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miércoles, 16 de marzo de 2016

Documental acerca del paradigma emergente

Una querida amiga me pidió que le recomendara libros para comprender mejor todo lo que la ciencia contemporánea está descubriendo o re-descubriendo. Y ciertamente hay muchos libros que tratan la no-dualidad, la profunda interconexión que existe entre todas las cosas...pero tal vez este documental sea una introducción más didáctica al nuevo entendimiento que tienen los científicos de la realidad. 
Si estas dispuesto a soltar todas tus certezas y abrir tu mente a el mapa más vanguardista que existe del universo, entonces encontrarás en este video nuevas explicaciones científicas, más acordes con el mundo del siglo 21. ¡Te regalará una nueva forma de pensar!

martes, 15 de marzo de 2016

La irresistible tentación de las carcajadas

A propósito del post reciente que sugería: ¡Sonreirle a la vida! me enviaron este video, que demuestra que nos quedamos cortos. La risa es tremendamente contagiosa y las carcajadas de otras personas pueden alegrarnos el día más gris. Vean este video y traten de no reírse. ¡Es imposible!


lunes, 14 de marzo de 2016

Curso de Felicidad: Lección 6


Sexta Lección: ¡Encuéntrale sentido a tu vida!

Una sabia amiguita me sugirió incorporar otra lección en este curso: descubrir lo que necesitas para ser feliz. Sugería esto, haciendo hincapié en que muchas veces nos engañamos pensando que lo que queremos es lo que nos hará feliz. Ella sostiene que nos engañamos, puesto que lo que queremos proviene del ego y lo que necesitamos viene del alma. 
Tiene razón. La felicidad que pretende el ego es placer transitorio. Las necesidades del alma son permanentes. La nueva ciencia que estudia la felicidad reconoce que vivir una vida con propósito, es esencial para sentirse bien.  ¡Vivir una vida con sentido! De eso estamos hablando. Quien vive fluyendo viaja a la deriva si toma decisiones al azar. Fluir, desde nuestra perspectiva, significa aceptar los acontecimientos, con plena conciencia de que son pistas que nos ayudan a encontrar el verdadero rumbo que nos conduzca a la realización. Lo que sucede no es casualidad. Todo el Universo conspira para que este presente ocurra, tal cual ocurre. Y lo que hay que descubrir es el camino que nos sugiere el Universo con todas y cada una de las pistas... confiando que nos está guiando hacia nuestra plenitud.
Pues bien, la principal herramienta que tenemos los seres humanos para procesar la energía e información que nos rodea, es nuestro cuerpo y en particular, nuestro sistema nervioso. Y la mayoría de nosotros, hemos delegado en nuestro cerebro, la toma de desiciones.  Allí habita la razón, y ella construye historias que justifican nuestros actos y comportamientos. Literalmente inventa una narrativa que explica lo que hacemos. Son cuentos que nos creemos, pero puros cuentos al fin y al cabo. 
Las neurociencias ya han demostrado, sin ambigüedades, que antes de tomar una decisión, intervienen nuestras emociones. Son ellas, las emociones, las que nos indican qué decidir. La toma de decisiones es un proceso emocional casi instantáneo, que luego se explica con argumentos racionales. Las decisiones son subjetivas, no objetivas, aunque no queramos creerlo. 
Otro sabio amigo, especialista en emociones, siempre me recalca que todas nuestras emociones son llamados de atención. Nos indican que hay que poner atención a algo. No hay emociones buenas o malas. Son siempre indicaciones que pretenden guiarnos. Son pistas expresadas en sensaciones corporales. Es el lenguaje del circuito neuronal del corazón. Somos seducidos por emociones que afortunadamente nublan la razón. Porque vivir una vida dependiendo solo de la razón, es propio del Doctor Spock, ese personaje de Viaje a las Estrellas que parece más un robot que un ser humano. 
Pero además hay otro circuito neuronal que también interviene antes de la toma consciente de una decisión. Incluso antes que sepamos que tenemos que tomar una decisión. Es el circuito neuronal de nuestro sistema digestivo. Allí es donde habita la intuición. Un sentir que nos sugiere subrepticiamente qué camino tomar y que parece provenir desde una inteligencia superior, del inconsciente colectivo (como diría Jung).
Entonces, para encontrar nuestro camino hacia la felicidad, necesitamos tener conciencia de nuestras intuiciones más profundas, atender al mensaje preciso que nos transmiten nuestras emociones y descifrar el sentido de estas pistas con la razón. 
Por eso, la recomendación que hacemos en esta lección es: ¡Encuentra el sentido de tu vida! Porque cuando uno es coherente con el rumbo hacia la plenitud, todo resulta más fácil... todo fluye con naturalidad y nos sentimos mejor. 
Recuerda, encuentra el sentido de tu vida. Está escrito en tu historia. Se te manifiesta en tus emociones y se te aparece en tus intuiciones. Vive con una misión, más grande que tu. Que te anime un propósito superior. Supera tu ego y alimenta tu alma. Porque la gran tarea que tenemos todos, es descubrir quienes, en realidad somos.


