domingo, 20 de septiembre de 2015

Fiestas Patrias

Es curioso que los chilenos podamos celebrar nuestras fiestas patrias después de un terremoto tan devastador, tsunami incluido, con alegría desbordante y entusiasmo contagioso. Tal vez porque no estamos tan acostumbrados a celebrar, cuando tenemos una razón para hacerlo...bueno, celebramos. Y cuando hay que tomar, ¡tomamos! Para ahogar nuestras penas, dicen algunos. Para saborear la vida, dicen otros. No importa la explicación que encontremos, vivimos en el presente porque el pasado no se puede cambiar. Tenemos nuestras virtudes y defectos, como toda nación. Somos hijos del rigor y estamos acostumbrados a sobreponernos a las tragedias. Afortunadamente...
Por eso insistimos en que nuestra educación debe contemplar la resiliencia y agregamos la educación sísmica, que nos enseña a comportarnos durante un terremoto. Materias ineludibles en el país más "terremoteado" del mundo.
En estos días de descanso aproveché de ver "Los 33", una película que retrata bien el espíritu del chileno. En la adversidad, somos fuertes. ¡Verdaderamente admirables! ¡Que orgulloso me siento de vivir en un país que hizo lo imposible: rescató a esos 33 mineros enterrados vivos! Eso fue un verdadero milagro, que nos recuerda que ¡jamás, por adversas que parezcan las circunstancias, debemos renunciar! 
También resulta extraño que un evento tan significativo deba ser revivido por una película extranjera. Parece que además, somos capaces de dar vuelta la página rápidamente. Nos olvidamos de nuestros logros con facilidad. Pero somos solidarios y no olvidamos nuestras responsabilidades. Sabemos que muchos chilenos han perdido todo y necesitan ayuda. Que no se desesperen porque la recibirán. 
Otro aspecto educacional importante para nuestro país es reforzar esa solidaridad natural. Una característica que debe retratar a un pueblo que enfrenta los embates de una naturaleza furiosa, periódicamente. La responsabilidad social es otra materia que tenemos que enseñar en los colegios y universidades.
Mantener la tranquilidad cuando tiembla el piso, es propio del chileno...
Dar gracias a la vida cuando nuestra alma sufre, también...
Levantarse después de una desgracia, igual...
Acoger al extranjero, ayudar al desvalido y socorrer al necesitado son costumbres solidarias bien chilenas. Con sabor a empanadas y vino tinto.
Somos un país de enormes contrastes, con desiertos y bosques patagónicos, con mar y cordillera, con glaciares, lagos y volcanes, con salares y minerales. Un país escondido pero precioso, que la educación debe ayudarnos a descubrir, con expediciones a los parques nacionales en épocas de vacaciones. ¡Escuelas de verano para descubrir la naturaleza!
Y somos un pueblo diverso, con sangre mezclada y espíritu rebelde. Un pueblo humilde e indomable pero también amoroso. La educación también debe conectarnos con nuestros pueblos originarios y sus culturas ancestrales. Educación para la inclusión...
Por eso dá gusto cuando llega setiembre y la primavera, para celebrar la chilenidad, elevando volantines, jugando rayuela o bailando cueca. Para dejar de lado cualquier diferencia y reconocernos como hermanos en la peligrosa aventura de luchar contra el destino (Y eso me hace pensar que necesitamos mantener vivas nuestras tradiciones y costumbres en los colegios más allá de unas semanas al año). Para que juntos construyamos un país... ¡color esperanza!
¡Viva Chile!



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