lunes, 20 de marzo de 2017

Las Etapas de la Aventura Humana

Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.


Al andar se hace el camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar.”

Antonio Machado
Las etapas de desarrollo humano

La Dinámica Espiral, es una nueva teoría acerca del desarrollo humano, propuesta inicialmente por Clare W. Graves y profundizada posteriormente, por Don Beck y Chris Cowan. Una hipótesis coherente con la postura de: "evolución de la conciencia", demostrada por Jean Gebser, puesto que propone un proceso de desarrollo psicológico del hombre en un movimiento oscilante, en espiral, caracterizado por la progresiva subordinación de los antiguos comportamientos a nuevas conductas mejor adaptadas a las condiciones de vida. Según este marco de referencia, el desarrollo del ser humano individual sigue una serie de etapas, que se traducen en tipos de pensamiento, que permiten comprender la historia y el comportamiento de cada persona ante sus circunstancias. Cada persona tiene una historia que se explica por su tipo de pensamiento. El camino y el caminar de una persona, revelan su desarrollo.

De acuerdo a esta teoría, esto también ocurre desde el punto de vista colectivo. Los grupos, organizaciones y sociedades, se desarrollan siguiendo estas mismas etapas, puesto que están compuestos por personas. En un grupo, organización o sociedad, donde se comparten valores, hay un tipo de pensamiento dominante –el más frecuente- que explica su comportamiento. Aquí se establece un vínculo entre el modo de pensar preponderante y la cultura del grupo. Encontramos así, la perspectiva cultural.

Según esta tesis, el desarrollo humano, individual y colectivo seguiría un patrón bastante definido: En la medida que nuestras circunstancias cambian, cambian nuestras emociones, nuestros pensamientos y comportamientos. Al cambiar nuestros comportamientos, se ejerce presión para cambiar el sistema y muy pronto necesitamos reorganizarlo para hacerlo coherente con la nueva cultura. Aquí se establece un vínculo fundamental entre la cultura y su organización.  Encontramos ahora, la mirada sistémica.
Recién ahora, la idea Jungiana se revela en todo su esplendor: todo parece estar íntimamente conectado en múltiples direcciones. El pensamiento y la cultura y el comportamiento y la organización y el comportamiento y la cultura y el pensamiento, en una red intrincada pero consistente. El desarrollo social es coherente. Cuando cambia uno cambian todos.

Aprovecharemos de hacer una aclaración: cuando emerge un nuevo paradigma, el pensamiento antiguo no desaparece. Se mantiene latente por si resulta necesario en el futuro. Continuamente debemos adaptarnos a las circunstancias sin perder la historia, en un desarrollo recursivo y holárquico.

Según esta teoría, la vida parece ser un juego, que tiene reglas para cada etapa y cuando las dominamos, pasamos a la etapa siguiente. Lo curioso, lo verdaderamente extraordinario del juego, es que todos enfrentamos los mismos desafíos...

En primer lugar, en la etapa beige, nos enfrentamos a una naturaleza desconocida y dependemos de nuestros instintos para aprender a sobrevivir; de no lograrlo, obviamente no pasamos a la siguiente etapa...

En segundo lugar, la etapa púrpura, comprendemos que somos vulnerables y aprendemos a vivir en un mundo mágico y vencer nuestros miedos para encontrar seguridad imitando las conductas y costumbres de nuestros semejantes...

En tercer lugar, la etapa roja, afrontamos una selva donde solo sobreviven los astutos y fuertes. Reconocemos nuestros intereses y buscamos satisfacción personal persiguiendo ciegamente nuestros objetivos, luchando sin cuartel por lograrlos;

En cuarto lugar, la etapa azul, cuando distinguimos opuestos irreconciliables, aprendemos a respetar las reglas, las jerarquías y la autoridad, viviendo una existencia ordenada por verdades absolutas. 

En quinto lugar, la etapa naranja, cuando luchamos por nuestra autonomía y el éxito empleando estrategias competitivas en un mercado lleno de posibilidades y oportunidades.

En sexto lugar, la etapa verde, cuando convivimos en un hábitat comunitario donde asentamos nuestro sentido de pertenencia y trabajamos en equipo respetando la naturaleza.

En séptimo lugar, en la etapa amarilla, se vive plena y responsablemente, aprendemos a ser flexibles y a reconocer las interconexiones en un mundo donde la trama de la vida nos sorprende continuamente.

Finalmente, en la etapa turquesa, se experimenta una sensación de unidad trascendental y comprendemos que vivimos en un elegante universo donde tenemos que asumir nuestra responsabilidad con la vida.

En el juego de la vida, no podemos saltarnos etapas puesto que las lecciones aprendidas son nuestro pasaporte para la etapa siguiente. No sabemos cuanto tiempo tenemos. En cualquier momento se termina el juego.

El ser humano individual obviamente pasa por estas etapas, evolucionando hacia etapas superiores al madurar y expandir su consciencia. Distinguimos por ejemplo, la etapa instintiva de la lactancia; la tierna infancia cuando adquirimos seguridad en el seno de la familia; la etapa pre-escolar teñida de egoísmo; la etapa escolar cuando aprendemos a convivir; la adolescencia, cuando nos rebelamos ante el sistema; y la adultez primero, cuando nos incorporamos al sistema económico-social y posteriormente cuando asumimos nuestras responsabilidades. Algunos sin embargo, no logran madurar psicológicamente en forma progresiva y pueden quedar atrapados en alguna etapa de desarrollo, independientemente de su edad cronológica. Todos conocemos adultos que actúan como adolescentes y a veces como niños. Nadie tiene garantizada su evolución sin seguir un proceso de expansión de consciencia progresivo.

Colectivamente, según Graves, la humanidad también ha pasado por 4 etapas: Arcaica o Instintiva; Mágica o  Tierna infancia; Mítica o Pre-escolar y Mental o Escolar. Estaríamos en consecuencia entrando a la Adolescencia de la Humanidad, con todas las crisis y complicaciones del crecimiento físico, la madurez intelectual y la transformación de nuestra identidad colectiva; una etapa turbulenta, llena de contradicciones y esencialmente compleja. Por eso estamos donde estamos.

Llegó la hora de caminar por un camino incierto, entender nuestras anteojeras y ponernos lentes que nos permitan mirar desde nuevas perspectivas, para admirar las complejidades de la evolución del mundo exterior y profundizar el conocimiento de la naturaleza humana y así, aprovechar toda la información acumulada por nuestra especie.


En resumen, nos cuesta adaptarnos al cambio. Pero el cambio es inexorable. El mundo evoluciona. Todo está en movimiento y todo está conectado. Incluso el ser humano, que es ciego al movimiento y a las conexiones, se desarrolla en etapas. Un proceso individual y colectivo de expansión de la consciencia que afecta y es afectado por la forma de pensar y aprender, las creencias, los valores consensuados, la cultura y tradiciones y la organización social y política, es decir por el sistema. Debido al movimiento perpetuo y a las infinitas conexiones, emergerán asombrosas sorpresas en nuestra fabulosa aventura hacia el superhombre.

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