martes, 8 de marzo de 2016

Soy

Creemos que somos individuos independientes, inmersos en una realidad objetiva de 4 dimensiones.  El espacio-tiempo. Ese es el sueño colectivo de la época moderna. Pocos han logrado despertar de esta ilusión. Aunque algunos visionarios si lo han hecho, para descubrir que en realidad estamos tan profundamente interconectados que no es posible distinguir donde termina uno y donde comienza el otro. No estamos separados. Ni de los demás, ni de la naturaleza. No hay sujeto y ni tampoco hay objeto...  Somos uno, indivisible, sin partes.
La maravillosa sensación de sentirse uno con el Universo, históricamente ha estado reservada para algunos pocos iluminados o místicos que lograron despertar del sueño de la separación. Conocemos muchos personajes adelantados a su tiempo que hablaron de la "no-dualidad" y que no fueron bien comprendidos por sus contemporáneos.
Pero hoy parece estar emergiendo un nuevo paradigma científico que no sólo acepta la no-dualidad sino que la reconoce esencial para comprendernos mejor a nosotros mismos y para encontrarle sentido a nuestras vidas. Hoy, la ciencia reconoce que no es posible hablar de una realidad independiente del observador. Muchos científicos, especialmente físicos cuánticos, reconocen que lo que entendemos por realidad es simplemente un espejo de nuestras interpretaciones. Que lo que percibimos con nuestros sentidos, refleja nuestras creencias, nuestros miedos y nuestras ideas. Muchos grandes pensadores hoy sostienen que vivimos en un universo holográfico, fractal, donde la información del todo, está en cada parte. El universo entero dentro de nosotros. Algunos, más radicales y no por ello menos certeros, sostienen que las partes no existen y que solo podemos tomar conciencia de lo que somos, al sentirnos siendo aquello que percibimos o experimentamos.
Uno de ellos fue un místico extraordinario: Sri Nisargadatta Maharaj, que escribió "Soy, eso" donde nos sugiere tomar consciencia de que somos todo aquello que experimentamos. Y propone que consciente y sistemáticamente nos identifiquemos con lo que percibimos. Que nos sintamos siendo aquello donde ponemos atención.
Así lo hice, un buen día mientras caminaba en la costa...
Soy el viento, que me trae aromas recónditos y enfría mi cuerpo, pensé. Y me reconocí en ese viento y en la música lejana que me regalaba. Yo era viento, la fuerza dispersa e inconstante del aire que parecía estar fuera, pero que se parecía demasiado a la energía siempre entusiasta y veleidosa que fluía dentro de mi mente y hacía volar a mis pensamientos.
Soy el pasto, que recibe mis pisadas y que adorna los jardines, admití. Y me acepté en ese pasto reconociendo en el trabajo del jardinero, los esfuerzos de mis profesores.
Soy el árbol, sus hojas, ramas y raíces que crecen apuntando al cielo, aspirando a las estrellas. Y también me ví allí, en ese y en todos los árboles del raquítico bosque que cubría el acantilado; queriendo nutrirme de la pachamama para crecer y abrazar al firmamento, como yo pretendía alimentarme de conocimientos.
Soy el mar, majestuosa sopa salada con sus olas y mareas, y su increíble vida interior. Un universo  acuoso escondido bajo la superficie, cual mi propia personalidad.
Soy el sol, energía poderosa que a diario alimenta mi espíritu y que se parece a mi propio entusiasmo por vivir.
Soy también esa persona que camina despreocupadamente hacia mí. Cuyo rostro refleja una historia que también coincide con la mía. Los detalles parecen diferir, pero la perspectiva amplia las acerca y desde tan lejos como yo miraba, esas historias se confundían. ¡Soy él!
Y soy también aquel. Soy todos. Soy todo... Soy, eso.
Así caminé ese día, aceptándome en todo aquello que captaba mi atención y reconociendo que yo era parte de un gran evento, indivisible e infinito; omnipresente y plenamente amoroso. Me invadió una profunda sensación de bienestar y llegué a la convicción de que todo era perfecto. Me sentí inmensamente pleno. Palpé la felicidad.

