendemos como movimiento es en realidad una secuencia de imágenes que corren a tal velocidad que crean en nuestros cerebros la ilusión del movimiento. “Entre cuadro y cuadro existe una espacio de oscuridad: es ahí en donde se produce la conexión, el aprendizaje que importa. La educación del futuro tiene que ver con aprender a utilizar esos segundos de oscuridad. El cuerpo es la cerradura del presente, y el presente la puerta de entrada a la conciencia, a esos segundos de oscuridad. El juego consiste en adiestrar esos segundos de oscuridad”. Ricardo Larraín se refiere a ese espacio de oscuridad como un contenedor infinito de conocimientos que hoy no estamos utilizando y que nos podría ayudar a comprender mejor nuestro potencial como especie.
A su juicio, lo que estamos viviendo actualmente es un proceso de adaptación a un cambio de conciencia que ya ocurrió. Él lo asocia con una nueva relación de los seres humanos con el espacio y el tiempo. “Los seres humanos actuamos desde el cuerpo del dolor, que es inconsciente. La conciencia es aquello que observa al pensamiento y a la emoción. El pensamiento siempre va un paso atrás de la intuición corporal, que es donde se produce la emoción. Educación de calidad sería crear herramientas para predisponer la potenciación de la conciencia. Debemos educar para aumentar la conciencia”.
Crítica al sistema educativo actual, que a su juicio no está considerando al ser humano en todas sus dimensiones. La educación debe ser concebida como una experiencia, dice, y por lo tanto debe ser diseñada de tal forma que sea capaz de exponer a los estudiantes a estas posibilidades y dimensiones, y de ahí buscar la manera de identificar las pasiones y los talentos de cada uno. Sostiene que la creatividad es fundamental en el aprendizaje porque tiene la capacidad de activar el presente sin las ataduras del pasado. Considera el arte en general como la virtud de llevar lo abstracto a la dimensión de la materia, lo cual, a su juicio, es un ejercicio sumamente relevante para los estudiantes ya que se pre- dispone la posibilidad de conectarse con esa zona oscura que contiene toda la información necesaria para comprender el verdadero sentido de la vida.

 Y este es el artículo que nos preparó para la revista:


12 segundos de oscuridad
Por Ricardo Larraín

Los seres vivos respiran, laten, todo en la naturaleza parece estar enraizado en esa alternancia y complemento que significa, por ejemplo, inspirar y expirar, expandir y contraer, como la marea, ir y venir, en un constante balanceo o vibración. Esos movimientos son la expresión misma de la vida que se manifiesta en ellos. Puede verse como una oscilación entre dos polaridades que se complementan haciéndose indivisibles.
En la canción “12 segundos de oscuridad”, el cantautor uruguayo Jorge Drexler propone la imagen de un faro en el medio de la noche. Durante 12 segundos el faro nos alumbra y du- rante otros 12 segundos el foco está apuntan- do hacia el otro lado y, por lo tanto, es la os- curidad completa. Son esos doce segundos, los de oscuridad, los que completan su función.

Un faro quieto nada sería...

guía, mientras no deje de girar.
No es la luz lo que importa...
en verdad son los 12 segundos de oscuridad.

Pareciera que un faro guía porque su luz brilla en la sombra y olvidamos que lo que realmente guía es su pulso vital, un latido que contiene la intermitencia perpetua entre la luz y su ausencia. Es esa intermitencia la que lo define. Luz y oscuridad por separado son estáticas: en el faro forman una unidad inseparable, combinándose generan la alquimia del movimiento, la base de lo vivo.
Nuestra mente, con el fin de poder estructurar el pensamiento, secciona la unidad de las cosas para crear estructuras conceptuales que se basan en el aislamiento de las partes y su ordenamiento en secuencias. Sin embargo, como sabemos, la realidad se nos presenta como una unidad continua e indivisible, que rebasa en su complejidad nuestras clasificaciones y se resis- te a entrar en los cauces impuestos por nuestras codificaciones, por nuestro lenguaje. Aun así, nuestra relación con la realidad, más allá de aquella fragmentación, registra otras tonalidades en la vivencia de lo que nos rodea, que están más allá del lenguaje y de las estructuras conceptuales preexistentes. Nuestra experiencia del mundo se completa con procesos que ocurren en lo que podríamos nombrar meta- fóricamente como 12 segundos de oscuridad.
Tantas veces no atendemos a esos 12 segundos de oscuridad que son parte de todos nuestros procesos como personas, esa otra parte preconceptual, corporal, donde incuban como en una antesala buscando la forma los signos que componen nuestra expresión y que articulan nuestro mundo consciente y nuestro lenguaje. Tantas veces trabajamos empecinadamente
sobre el mundo de las formas y del lenguaje, al que llamamos “realidad”, sin considerar la conciencia inmanente que desde otra zona de nuestro sistema complementa y sustenta nues- tro conocimiento y nuestras acciones, otorgán- donos una comprensión mucho mas completa de esa “realidad”.
Una educación de calidad debería tener en cuenta esa zona de los 12 segundos de oscu- ridad. Allí es donde parecen residir la espontaneidad y la libertad de todo esquema con- ceptual, allí se encuentra la raíz del presente y de la vida que anima nuestra presencia en el aquí y el ahora, siempre fresca, cambiante adaptativa, líquida. Ese es el espacio en el que surgen los pensamientos y las emociones que emergen en nuestra conciencia. Ese espacio es el ser mismo que las contiene. ¿Cómo podríamos ocuparnos en la enseñanza de esta dimensión de la persona? Esa es, creo, una buena pregunta.
Trabajar en esa zona implica estimular la conciencia de ser de cada uno, ese centro de gra- vedad desde donde emanan los movimientos que derivan en motivaciones y aprendizaje, que luego se vuelven conceptos y finalmente acciones. Es decir, formas. Ese espacio interior nos es común a todos en su naturaleza y al mismo tiempo es fuente de toda singularidad de nuestras formas específicas. En ese espacio, instalado en el presente perpetuo, es donde brota la creatividad anterior a los esquemas, un espacio despojado de intenciones y temores que enmascaran con conceptos y discursos su intrínseca plasticidad.
Los 12 segundos de oscuridad son la zona del juego, del ritual, de la corporalidad, donde habita la experiencia del ser mismo, anterior a todo conocimiento. Respetar y dar cabida a esa dimensión de la persona resulta relevante en una educación de calidad.

