miércoles, 9 de noviembre de 2016

Humanizar la política

El sorprendente triunfo de Donald Trump en las elecciones de los Estados Unidos, es síntoma de una enfermedad que ha atacado global y transversalmente a la sociedad y en especial a la política. Es una enfermedad del siglo 21, transmitida por la creciente dependencia tecnológica. Una enfermedad que gradual y progresivamente nos deshumaniza y que se ha "viralizado" con la ayuda de la tecnología.  Vivimos en una sociedad enferma dirigida por personas sin alma. Nos hemos deshumanizado.
El uso habitual de las redes sociales, como Facebook, donde estamos en contacto con nuestras amistades y como Twitter donde seguimos a quienes nos importan, genera un pensamiento endogámico, que se nutre de aprobación. Estas poderosas herramientas de comunicación, tiende a desconectarnos de la gente que piensa distinto. De hecho, a muchos los bloqueamos o eliminamos. Participamos en redes de conversaciones propias de clubes sociales con acceso restringido.
Más aun, internet, debiera permitirnos expresar nuestras opiniones y enriquecer el debate de ideas. Pero ya se ha probado que sin el filtro emocional de la comunicación personal, donde las emociones de las personas con que interactuamos nos permiten sentir cuando afectamos a alguien, tendemos a ser más y más categóricos. Basta ver los comentarios de las noticias, para reconocer que se opina sin respeto ni consideración. 
Con los correos pasa lo mismo. El lenguaje escrito, cuando es breve, no permite expresar la emoción con que se opina y usualmente se presta para malas interpretaciones. Los correos tienden a acrecentar las diferencias de opiniones y habitualmente lo que comenzó como un debate puede terminar en un conflicto. Este fenómeno es tan reconocido que hay muchas empresas que prohiben a sus empleados intentar resolver diferencias de opinión a través del correo y exigen el llamado telefónico, porque humaniza la conversación y acerca a las personas. 
Reconociendo los beneficios que tiene el acceso a la información que nos brinda la internet, no podemos desconocer que (al menos en esta etapa), nos conecta con quienes piensan parecido y nos desconecta de quienes tienen otra manera de pensar. Internet nos segrega. Nos esconde la diversidad. Ratifica nuestros pensamientos. Y lo que es peor, no permite que expresemos adecuadamente nuestras emociones. 
Los políticos, la gran mayoría de ellos, se han contagiado de este virus tecnológico que los deja sordos, ciegos e insensibles y que les cambia el rostro, convirtiéndolo en una máscara desconcertante. Como la de esos payasos, que debieran hacernos reír, pero terminan aterrorizándonos. Sordos frente a las críticas, ciegos ante las consecuencias de largo plazo de sus actos e insensibles a los problemas cotidianos de los demás. 
Se trata de un virus que los vuelve fundamentalistas, categóricos, psicópatas (incapaces de sentir empatía) y cada vez más desconectados de los ciudadanos que pretenden representar. Se transmite a través de las redes sociales y aunque todos estamos expuestos, afecta en mayor grado a aquellos que necesitan la aprobación de los demás (el voto de los ciudadanos) y que usan las encuestas para orientarse. Por eso los políticos están tan cuestionados.
¡Qué paradoja! Pretender representar los intereses de los ciudadanos en base a información sin emoción (encuestas), es un error y un despilfarro de recursos. La información sin energía no sirve. Los humanos somos esencialmente  seres emocionales. Y sólo podemos comprendernos bien si reconocemos las emociones que nos mueven. 
Esto fue lo que hizo Trump. Desafió al establishment político. No administró números. Supo interpretar las emociones escondidas de los votantes. Y lo que dijo en su campaña, con toda la controversia que pueda haber generado, respondía al sentimiento profundo de la mayoría de los norteamericanos. No fue políticamente correcto. Pero los americanos tampoco lo son. Fue pragmático, emocional, errático, irritante y sorprendente. No usó máscaras. Reconoció sus defectos y pidió perdón. Hasta se "despeinó". Fue mucho más "americano" que los políticos profesionales y eso le hizo ganar la elección.
La gran lección que debemos sacar de la elección presidencial de los Estados Unidos es que para mejorar la crisis de representatividad de nuestra democracia y la calidad del debate legislativo, hay que humanizar la política. Necesitamos políticos con sensibilidad emocional. En la sociedad tecnológica digital, no hay espacio para la falta de transparencia. Hay nuevas reglas para la nueva política y los que no se adapten se extinguirán.



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