El ejercicio fue realmente increíble, y se lo recomiendo a todos. Por todas partes descubría quien era yo. Y lo repetí varias veces, hasta que poco a poco se convirtió en un hábito. Entonces, comprendí que yo... soy eso.

Por eso, quisiera invitarte a descubrirte en mi, en los demás, y en todas las cosas. Verás que también eres, eso.

lunes, 29 de febrero de 2016

Curso de Felicidad: Lección 5

Quinta lección: Sonreírle a la vida... ¡literalmente!

Esa es la lección de este mes. Andar liviano, con la sonrisa fácil, el pecho abierto y la mirada erguida; expresando físicamente, a cualquier que nos vea, que estamos contentos. Un comportamiento que debemos convertir en un estado habitual de nuestra corporalidad. Se trata de hacer una declaración no verbal: "Estoy contento". Una sonrisa siempre es un mensaje de buena voluntad. Nuestro cuerpo puede y debe expresar alegría. Actuar como si ya fuésemos felices, aumenta significativamente nuestras posibilidades de lograr un estado de ánimo optimista.
La ciencia ha descubierto, que el cuerpo y la mente están profundamente interconectados y para que funcionen bien, deben ser coherentes. Es muy difícil estar triste, si estás riendo. Expresar nuestra alegría, sonriendo habitualmente, es una forma muy sencilla pero poderosa de invitar a la mente a albergar sentimientos positivos. Sonreír es una vitamina para el alma y como señalaba el título de una vieja revista de lectura, la risa es un remedio infalible.
No se trata de evadir la realidad o de representar un papel. La neurociencia ha demostrado fehacientemente que los cambios físicos de un cuerpo se correlacionan directamente con el estado de ánimo. Un cuerpo alegre, propicia una mente feliz. Una carita feliz invita a acercarse. Una sonrisa es extremadamente contagiosa. Pruébelo y verá. Sonría y la vida le sonreirá de vuelta. Por algo dicen que la sonrisa es el mejor maquillaje para embellecer a una persona. Así lo señala Phil Bosmans en su libro La Alegría de Vivir: "No olvides que tu rostro está destinado a los demás... Cúidalo, especialmente desde el interior. Pon "luz" y "alegría" en tus ojos. Deja que tu boca sonría. Vuelve amable tu rostro... Muestra tu rostro verdadero, el más amable, el más bello y los demás no tendrán trabajo en quererte." Él sabe que la expresión de nuestro rostro es mucho, muchísimo más importante que la ropa que llevamos puesta. Y también muchísimo mas económica.

Permítame contarle una experiencia personal:

