lunes, 1 de mayo de 2017

Diagnóstico equivocado

Francamente decepcionado, bastante molesto y hasta un poco divertido. Esa es una sensación que describe bien lo que me produjo ver los diagnósticos de nuestras autoridades educativas frente a los resultados de las pruebas SIMCE. 
Confieso que pensé en horrorizarme, pero ya tengo demasiadas evidencias de la incapacidad del ser humano de hacer diagnósticos acertados desde dentro del bosque. De modo que la miopía del Mineduc y su Agencia de Calidad, no me extrañan. Ningún funcionario, en ese ambiente demasiado sensible a las ideologías políticas, exacerbado en un año electoral, es capaz de hacer un diagnóstico holístico y con visión de largo plazo. 
De modo que decidí temperar mis emociones. Me decepcioné por las publicaciones que culpaban a la tecnología de los malos resultados en comprensión de lectura, me molesté con la proverbial incapacidad del gobierno para mejorar la educación pública y me reí con las explicaciones que los supuestos expertos esgrimían. Ni Yerko Puchento es capaz de inventar ese tipo de teorías. 
Ya se ha dicho reiteradamente en esta y en otras publicaciones serias, que las pruebas estandarizadas son herramientas que deben utilizarse correctamente. Los resultados que muestran una baja en la comprensión lectora de los adolescentes, demuestran un cambio cultural relevante. Nuestros jóvenes están buscando información más visual, precisa y concisa, que la que ofrecen los libros tradicionales. Nuestros adolescentes, y especialmente los varones necesitan respuestas más inmediatas. Prefieren videos, memes y fotos. Saben perfectamente que "una imagen vale mil palabras". Ellos viven un porcentaje importante de sus vidas, en un mundo virtual, más rápido y más conectado, comunicándose con un lenguaje diferente al de sus padres y abuelos y resolviendo varios problemas al mismo tiempo. Usan un lenguaje que pretende ser eficiente, donde la forma es menos relevante que la rapidez de la retroalimentación. Y atienden lo justo y necesario a cada problema puesto que no es el único que están resolviendo. Los humanos, todos, estamos dejando espacio neuronal libre, que antes usábamos para memoria, para procesar información. Ya no necesitamos bodegas de datos para números de teléfonos, fechas de cumpleaños o las tablas de multiplicar. Al menos, no tanto espacio como antaño. Ya no necesitamos aprender cosas de memoria. Es algo que nuestra educación tradicional debe aceptar. 
Nuestros jóvenes han desarrollado mentes para la multitarea, concediendo la mínima atención focalizada a cada situación y privilegiando la rapidez de respuesta para pasar al siguiente desafío. Porque viven en ese mundo. Se han adaptado a esa realidad virtual en la que están profundamente inmersos. ¡Esa es una gran noticia!
Nuestro jóvenes, tienen mentes plásticas y postmodernas, apropiadas para la era tecnológica. No son ellos los que deben adaptarse a textos obsoletos y a los profesores que piensan que ellos deben leer las ingeniosas aventuras del hidalgo caballero, don Quijote de la Mancha. No lo harán. A lo más, leerán un extracto de resumen conseguido en internet. Y se perderán de acceder a la verdadera fuente de sabiduría que un clásico puede proporcionar, porque no es un texto adecuado a los tiempos de un estudiante del siglo XXI. 
No son los jóvenes, los que deben cambiar. Son las prácticas pedagógicas. Ese es el problema. Y mientras las autoridades sigan preocupadas de no enojar al colegio de profesores, seguiremos encontrando funcionarios que estigmaticen la tecnología, o peor aun, a los patines que usan los colegios privados.
Las pruebas estandarizadas deben evaluar la comprensión lectora en el contexto real de un mundo hiperconectado y tecnológico. Las preguntas están mal formuladas. Deben actualizarse con urgencia. Ojalá por profesores milenials. Nuestras autoridades están viendo la enfermedad en el lugar equivocado. Es la obsolescencia, ¡Estúpidos!
Pero las mismas pruebas están demostrando algo que nuestras autoridades olvidan: los cerebros de hombres y mujeres son distintos. Procesan la información con estrategias diferentes. Y sin embargo, insisten en la igualdad de género, olvidando los miles de años de aprendizaje evolutivo y los descubrimientos de la neurociencia. Por supuesto que hay que enseñar a ambos a leer, pero no se extrañen que tengan resultados diferentes. Hombres y mujeres piensan diferente. Unos son de Marte, otras son de Venus. Es la biología, ¡estúpidos!
Y también esas mismas pruebas, están demostrando que el contexto es muy relevante a la hora de educarse. La educación privada obviamente sale favorecida porque el ambiente cognitivo en el colegio es superior. Y en lugar de mejorar el entorno de las escuelas públicas y apoyar a las familias mas necesitadas, esas autoridades prefieren destinar todos los recursos del país, a dar gratuidad universitaria. Es la cultura, ¡estúpidos!
¡Cuando uno recibe un diagnóstico tan ridiculo, debe cambiar de médico!
Llegó la hora de enjuiciar a los irresponsables.



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