miércoles, 2 de agosto de 2017

El cambio cultural y la política

El extraordinario efecto de la internet nos está cambiando. Estamos viviendo una transformación cultural, tan radical que podríamos considerarla sin precedentes. Al menos en la era moderna. Se trata de un profundo cambio de pensamiento. Una nueva manera de interpretar la realidad. Una nueva religión, según Ken Wilber. Estamos en presencia de nuevos valores y nuevas creencias. 
El mundo está experimentando una crisis existencial, que ha puesto a prueba las viejas formas de resolver problemas. La humanidad está expandiendo su conciencia, dándose cuenta ahora, de cosas que en el pasado había relegado al inconsciente colectivo. Lo que antes era aceptado, hoy es cuestionado. Estamos usando una vara más exigente para juzgar nuestros actos. Y eso se nota en todas partes..., excepto en la política, donde nuestros representantes parecen desconcertados por el desprestigio.
El cambio climático es una expresión física de esta crisis. Toda transformación externa se debe a un cambio interno. Y viceversa. El mundo está cambiando física y mentalmente. 

Veamos pues, ¿cuales son estos grandes cambios?
1º. Estamos hiperconectados:
La primera gran toma de conciencia tiene que ver con la interconectividad de todas las cosas. Estamos profundamente entrelazados, aunque no veamos los hilos que nos unen. Todos nuestros actos tienen repercusiones. Consecuencias que muchas veces son imprevistas. Nada de lo que hacemos, pensamos o creemos es inocuo. Afecta nuestro futuro y nuestro entorno. En consecuencia, somos responsables del mundo que vivimos. Esta primera conclusión, nos permite darnos cuenta de que no somos los individuos independientes que creíamos antes. Ahora, que somos más sensibles a las repercusiones de nuestros actos, necesitamos redefinir lo que entendemos por comportamiento ético. Porque vivimos juntos en una comunidad construida en base a la cooperación.
2º. El mundo es transparente:
La increíble penetración de internet y las redes sociales han producido un mundo virtual donde todos nuestros actos están registrados y pueden ser revisados. Quedan huellas de nuestros correos y nuestras opiniones o conversaciones, de modo que ya no podemos usar máscaras para aparentar. Estamos obligados a ser más auténticos. No podemos borrar nuestra historia, de modo que nuestra coherencia puede ser cuestionada. Un viejo error nos va a perseguir eternamente. Como el error de la violencia que hoy persigue a un diputado. No podemos borrar los errores. Solo podemos arrepentirnos y aprender de ellos. La transparencia de internet nos quita intimidad, pero muestra quienes somos realmente y no quienes pretendemos ser.
3º. Seremos juzgados con más severidad: 
Esa misma transparencia no hace sentirnos observados siempre. Nuestro comportamiento es público. Como las viejas prácticas hoy no son aceptadas, debemos evolucionar y adoptar estándares más estrictos, acordes con los tiempos que vivimos. La conducta ética hoy, es un imperativo social. Por ejemplo: Fumar ya no es una decisión estrictamente personal, afecta a terceros; cazar por deporte; talar, pescar o explotar indiscriminadamente; el nepotismo, los cuoteos políticos y los favores condicionados, son prácticas antiguas que terminarán por extinguirse. No son aceptables en la actualidad. 

Cada vez es más claro que los políticos no están conscientes del cambio cultural. Siguen haciendo política entre 4 paredes, atornillándose a sus puestos, preocupándose de mantenerse en el poder, más que en el bienestar social. No comprenden porqué está tan desprestigiada su noble actividad y tampoco se hacen responsables del desprestigio. No comprenden que sus actos son transparentes, que están siendo juzgados a diario y que los estándares hace rato que subieron. La vieja manera de hacer política debe extinguirse. Por el bien de la sociedad.

La actual crisis de la Democracia Cristiana es una demostración dramática de lo que señalamos. Un candidato a diputado con antecedentes de violencia intrafamiliar no es aceptable en estos tiempos. Pretender defenderlo tampoco. Postularlo, una aberración. La presidenta del partido podría vetarlo, pero la quieren obligar a apuntar con su pulgar hacia abajo. Es otro craso error. El partido tenía la oportunidad de redimirse, actuando como colectividad. Todos debieron sumarse a la limpieza que necesita la política. En cambio, algunos "honorables" siguen creyendo que viven en el siglo XX. La presidenta está reflexionando con justa razón. Ha pasado por momentos difíciles antes y sabe cuando las decisiones son importantes. Si dentro de sus camaradas no existe unanimidad para reprochar estos comportamientos, tal vez sea mejor renunciar y comenzar un nuevo partido. Un partido para el Chile del siglo XXI. Conectado, transparente y ético.






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