jueves, 2 de junio de 2016

¡Salud, integridad y alegría!

Poco antes de morir después de una larga batalla contra el Alzheimer, mi suegro tuvo un momento de extraordinaria lucidez en su lecho de muerte, mientras lo examinaba el doctor junto a sus hijas. De su boca brotaron unas palabras que parecieron resumir el aprendizaje de su vida. De pronto y solo por instantes, su cuerpo pareció recuperar su vitalidad, sus ojos se enfocaron en los presentes y su mente se conectó con la realidad para regalar a sus descendientes un último consejo: "En la vida hay que ser sanos, santos y alegres" dijo sonriendo con claridad y convicción...
Luego de una pausa, que pretendía dilucidar si lo habían comprendido bien, retornó al mundo interno al que estaba condenado y se sumió en ese sopor e indiferencia típico del enfermo terminal. Ya sabía que se iba a otra dimensión.
Fue un hombre culto e inteligente, un gran abogado pero sobre todo, un formador de personas. Y como era su costumbre, aprovechó hasta su último instante para dar una lección. 
Esas palabras demostraban la notable sabiduría que acumuló durante sus 80 años de existencia. 
Ser sanos no es una condición biológica, sino una decisión de autocuidado que se mantiene en el tiempo y que genera hábitos de nutrición, ejercicio y respeto por nuestro cuerpo. Una forma de vivir condenada a la derrota, pero que él persiguió con ahínco, luchando a diario por mantener la salud. Esa fue su recomendación en la enfermedad.
Ser santos tampoco es una condición espiritual, sino un compromiso moral y un comportamiento ético que nos permite convivir con otros en el respeto. La santidad a la que se refería no es religiosa. Más bien un compromiso con el "fair play"; es decir vivir la vida amando, respetando las reglas y jugando limpio. ¡Qué oportuno recordatorio ante la falta de escrúpulos que vemos por doquier! Esa fue su recomendación justo antes de enfrentar el juicio final.

Ser alegres era una invitación. A no tomarnos tan en serio y aceptar los acontecimientos con una sonrisa fácil. O pudo ser una sugerencia para encontrar el lado positivo de las cosas y vivir con optimismo. Siempre tuvo un sentido del humor especial y juntaba anécdotas y cuentos con enseñanzas que compartía con mucho entusiasmo. ¡Qué oportuno ante el ambiente pesimista que percibía a su alrededor! Esa fue su recomendación al despedirse.
Notable momento en la vida de un ser humano y hermoso recuerdo para sus hijas presentes. Salud, integridad y alegría, los 3 componentes de una vida que vale la pena vivir. Esa es la receta que nos dejó el suegro y que intentaremos emplear en lo que nos queda de tiempo.




1 comentario:

  1. Es genial leer tus palabras, te agradezo que invites a poder reflexionar.

    Salud; física, alimentar nuestro cuerpo de manera equilibrada y en armonía, pues es el vehículo de nuestro viaje por la
    tierra.

    Mental; tener presente que nuestros pensamientos son como hechizos, con la capacidad de transformar y derrumbar historias

    Emocional: cuando tú mente y tu corazón se alinean aquello en lo que crees comienza a hacerse realidad.

    Sintoniza en la vibración más alta, el amor.

    Integridad; se integro con todos, pero por sobre todo con tu propia historia y tu esencia.

    Ser fiel a uno mismo!

    Alegría; una actitud receptiva, optimista y de aprendizaje frente al universo.

    Se humilde y aprende a observar con los ojos del corazón.

    Un abrazo y gracias!



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