Volver a leer sus palabras después de su funeral hoy, me emociona profundamente. No encuentro mejor forma de homenajearlo, que compartirlas en este blog. Para mí, Ricardo fue y siempre será, una luz en la oscuridad. Para mi, Ricardo fue un faro, acechado por la muerte, pero alumbrando a la vida.

Donde quiera que estés, amigo mío, siempre seguirás iluminando el camino de los que te conocieron. ¡Gracias por tu luz!

Acá puedes escuchar:
 12 segundos de oscuridad

domingo, 20 de marzo de 2016

Curso de Felicidad: Lección 7

Séptima lección: Busca en tu interior.

Buscar en el lugar equivocado, es uno de los cuentos de Anthony de Mello que nos hace reflexionar acerca de lo peculiar que puede ser un hombre que busca a Dios en lugares santos cuando lo ha perdido en el corazón. Decía algo así: 

Una noche,un señor encontró a un muchacho cuando éste estaba bajo un poste de luz, buscando algo de rodillas.

"¿Que andas buscando muchacho??
"Mi llave, la he perdido? " 
Y arrodillados los dos, se pusieron a buscar la llave perdida. Al cabo de un rato dijo el caballero:
"¿Dónde la perdiste?" 
"En casa"
"¡Santo Dios! Y entonces, ¿por qué la buscas aquí?
"Por que aquí hay luz", respondió el muchacho...


Sucede algo parecido con la felicidad. La buscamos en el lugar equivocado. Porque la felicidad no se encuentra en el exterior, en las cosas que suceden o en las cosas que tengamos, ni en el poder que ostentamos ni en los triunfos que logramos. Perseguimos la felicidad buscándola en el mundo material, en la una realidad externa que es un espejismo que finalmente termina por desilusionarnos. Pero es una persecución inútil, destinada al fracaso. En ese mundo exterior habita el placer–una sensación transitoria, atrayente pero vacía–no la felicidad.
Los occidentales caemos en esta trampa. Recuerdo mi viaje a Dehli, a una entrevista que nos había concedido el Dalai Lama, donde me sorprendió la alegría, paz y tranquilidad del pueblo indio y tibetano a pesar de la miseria que los rodeaba. La mayoría de ellos vivían contentos a pesar de habitar en condiciones bastante precarias. Y por esto último, yo los miraba con cierta misericordia. 
Pero mi sorpresa fue mayúscula cuando advertí que ellos también me miraban con compasión. Ellos sabían que nosotros, los occidentales, buscamos la felicidad en el mundo exterior cuando su cultura ancestral demostraba fehacientemente que la felicidad es un estado vital que cada persona debe cultivar controlando su estado interior. 
La felicidad no se encuentra. Ella nos encuentra a nosotros. Es el resultado de la armonía que existe en nuestro mundo interior, de nuestras creencias e interpretaciones acerca de lo que sucede, de nuestro estado de conciencia y muy especialmente, de la coherencia entre nuestros actos, nuestros pensamientos, emociones e intuiciones. Habita en nuestro interior y aparece cuando vivimos una vida con sentido, sabiendo quienes somos y hacia adonde vamos. 
Por eso, la lección que queremos transmitir hoy es que "hay que buscar en nuestro interior", pero no buscando la "felicidad", sino buscándonos a nosotros mismos. La tarea es descubrir quién soy, quién es el observador que toma conciencia de lo que experimento y que evoluciona permanentemente, qué mensajes transmiten mis emociones y qué ideas me sugieren mis intuiciones. 
Conócete a ti mismo, es un viejo adagio que acarrea toda la sabiduría del conocimiento humano ancestral. Es el primer paso para encontrarnos con el bienestar. De allí resulta obvio que los procesos introspectivos sean tan necesarios. 
Reflexionar, meditar, pensar, imaginar, soñar despierto, atender plenamente al presente, examinar tu inconsciente, son ejercicios que ayudan a conocernos mejor y más que nada a reconocer nuestra alma, esa parte esencial, de carácter espiritual del ser humano que explica la energía vital que nos mueve.
Busca, pues, en tu interior, tu auténtica identidad, tu propósito en la vida y la razón de tu existencia y además toma conciencia de la profunda interconexión que conecta a toda la vida. Solo entonces, tendrás oportunidad de que la felicidad te encuentre a ti.