Hace ya muchos años, un día de semana, después de la jornada de trabajo, viajaba en Metro en dirección al hotel donde se dictaba un curso vespertino de Relaciones Humanas que yo estaba cursando. El vagón estaba atestado de gente. La mayoría parecía incómoda, ensimismada en sus problemas y sus semblantes lo reflejaban. Muchos ceños estaban fruncidos, noté. El mío también, puesto que no había hecho mis tareas. Decidí enfrentar y refutar al instructor. Yo era bastante escéptico y él sostenía que: "¡sonreír cambia el mundo!" Puras patrañas, pensé y me imaginé su cara cuando le dijese lo que pensaba al respecto. Sin darme cuenta, sonreí al imaginarlo reaccionar defensivamente ante mi crítica. Estaba seguro que el resto del curso me apoyaría. Él, que seguramente estaba entrenado para ser siempre amable y respetuoso, se vería en aprietos. Lo desafiaría... ¡Sonría ahora profe! a ver si cambia el mundo... Aunque en realidad no pensaba ser tan agresivo, me imaginé la situación y me hizo gracia.
Entonces, levanté la vista y vi un caballero al frente mío, que me miraba fijamente. Cuando nuestro ojos se encontraron, su cara resplandeció con una sonrisa. Estaba devolviendo mi propia sonrisa (de la cual yo no era consciente hasta ese momento) y probablemente pensando en ese viejo dicho: "Quien solo se ríe, de sus maldades se acuerda". En lugar de mirar hacia otro lado, me sentí sorprendido "in fraganti" cosa que me hizo más gracia aun. Mi sonrisa se amplió inconscientemente. Éramos cómplices. Él también debía estar acordándose de alguna maldad...
Una señora, que esta a su lado, nos vió y su expresión también cambió instantáneamente. Sonrió sin ningún pudor. Ella descubrió nuestra complicidad y quiso participar. Muy cerca nuestro, una pareja de jóvenes, que parecían enamorados, notaron nuestras sonrisas, se miraron con cariño y soltaron una risita nerviosa. En un par de minutos, el ambiente en el carro había cambiado, desde sombrío a festivo y curioso. Las sonrisas se habían contagiado y los ceños fruncidos habían desaparecido.
Cuando me bajé, debí reconocer que aquel instructor tenia razón. Una sonrisa era capaz de cambiar al mundo. Y mientras salía de la estación, seguramente seguía sonriendo, porque la gente me sonreía sin apartar la mirada. Incluso un desconocido me saludó cortésmente. Cuando llegué a la sala de clases, alegre y entusiasmado con la experiencia, mis propios compañeros me preguntaron que me pasaba. Con cierta vergüenza, les confesé que ¡una sonrisa había cambiado mi día!
Les cuento esto, porque esta recomendación puede parecer ilógica, pero si pruebas andar un día con una sonrisa a flor de piel, seguramente... ¡tendrás un día excepcional!

Como ya hemos visto, ser feliz implica una decisión, una forma sabia y generosa de interpretar los acontecimientos que vivimos. Decidir por el amor en lugar de la indiferencia; decidir por la verdad en lugar de la mentira; por el perdón en lugar del odio; por la justicia en lugar del privilegio; por la amabilidad en lugar del juicio. En resumen, decidir por una sonrisa. 
No resulta fácil tomar estas decisiones. No es sencillo vivir manteniendo el optimismo y la alegría. Ni fluir ante una realidad incomprensible. ¡No es fácil ser feliz! Es más, sabemos que la felicidad es consecuencia de nuestras acciones, nuestros pensamientos y nuestros sentimientos, por lo tanto somos responsables de nuestra felicidad. Y si no lo somos, es porque no sabemos cómo ser felices.
La felicidad es un arte que hay que desarrollar. Y la técnica que hay que dominar es mantener el optimismo, independiente de las circunstancias que vivamos. Tener una sonrisa siempre dispuesta, es el primer paso para generar pensamientos y decisiones que apunten hacia el bienestar. Es la tierra fértil donde se cultiva la alegría interior. En un cuerpo feliz, se cultivan pensamientos alegres y se toman decisiones optimistas.  
Paso a paso, lenta pero progresivamente, debemos aprender a recorrer el camino que nos lleva a la felicidad. Aprender a pensar, a sentir y actuar de una forma que nos haga bien. De eso se trata el trabajo que intentaremos desarrollar en este espacio. De ayudarnos a incrementar nuestro bienestar y nuestra felicidad. Comiencen acostumbrándose a sonreír. ¡Un pequeño gran paso hacia la felicidad!
Querer ser feliz es natural. Es propio de la naturaleza humana. Es un objetivo que bien vale la pena perseguir. Y es la tarea que nos adjudicaremos ahora. 
Comencemos por aceptar el desafío de sonreírle a la vida y continuemos haciendo cosas que nos hagan sentir bien. Cosas sencillas, como por ejemplo, perdonar a quienes nos molesten, agradecer a quienes nos ayuden, jugar con amigos, acariciar a nuestras mascotas, expresar cariño hacia nuestros seres queridos, meditar y hacer deporte, escuchar buena música, leer libros estimulantes, ayudar y colaborar, entre muchas otras cosas. Convirtamos nuestra vida en una experiencia maravillosa.
Ciertamente podemos aumentar esta breve lista pero tenemos que hacer un alcance...
Para tener éxito en nuestro objetivo de aumentar nuestra sensación de felicidad, no se trata sólo de las cosas que hagamos, sino de cómo las hagamos. Permítanme recomendarles: 
Sean apasionados, sin ser obsesivos.
Mantengan una perspectiva amplia y empática...
Descubran "cuanto" de algo es suficiente.
No acumulen sin razón...
Alégrense sin excederse y apénense sin marchitarse.
Sean moderados... 
Sean amistosos y compartan su alegría.
Contagien su felicidad...
Sobre todo, sean flexibles aunque nunca traicionen su autenticidad.

