martes, 10 de enero de 2017

La semilla de Naranjo

Escuchar a Claudio Naranjo en el Congreso del Futuro 2017, fue una experiencia iluminadora y refrescante. Una experiencia urgente para cualquier educador que se toma en serio su rol en el siglo 21. En su exposición, no solo demuestra la gran sabiduría que tiene, sino que destila la humildad profunda y sincera que entregan los años de experiencia. Es, sin dudas, uno de los chilenos más grandes. Naranjo es un tesoro vivo que tenemos que cuidar, comprender y reverenciar.

Recomiendo que vean su presentación. Él habla con más elocuencia de lo que mis palabras pueden plasmar y nos revela cosas que nuestra ignorancia no nos permite admitir.
De hecho comenta que la ignorancia es ceguera, es la incapacidad de ver algo que es evidente para quien sabe... y por ende, nos pide que ¡abramos los ojos!

Parte haciendo un crítica durísma, al señalar que la educación actual es un crimen. Tal cual. Una estafa, que le roba la vida a los jóvenes, condicionándolos a aceptar la prisión de la civilización, donde se inculcan hábitos que no son legítimos y los obliga a aceptar la mente patriarcal, autoritaria y jerárquica del sistema invisible que nos esclaviza. Sostiene que tenemos una educación perversa, que crea pobreza interna y que es "socia" interesada del sistema político y económico. Su diagnóstico es lapidario: La educación es la más obsoleta de las instituciones, que se ha rendido frente a la mente patriarcal y que ha perdido su "humanidad". Y agrega que la educación está diseñada para seres humanos intrínsecamente malos.
Afortunadamente, nos ofrece una orientación: "una educación sanadora para una sociedad que no se sabe enferma". Nos dice que la nueva educación debe fomentar el desarrollo natural, ayudar a los jóvenes a aprender a ser libres, amorosos y sabios; debe promover el autoconocimiento como primer paso hacia la sabiduría.
Insiste en que la educación del futuro debe estar orientada a ¡generar competencias existenciales! Y entonces no pude pensar cuán lejos estamos del sueño de Naranjo.
Él mismo se encargó de sacarme del pesimismo cuando hace una proposición radical: ¡¡Tal vez seamos intrínsecamente buenos!! y entonces, podamos recuperar nuestra capacidad amorosa, coherente con nuestra naturaleza humana solidaria y empática. Porque somos animales sociales, al fin y al cabo. Dependemos de los demás para nuestra supervivencia. Propone una educación que no peque contra lo natural, que comience por desarrollar la autoestima y la autoaceptación, para lograr generar ese amor al prójimo característico de una sociedad sana. Propone ir más allá de una educación preocupada por la felicidad y el bienestar para recuperar la verdadera naturaleza del homo sapiens. Somos criaturas de 3 mentes, que debemos controlar la mente patriarcal, con la liberación de la mente empática de la madre interior y la mente curiosa del hijo interior. En definitiva, propone una educación no represiva, Dionisíaca, enfocada en lo natural.

Mientras hablaba, y seguramente como muchos de los presentes, surgía en mi un gran duda, ¿Cómo hacer la transformación?. Y entonces, como si leyera nuestras mentes, este alquimista nos ofrece su semilla:
No vengo en busca de aplausos o reconocimiento, vengo a plantar una semilla para convertir a Chile en un país pionero en la transformación educacional, formando educadores con competencias existenciales, profundo autoconocimiento, desapego y renuncia al mundo. Tal vez aquí, alguien me escuche.

Profesores de personas, pensé. Psicólogos del desarrollo humano...

En ese momento, ofreció el producto de sus 50 años de trabajo: un método de trabajo en grupo para transformar personas, que sería la esencia de la nueva formación de profesores, para transformarlos en verdaderos maestros. Un método que por años había transformado a doctores y psicólogos y que estaba suficientemente probado para ser la semilla de transformación hacia la nueva educación. Y culminó, conminando a las autoridades a hacer un proyecto piloto para combinar la formación y psicoespiritual con la formación tradicional de profesores.

Probablemente no haya tierra más fértil que aquella donde Naranjo había planteado su idea-semilla. Un lugar donde se reúnen las principales autoridades del país, a pensar el país del futuro, estimulados por las mentes más brillantes del mundo exponiendo los avances de la ciencia. Porque como muchos sabemos, este es un proyecto que trasciende a los individuos, por muy influyentes que sean. Debe ser un proyecto-país y un tributo a una de las mentes más brillantes de nuestra tierra.

Confío en que la semilla de Naranjo germine en las mentes de muchos chilenos para que colectivamente cambiemos la dirección de la reforma educacional y en lugar de enfocarla en aspectos financieros, la dirijamos hacia la transformación interior de ser humano. Curiosamente, avanzaríamos hacia una educación de color naranja, orientada hacia la creatividad, la innovación y el desarrollo del pensamiento independiente. Nadie debería restarse a regar esta idea, pero necesitamos un líder político que acepte el desafío y conduzca la transformación pionera que desea Claudio Naranjo.

Capaz que exista algún candidato que acepte el desafío...
Yo me uno, sin condiciones a esta cruzada. ¿Y usted?








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