miércoles, 19 de septiembre de 2012
martes, 21 de agosto de 2012
Profesor de personas
Cuando el educador se considera experto en una disciplina
determinada del currículo y considera que su tarea en enseñar esa disciplina,
está confundiendo su rol. Peor aun, se está definiendo como un intermediario
entre el especialista y el novato, colocándose en una posición inferior al
especialista y superior-al menos por un tiempo- al novato. Está, a nuestro
juicio, equivocado. El docente no debe identificarse con la disciplina que
imparte, ni debe permitir que la sociedad lo catalogue de esa manera.
Diríamos que aquel educador, tiene una crisis de identidad. Hay
demasiados profesores confundidos, que piensan que son profesores de un ramo.
Efectivamente tienen conocimientos específicos y una forma de resolver
problemas apropiada para cierta especialidad. Conocen el lenguaje y comparten
ciertos códigos, propios del área. Saben mirar con los anteojos del experto y
nos ayudan a comprender un tema desde la perspectiva del especialista. Son, en
esencia, traductores de un idioma que no dominamos. Pero no son verdaderos
expertos en esa disciplina.
Plantearse como experto en un ramo, equivale a menospreciar el
papel del educador frente al especialista. Es rendirse a la superioridad del
experto y aceptarse como un profesional de segunda categoría. En esto, muchos
profesores y también muchas personas cometen una injusticia gigantesca. La
verdadera especialidad del educador es, justamente, la pedagogía; palabra que
viene del griego paidos (niño) y gogos (conducir). ¡El educador es un conductor
de jóvenes! Un acompañante del estudiante hacia su autonomía.
El profesor que se autodefine como un tutor que colabora en el
desarrollo del joven, construyendo una relación de confianza para conducirlo hacia
la autonomía, fomentando su curiosidad y apoyando su aprendizaje...reconociendo además,
sus talentos e individualidad para que se realice contribuyendo a la sociedad
con integridad; ese profesor no solo sabe cual es su trabajo; sino también
conoce el singular valor del docente y ¡apuesto que es un verdadero maestro!
Los educadores son expertos en la principal disciplina para el
progreso de la humanidad, la formación responsable e integral de nuestra
juventud. En la disciplina más importante para nuestro futuro. Son, en
definitiva, profesores de personas. Cuando la sociedad y ellos mismos se vean
de esta forma, la dignidad de la profesión docente será restablecida a la
categoría que le corresponde.
miércoles, 15 de agosto de 2012
La felicidad en la educación
En la primera mitad del siglo pasado, mientras Piaget, Dewey, Montessori y Vigotsky revolucionaban la educación occidental con nuevas miradas, Tsunesaburo Makiguchi un educador japonés proponía una educación orientada a la felicidad para lograr una sociedad de bienestar. Un visionario extraordinario, que ya en esa época sugería que "el objetivo de la educación no era transferir conocimientos, sino guiar el proceso de aprendizaje y entregar al estudiante métodos para investigar". Makiguchi sostenía que el aprendizaje producía alegría. En Oriente hay colegios y universidades que siguen esta línea.
En cambio, en Occidente, la felicidad no parece formar parte del proceso educativo. No está en el currículo, ni en la mente de los profesores, alumnos o directores. Parecería extraño entonces que los padres condenen a sus hijos a 14 años de ausencia de felicidad; pero ellos vivieron lo mismo y tampoco conciben la posibilidad de una educación entretenida.
Organizamos un desayuno para comentar sobre la felicidad en la educación y preguntarnos si es posible que la educación fuese fuente de bienestar y felicidad. Invitamos a un emprendedor como Roberto Bravo de Desafío Levantemos Chile; a una Arquitecta como Mónica Barros, que se convirtió en profesora y está feliz haciendo clases en La Pintana; a un biólogo, Humberto Maturana junto a una orientadora, Ximena Dávila, ambos co-fundadores de la Escuela Matríztica quienes propugnan una transformación en la convivencia "amorosa"; un psiquiatra como Daniel Martinez investigador del bienestar estudiantil y un poeta-profesor como Erick Pohlhammer que es auténtico como pocos. Participaron además, ex-ministros de educación, decanos y rectores, profesores y estudiantes.
Perspectivas muy diferentes que enriquecieron la conversación y que nos hicieron reconocer que nuestras propias experiencias nos hacían tener una mirada limitada. Somos poco objetivos, porque somos seres emocionales. Finalmente, pienso que todos salieron de la reunión con una idea más amplia de como podemos hacer de la educación un proceso más alegre y lúdico; de que necesitamos escuchar más a quienes piensan diferente; de que nuestro punto de vista es solo una parte de la verdad y que el diálogo respetuoso y considerado puede contribuir a nuestro crecimiento.
Aunque no se dijo en forma explícita, la conclusión a que llegamos es que la felicidad debe ingresar a la escuela y a la universidad. Y los educadores somos los responsables de hacerlo. ¡Ojalá lo intentemos!