¡Y nunca, nunca, nunca... pierdan el sentido del humor!

Más razones para reír: ¡Ver aquí!


jueves, 25 de febrero de 2016

Sorpresas estimulantes

Cuando uno menos lo espera, la vida te sorprende. Un cambio de rumbo que te pilla desprevenido puede ser la semilla para una transformación profunda. Es que la rutina y los hábitos lentamente nos van convirtiendo en autómatas. Y sin querer queriendo, hemos tejido una cárcel cómoda de creencias y certezas que limita nuestra curiosidad y encajona nuestros pensamientos. Cuando nos acostumbramos a vivir en nuestra zona cómoda, dejamos de vivir y comenzamos a morir. 

Agradezco profundamente los 5 años que dediqué a la universidad. Conocí gente diferente y valiosísima, pude profundizar mis propias ideas y fomentar la creatividad en un mundo conservador muy distinto al que yo conocía.  Me atreví a explorar ideas innovadoras. Intenté contribuir con una mirada sistémica. Procuré conocerme mejor y creo haberlo conseguido. Advertí sombras y miedos que antes me eran invisibles. Amplié mi conciencia y desperté ante la incomodidad de vivir no siendo totalmente coherente y auténtico. Quise ser un aporte desde una perspectiva externa y fui propositivo aunque reconozco que pequé de ingenuo. No importa. Aprendí lecciones de humildad que me hacían falta y sobre todo, comprendí mejor la intrincada trama de la vida, la profunda interconexión de la realidad. En resumen, maduré. Tarde, lo sé, pero a tiempo.

Pero más agradezco que el camino -legítimo por cierto- que tomó la universidad, no fuese una ruta adecuada para mí. Una profunda reestructuración para sobrevivir a la reforma de la educación superior, cambió nuestros planes. A mediados de enero dejé de ser Decano de Educación en la Universidad Mayor. Lo cual me obliga, una vez más, a elegir el rumbo de mis pasos en forma independiente. ¡Qué oportuno! Nunca he sido un buen pasajero y confieso que pude acostumbrarme a serlo. Ahora, en la encrucijada del presente, he decidido creer en mis propias palabras. Ser totalmente coherente con mis convicciones sin ser fundamentalista. He decidido fluir. Recibir el presente con asombro y aceptar el devenir con esperanza y flexibilidad. Esta simple pero profunda decisión, me abrió un nuevo mundo. 
Andar por la vida sin juzgar, es calzar zapatillas mullidas y livianas. No resistirse a la deriva natural del cosmos es tranquilizador. Confiar en el Azar, expandir el pecho para abrir el corazón y mirar adelante con esperanza nos permite caminar erguidos hacia un futuro prometedor. Vivir sin esfuerzo es vivir mejor. Ahora ya no vivo la vida, la vida me está viviendo a mi. Y el panorama que me muestra es esplendoroso. Los milagros se suceden a diario y las sincronicidades se agrupan en torno a temas prioritarios. Son señales para dirigir nuestra atención hacia una vida más auténtica y armónica que respete nuestra esencia. Vivir sin oponer resistencia es como la navegación a vela, confiando en que alguien mucho más sabio e inteligente que nosotros, está a cargo del timón. Dejar que la vida fluya, disfrutar el presente y aceptar lo que nos depara el destino...¡Esto si es libertad!

Vivir esperando con gusto las sorpresas de la vida es como ir al cine e involucrarse en el argumento de una hermosa película inspirativa. Es puro aprendizaje para el espíritu. ¡Es una experiencia que tengo que recomendar! Es una decisión que te permite encontrar la felicidad. Lo que me ha ocurrido en este fluir, es maravilloso. Mucho mejor que lo que yo pude imaginar. Y sólo ha ocurrido porque decidí dejar de influir sobre los acontecimientos.

