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sábado, 27 de diciembre de 2025

El papel de la Conciencia


La Conciencia
: el escenario donde la realidad ocurre

En la lección anterior descubrimos algo inquietante:
la realidad no es lo que nuestros sentidos nos dicen que es. Vivimos inmersos en movimientos cósmicos vertiginosos que no percibimos, sostenidos por fuerzas invisibles que solo intuimos cuando la ciencia nos las revela.

Hoy surge la pregunta inevitable:

Si la realidad no es lo que sentimos…
¿dónde ocurre realmente la realidad que experimentamos?

La respuesta nos conduce a un territorio aún más profundo: la Conciencia.

La realidad no ocurre “afuera”

Nada de lo que llamamos realidad llega a nosotros de manera directa.
La luz no es color. El sonido no es música. La presión no es forma.
Todo eso se transforma recién dentro de la Conciencia.

Los sentidos captan señales físicas.
El cerebro las procesa.
Pero es la Conciencia la que experimenta, integra y da sentido.

Sin Conciencia:

  • no hay colores,

  • no hay sonidos,

  • no hay tiempo vivido,

  • no hay significado.

Un universo sin Conciencia sería un universo sin experiencia.
Existiría, quizás, pero no sería real para nadie.

La gran inversión conceptual

Durante siglos asumimos que la Conciencia era un producto tardío del Universo:
primero la materia, luego la vida, después el cerebro… y al final, la conciencia.

Hoy, la frontera del conocimiento empieza a invertir esa narrativa.

Cada vez más enfoques científicos y filosóficos sugieren que:

  • la Conciencia no emerge de la materia,

  • la materia emerge dentro de la Conciencia.

No como una idea mística, sino como una hipótesis rigurosa:
la Conciencia sería el campo fundamental donde la información se organiza, donde las fuerzas interactúan y donde la realidad se vuelve experiencia.

Conciencia y fuerzas: el punto de encuentro

Si en la Lección 1 vimos que la realidad física se estabiliza por el equilibrio entre fuerzas opuestas (expansión y atracción), aquí aparece una analogía reveladora:

La realidad no ocurre fuera de nosotros. Aparece en el campo de la Conciencia que la vive.
La realidad no ocurre fuera de nosotros.
Aparece en el campo de la Conciencia que la vive.

La Conciencia cumple un rol similar.
Es el espacio de equilibrio donde lo posible se vuelve actual.

  • No empuja ni atrae: hospeda.

  • No crea desde la fuerza: permite.

  • No impone forma: la hace visible.

La realidad no “entra” a la Conciencia.
Aparece en ella.

Tú no estás dentro del Universo

Esta es quizá la idea más disruptiva de todas:

No es la Conciencia la que está dentro del Universo.
Es el Universo el que aparece dentro de la Conciencia.

Tu experiencia del cosmos —la Tierra, el cielo, el movimiento, el tiempo— ocurre siempre en el mismo lugar:
el campo consciente que eres.

Eso no te convierte en el centro del Universo.
Te convierte en un punto de encuentro donde el Universo se experimenta a sí mismo.

La consecuencia evolutiva

Si la Conciencia es el escenario donde la realidad ocurre, entonces evolucionar no es solo acumular tecnología o conocimiento externo.
Evolucionar es expandir, refinar y armonizar la Conciencia.

Un ser humano tecnológicamente potenciado pero conscientemente inmaduro es un riesgo planetario.
Un ser humano consciente, alineado con el Amor y la armonía, es una fuerza evolutiva.

La supervivencia de nuestra especie no depende solo de lo que hagamos con la materia,
sino de desde dónde lo hagamos.

Y ese “desde dónde” es la Conciencia.

jueves, 18 de diciembre de 2025

El diálogo entre fuerzas opuestas

 

Lección acerca de nuestra realidad..., 

y de lo efímero de nuestras certezas

 

Nuestra realidad no es lo que vemos: es lo que interpretamos

Durante siglos creímos que la Tierra estaba quieta y que todo el cosmos giraba a nuestro alrededor. El Sol salía por el oriente y se ocultaba por el poniente. La Luna nos seguía. Las estrellas parecían girar en la bóveda nocturna. Nuestros sentidos eran concluyentes: estábamos inmóviles.