En cambio, en Occidente, la felicidad no parece formar parte del proceso educativo. No está en el currículo, ni en la mente de los profesores, alumnos o directores. Parecería extraño entonces que los padres condenen a sus hijos a 14 años de ausencia de felicidad; pero ellos vivieron lo mismo y tampoco conciben la posibilidad de una educación entretenida.
Organizamos un desayuno para comentar sobre la felicidad en la educación y preguntarnos si es posible que la educación fuese fuente de bienestar y felicidad. Invitamos a un emprendedor como Roberto Bravo de Desafío Levantemos Chile; a una Arquitecta como Mónica Barros, que se convirtió en profesora y está feliz haciendo clases en La Pintana; a un biólogo, Humberto Maturana junto a una orientadora, Ximena Dávila, ambos co-fundadores de la Escuela Matríztica quienes propugnan una transformación en la convivencia "amorosa"; un psiquiatra como Daniel Martinez investigador del bienestar estudiantil y un poeta-profesor como Erick Pohlhammer que es auténtico como pocos. Participaron además, ex-ministros de educación, decanos y rectores, profesores y estudiantes.
Perspectivas muy diferentes que enriquecieron la conversación y que nos hicieron reconocer que nuestras propias experiencias nos hacían tener una mirada limitada. Somos poco objetivos, porque somos seres emocionales. Finalmente, pienso que todos salieron de la reunión con una idea más amplia de como podemos hacer de la educación un proceso más alegre y lúdico; de que necesitamos escuchar más a quienes piensan diferente; de que nuestro punto de vista es solo una parte de la verdad y que el diálogo respetuoso y considerado puede contribuir a nuestro crecimiento.
Aunque no se dijo en forma explícita, la conclusión a que llegamos es que la felicidad debe ingresar a la escuela y a la universidad. Y los educadores somos los responsables de hacerlo. ¡Ojalá lo intentemos!
sábado, 21 de julio de 2012
¿Gallinero?
Hace algunas semanas, tomaba un café con un viejo amigo, bastante
agudo, punzante e irreverente. Intentaba explicarle porqué había decidido
trabajar en educación. Me interrumpió
abruptamente e hizo uno de esos comentarios que se quedan dando vueltas en la
mente.
-Francamente, no entiendo porqué decidiste trabajar en un gallinero-
y siguió tomando su café como si no hubiese pasado nada.
Recuerdo que me reí, sin saber si era una risa nerviosa o una
forma de disimular el golpe, pero no le contesté. La verdad, no supe qué
contestarle. Como era su costumbre, me había descolocado. Somos muy distintos,
y por lo mismo tengo demasiado respeto por él como para suponer que era un
comentario al azar. Nuestra conversación continuó, con la implícita promesa de
volver sobre el tema.
Me llevé la tarea para la casa. Tendría que consultar con la
almohada. ¿Acaso se refería a que en la educación solo trabajaban personas
miedosas? Podría ser, puesto que es bastante conocido el dicho en inglés: “If
you can, do; if you cant, teach”, en referencia a la proverbial diferencia
entre la teoría y la práctica y por supuesto a que la educación está repleta de
teóricos sin la valentía suficiente como para asumir riesgos. Demasiados
profesores creen que saben, pero no se atreven a demostrarlo. Ni siquiera a
ellos mismos. No hay nada más enemigo de la reflexión que creer que sabemos y
perder la curiosidad de encontrar aquello que no sabemos y mantener la
convicción de que hay mucho más que no sabemos que no sabemos. En eso, mi amigo
tenía un punto. Muchos profesores no se respetan a sí mismos. No lo suficiente
para mantener viva la ilusión que los llevó a elegir el camino de la pedagogía.
Lo que es peor, la sociedad tampoco los respeta y sin embargo, les encarga la
formación de nuestros jóvenes.
Esto coincidía plenamente con mi absoluta convicción de que uno de
los principales desafíos de la educación, era recuperar la dignidad de la
profesión docente.
Pero como corresponde a una metáfora interesante, también podría
tener otro sentido. Por ejemplo, indicar que los de arriba “perjudicaban” a los
de abajo. Como en un gallinero. En medio de la discusión sobre el lucro y de la
rebelión estudiantil, eran evidentes los excesos del poder y la excesiva
jerarquización del sistema. No me refiero solo a la estructura organizacional.
El castigo y la violencia siempre se ensaña con los diferentes. Finalmente, los
estudiantes y entre ellos, los más pequeños, son los más perjudicados.
Esto también coincidía con mi deseo de “aplanar” y democratizar el
mundo educacional, entendiendo que se trata de enseñar a nuestros jóvenes a
convivir en el respeto. No se puede aprender a respetar en un ambiente de
obediencia irreflexiva, de castigos desproporcionados o donde el bullying es
tolerado. Necesitamos recuperar el respeto en la convivencia escolar.