Así de simple. Porque la felicidad es una decisión personal, ni más, ni menos.

lunes, 28 de diciembre de 2015

El debate de fondo: la calidad

faro de Långe-Jan de Öland
Necesitamos un faro que nos oriente, una definición de calidad que fije el rumbo para una reforma educacional que parece desorientada y superficial. ¿Hacia dónde vamos? Todos tenemos una opinión. Pero no conseguimos articular una respuesta que proponga una visión educacional de largo plazo con la profundidad requerida para comprometer el futuro de nuestra juventud. Es una responsabilidad colosal, qué duda cabe. Y probablemente esto explica por qué las respuestas típicas nos parecen tan estrechas. Definir “calidad” es una tarea de todos. ¡De todos nosotros!

¡No podemos darnos el lujo de viajar sin rumbo! 

Así comienza la editorial de la revista Jiwasa, una publicación de la Facultad de educación que, al igual que este blog, pretende impulsar una reflexión más profunda acerca de lo que entendemos por calidad en el ámbito educacional.

Allí sostuvimos que estamos evaluando la educación con criterios estrechos y proponemos que se consideren al menos 5 dimensiones para juzgar la calidad. Aquí, sin embargo, podemos ser políticamente incorrectos. Sospechamos que el abuso en la simplificación no es inocente. Que detrás de ese reduccionismo existe la pretensión de ocultar el verdadero estado de la salud educacional. La educación tradicional y en especial, la educación pública está agonizando. Y, aunque la sintomatología es clara, nadie quiere ser el mensajero de esta triste noticia. 

Omitir el cuidado, por ejemplo, puede parecer imperdonable; pero incluirlo implicaría evaluar la higiene de los establecimientos, la alimentación, la infraestructura, la salud física y psicológica, la conciencia ambiental y la seguridad de los estudiantes. Todos aspectos donde la educación pública es especialmente deficitaria.  

Obviar la convivencia también pareciera inexcusable. Pero allí en donde la vulnerabilidad es alta, parece injusto tasar habilidades socio-emocionales, las relaciones y los valores predominantes. Y tal vez por eso, sencillamente los pasamos por alto, especialmente en donde más se necesita. 

Excluir el desarrollo de los talentos es, al menos, inexplicable. Pero cuando el currículo no se logra cubrir, tampoco queda espacio para actividades extracurriculares y menos, tiempo para cultivar aquellas aptitudes diferentes. Y entonces, medirlo en la educación pública sería inoficioso. 

Excluir el bienestar en la evaluación de la calidad educacional resultaría alienante si de verdad nos importara tener estudiantes felices. Pero ese jamás ha sido el verdadero propósito de la educación pública. Sería pedirle demasiado. ¿O no?

Nos contentamos entonces con mediciones de aprendizaje cognitivo mediante pruebas estandarizadas, que demuestran una gran brecha entre educación publica y privada. Brecha que duele, pero que escondemos con una serie correcciones para emparejar a todos y así, aliviar la vergüenza. 

La Prueba de Selección Universitaria PSU, sin embargo, demuestra lo indesmentible: la educación pública, salvo honrosas excepciones, es una condena de por vida. Usar este criterio para acceder a la educación superior es kafkiano. El ranking pretende corregir esta injusticia, pero los estudiantes arrastran un deficit cultural irremontable. 

Nos parece que muchos, demasiados... de verdad quieren evadir el diagnóstico. En realidad, nadie quiere medir la calidad. Si ahora nos avergüenza la desigualdad de oportunidades que tienen nuestros jóvenes, imagínense la amargura que nos consumiría al constatar el verdadero desnivel de la cancha educacional. 

Para no ver el problema, no lo miramos. Como si no verlo, lo minimizara. Pero lo agrava. Debemos atrevernos a mirar a la educación en todas sus dimensiones y reconocer donde hay que operar para eliminar el cáncer que afecta a la educación pública. Debemos distinguir las brechas, tender puentes y construir faros que nos ayuden a enmendar el rumbo. Hay que tener claro qué queremos cuando exigimos calidad. Y para eso, hay que entrar en el debate de fondo: la calidad.