Hoy sabemos que la certeza con que vivieron nuestros antepasados era una gran ilusión.

La Tierra gira sobre su eje a más de 1.600 km/h. Al mismo tiempo, se desplaza alrededor del Sol a unos 107.000 km/h. El Sol, a su vez, gira alrededor del centro de la Vía Láctea a más de 800.000 km/h. Y nuestra galaxia completa se desplaza por el espacio profundo a velocidades aún mayores.

Y, sin embargo, no sentimos nada.

No percibimos el vértigo.
No sentimos el giro.
No advertimos el desplazamiento.

Nuestros sentidos —tan confiables para sobrevivir— son profundamente limitados para comprender la realidad.

La ilusión sensorial

Si realmente estuviésemos girando a esas velocidades, nuestra intuición nos dice que deberíamos salir despedidos al espacio. La fuerza centrífuga debería empujarnos violentamente hacia afuera. Pero eso no ocurre. Permanecemos firmemente adheridos al planeta.

¿Por qué?

Porque junto a esa fuerza de expansión actúa otra, silenciosa pero poderosa: la fuerza centrípeta, que nos atrae, nos equilibra y nos mantiene conectados con la Tierra. Ambas fuerzas operan simultáneamente, aunque solo una aparece “evidente” para nuestros sentidos.

La experiencia es reveladora:
👉 la realidad no es lo que sentimos, sino el resultado de fuerzas que no percibimos directamente.

Necesitamos una nueva forma de entender lo real

Si aceptamos que nuestros sentidos nos engañaron durante siglos haciéndonos creer que éramos el centro inmóvil del cosmos, entonces se abre una pregunta inevitable:

¿Qué otras ilusiones seguimos confundiendo hoy con la realidad?

Desde esta perspectiva, resulta razonable suponer que la realidad no es una “cosa sólida y objetiva” ahí afuera, sino una manifestación dinámica, provocada por la interacción de fuerzas opuestas y complementarias. 

Esta intuición encuentra un eco profundo en la propuesta científica de Irfan Boko, conocida como Gravedad Dual: una visión donde la realidad emerge del equilibrio entre dos fuerzas fundamentales —una expansiva y otra atractiva— cuya interacción genera estabilidad, forma y experiencia.

No es solo la masa la que curva el espacio.
No es solo la atracción la que crea orden.
Es el diálogo entre fuerzas opuestas lo que sostiene la existencia.

La gran lección

La historia del cosmos nos enseña algo esencial:
nuestros sentidos no revelan la verdad última; solo construyen una narrativa funcional para vivir.

Más aún, todos los seres humanos hemos construido "realidades subjetivas" en base a nuestras creencias, que en último término son narrativas para ayudarnos a conivir. Pero todas son diferentes. 

Comprender la realidad exige ir más allá de lo que vemos, tocamos o sentimos. Exige integrar razón, ciencia, intuición y conciencia. Exige aceptar que lo real no es estático, sino relacional

Tal vez la realidad —como nosotros mismos— no sea una cosa, sino un equilibrio vivo. Un equilibrio delicado y siempre cambiante que requiere una permanente reconciliación entre puntos de vista aparentemente opuestos. Y es por eso que la empatía, esa capacidad de mirar las cosas desde el punto de vista del otro, es la mejor fórmula para vivir y convivir. Abramos nuestras mentes a nuevas creencias y abracemos al que piensa distinto porque nos muestra otra perspectiva que nos enriqquece. 

En las próximas lecciones exploraremos qué papel juega la Conciencia en esta construcción, y por qué podría ser el verdadero origen de toda realidad experimentada.

Porque, como ya aprendimos una vez,
lo que hoy parece evidente…
mañana podría revelarse como una hermosa pero engañosa ilusión.