Bueno, también podría haberse referido a la estandarización de los
procesos y de los alumnos. Gallinas ponedoras y pollitos homogéneos, de acuerdo
con las preferencias del mercado. Efectivamente un gallinero representaba bien
a un sistema educacional orientado a la producción sistemática de estudiantes
capacitados para ser un engranaje de la economía.
Esa interpretación concordaba con mi postura de que hay
que personalizar a la educación.
O tal vez, se refería a la protección del gallinero, cuyos muros
resguardan a los pollos y gallinas de
los peligros del mundo real. Tal vez hablaba de colegios, ramos y aulas
desconectadas de la sociedad. Esto se parecía a mi deseo de eliminar los
límites del aula y del colegio. La educación debe entenderse como un proceso
de convivencia social continuo y permanente. No empieza ni termina al
cruzar los límites de la escuela.
Pero algo me hacía pensar que su intención era señalar que en la
educación los estudiantes no aprendían a volar. Muy en la línea de mi idea de
que los
estudiantes deben hacerse responsables de su educación, desarrollar pensamiento
independiente y convertirse en emprendedores responsables.
Después de todo, la imagen de la educación como un gallinero ya no
me parece tan agraviante. Capaz que haya sido su forma de señalarme los
desafíos que debía enfrentar. La próxima vez que nos juntemos a tomar un café,
le preguntaré a qué se refería con trabajar en un gallinero. Tal vez me vuelva
a sorprender.
jueves, 5 de julio de 2012
sábado, 23 de junio de 2012
Vientos de cambio
En
el ámbito de la educación, soplan vientos de cambio. Parecen presagiar una
tormenta que remecerá los cimientos del modelo educacional que conocemos.
Hace
pocos días el Mineduc entregó una verdadera carta de navegación para las
facultades que forman docentes, señalando los requisitos mínimos que debe
cumplir el futuro profesor. Fue acompañado entre otros por Mariana Aylwin, reforzando
la idea de continuidad de las políticas orientadas a mejorar la calidad de
nuestra educación.
En
los estándares orientadores para egresados de educación parvularia, pedagogía
en educación básica y media, se detallan las características de los
profesionales del siglo 21:
“Se espera que el futuro profesional,
al egresar esté preparado para enfrentar un entorno cambiante, para ello, debe
desarrollar habilidades y actitudes personales tales como capacidad de trabajo
colaborativo, autonomía, flexibilidad, capacidad de innovar, disposición al
cambio y proactividad. Al mismo tiempo y como complemento se espera que tenga
una sólida formación en valores, y presente un comportamiento ético adecuado.
Además, tiene que ser capaz de comunicarse por escrito y oralmente en forma
eficaz en su lengua original y en una segunda lengua. Por otra parte, se espera
que el futuro profesional demuestre habilidades en el uso de tecnologías de la
información y la comunicación. De igual forma, deberá poseer un comportamiento
que refleje un nivel cultural adecuado a las exigencias de un mundo
globalizado. Del mismo modo, debe mostrar un espíritu de superación personal y
profesional, por lo cual debe tener conciencia del desarrollo profesional como
una constante de vida.”
Estas
características son transversales, para todos los educadores y dan cuenta de un
cambio cultural profundo en la formación inicial docente.
Según
indicaron nuestras autoridades, la prueba inicia, evaluará estos estándares
mínimos exigidos para cada carrera y será, en breve, obligatoria y habilitante.
A mayor abundamiento,
señalaron que las acreditaciones estaban en revisión, de modo que se orientaran
más a resultados que a procesos y que resuelvan de mejor forma, los posibles
conflictos de interés; entre otros ajustes. Fueron categóricos al señalar que
las futuras acreditaciones también evaluaran las características de nuestros estudiantes
y egresados.
No
tenemos dudas de que las exigencias aumentarán. Tendremos que prepararnos.
Tampoco tengo dudas de que nuestros profesionales sabrán responder al desafío
que hemos recibido. El cambio es urgente y necesario. Como señala un viejo
axioma, “Si continuas haciendo lo que
siempre has hecho, continuarás obteniendo lo que siempre has obtenido”.
Esta verdad, puede ser dolorosa para algunos y motivante para otros. Pero en cualquier caso, quisiéramos que nuestros académicos acepten la aventura del cambio, con un rumbo claro y preciso, siempre hacia una educación de mejor calidad. Una aventura apasionante e ineludible para quienes entendemos a la educación como arquitecta de la sociedad del futuro.
domingo, 27 de mayo de 2012
Los nuevos anteojos: El proyecto GooGle
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Una proposición para dejar las anteojeras que nos hacen correr por la vida persiguiendo objetivos y modernizar nuestra forma de entender al mundo. ¡Un mundo interconectado!
Una proposición para dejar las anteojeras que nos hacen correr por la vida persiguiendo objetivos y modernizar nuestra forma de entender al mundo. ¡Un mundo interconectado!
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