lunes, 23 de enero de 2017

Un nuevo paradigma educacional


Necesitamos actualizar nuestros sistemas educativos, en función de los grandes descubrimientos científicos. Nuestra educación no funciona porque está diseñada para un mundo que cambió. Pretende instruir y condicionar a nuestros jóvenes preparándolos para vivir en un mundo casi exclusivamente material. Les entrega una visión newtoniana y dualista del universo, propia de la modernidad y por lo tanto obsoleta, que no funciona bien en los otros mundos que habitan nuestros jóvenes. El sistema industrial vigente, basado en el materialismo científico, ya no sirve. Genera personas individualistas y egoístas. Las vemos en todas partes y en todas las profesiones.

Ya hubo un cambio paradigmático en educación. Originalmente, las religiones se hicieron cargo de la educación masiva y se concentraban en entregar valores para la convivencia, dejando a la familia a cargo del cuidado. Era una educación moralista y religiosa que corresponde al paradigma tradicional, donde el premio y el castigo son determinantes y la autoridad del profesor es indiscutible. En el mundo moderno, la ciencia ha desplazado a la religión en estas materias y ha impuesto una mirada más pragmática. Ahora la educación se concentra en preparar al estudiante para ganarse la vida. El cuidado, los valores, la cultura y la convivencia han quedado rezagados. Tenemos una educación utilitaria y superficial. Por eso necesitamos rediseñarla. Hay que hacerse cargo del cuidado de nuestros niños, recuperar los valores, profundizar la cultura y adaptarnos a una convivencia respetuosa ante la diversidad. Es decir, tenemos que recuperar lo que la educación perdió, mantener el pragmatismo científico y agregarle lo que hoy sabemos que le falta...

Necesitamos una visión de mundo que incorpore nuestras emociones y sentimientos. Una mirada que valore el comportamiento ético, la creatividad y la cooperación. Un mapa que además del mundo externo, la realidad material, incluya al mundo interno, aquel donde habitan nuestras ideas y pensamientos, nuestros valores y creencias, y considere al mundo virtual, donde nos comunicamos y conectamos con otros humanos y también al mundo espiritual, donde encontramos sentido a la vida y nos conectamos con el cosmos. Nuestra sociedad necesita personas íntegras, sensibles, responsables y felices. El tipo de personas que nuestra educación ya no desarrolla.
La física cuántica es un marco teórico que permitiría incluir esos nuevos mundos, en la educación. Y es que, aparte de las necesidades materiales, tenemos necesidades emocionales, creativas y espirituales que nuestra educación hoy, mira con cierto desdén y minimiza su relevancia. Pero son fundamentales. Necesitamos recuperar la importancia de vivir en un ecosistema interior sano. Nuestra mente debe crecer libre de prejuicios...
La realidad es cuántica. Esto ya es un hecho científicamente probado. Cada presente tiene muchas posibilidades, pero es el resultado de la observación colectiva. Nuestros pensamientos tienen efectos en el mundo exterior. Los sucesos, aparentemente desconectados, tienen significado. No estamos solos. Estamos tan conectados que es imposible saber donde termina uno y comienza el otro. Lo que percibimos con nuestros sentidos es apenas una ilusión. Hay mucha información invisible en las experiencias que vivimos. Tenemos que aprender a percibir pensamientos, sentimientos, emociones y sobre todo, intuiciones. Aprender a reflexionar en cooperación con otros. En la realidad cuántica, todo esto sucede aunque sabemos que es mucho más compleja aún. No pretendemos explicar aquí las sorpresas que encontramos en un mundo cuántico. Lo que si pretendemos, es pedir que tengamos la mente abierta a la transformación de nuestros mapas mentales. Los viejos mapas hay que botarlos y reemplazarlos por mapas con más dimensiones y mejor información. Nuestras viejas certezas deben diluirse.

Según el paradigma cuántico, los estudiantes son el resultado de sus elecciones en el pasado y su futuro está abierto a incontables posibilidades. Ayudar a que el estudiante se transforme en su óptima posibilidad, es la tarea de la nueva educación. Y la optimización ya no depende de factores externos, como el currículo, o las notas, o el colegio donde se educa, sino principalmente de aspectos internos, como su historia, sus motivaciones, sus talentos y sus valores y creencias. El conocimiento que adquiere el estudiante depende de él mismo y de su definición personal de bienestar.


En esta visión de mundo, el estudiante ya no es un observador pasivo, mas bien es un creador activo, responsable de las experiencias que se le presentan. Y dichas experiencias tienen por objeto, generar aprendizaje. Su tarea es procesar la experiencia para ampliar su conciencia y transformarse en una mejor versión de si mismo.

Esta manera de ver las cosas, está orientada a generar personas felices y responsables, éticas y conscientes, viviendo en armonía con su ecosistema. Por lo tanto, jóvenes que se comportan sustentablemente. Estudiantes que conocen el significado de la palabra suficiente y que no dañan su medio ambiente.

Pero principalmente, permite desarrollar las necesidades espirituales de los estudiantes y darles sentido a sus vidas, permitirles imaginar lo imposible y expandir sus limites, para finalmente comprender que cada uno de nosotros es manifestación de la energía evolutiva del cosmos. Ya no estamos separados. Somos uno.

Por eso la formación de profesores debe cambiar para incorporar el cuidado, la innovación, el desarrollo de talentos, la psicología jungiana y la salud física y mental como disciplinas básicas. Los nuevos profesores, tendrán que ser expertos en el desarrollo de mentes abiertas y sanas. Por eso pienso que en los colegios deben haber psicólogos, artistas, filósofos, sociólogos, nutricionistas, músicos, deportistas, actores, humoristas, emprendedores, biólogos, escritores, enfermeros, arquitectos, neurocientíficos y comunicadores, entre muchas otras profesiones. Circunscribir las relaciones de los estudiantes exclusivamente a profesores, es una afrenta en contra de la diversidad que queremos fomentar. El colegio debe tomarse en serio el ampliar el espectro de posibilidades de sus estudiantes. En estas materias, muchos de los padres pueden y deben participar.

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