lunes, 9 de mayo de 2016

El cuidado de nuestro cuerpo

El cuerpo es el vehículo en el que viajamos por la vida. Descuidarlo es poner en riesgo nuestra supervivencia. Es portador de nuestra herencia bio-cultural. En nuestra genética y en nuestra cultura están los aprendizajes más profundos de nuestros ancestros. A través de nuestro cuerpo, se nos ha regalado todo el potencial del pasado familiar. Allí están nuestras raíces y nuestra historia.

Pero el cuerpo vive en el presente, en el aquí y el ahora. Absorbiendo y transformando la energía a su alrededor. Evolucionando. Así, sostenida e inexorablemente, nuestro cuerpo procesa información y se adapta. Se va convirtiendo en el microcosmos del mundo que generamos con nuestros pensamientos, creencias y acciones. En efecto, allí habita nuestro espíritu. Somos nuestro cuerpo, en más sentidos que la dimensión material. Es la manifestación física de nuestra alma. Y por eso, nuestro cuerpo, nos guste o no, refleja quienes realmente somos.

La primera gran lección que debemos extraer de la vida es “aprender a cuidarnos”. Por eso la psicóloga Vinka Jackson sostiene que “la educación es inseparable del cuidado”. Nos toma años, alcanzar la autonomía. “Cuidar es una responsabilidad colectiva”, insiste. Necesitamos una ética del cuidado y la adecuada protección del sistema educativo para prepararnos a ser adultos conscientes.
Por su parte, la coreógrafa Karen Connolly sostiene que el “dominio del cuerpo es una gran victoria que tiene múltiples beneficios”, extendiendo sus alcances más allá de lo físico, hasta los ámbitos emocionales, psicológicos y espirituales. Según ella, el cuerpo es un instrumento de aprendizaje y el movimiento es un arte. Siguiendo su argumentación, nuestro comportamiento entonces, debiera ser el resultado de nuestro aprendizaje por la vida. A mi me suena muy coherente. ¿A usted, no?
El profesor y montañista Claudio Lucero piensa algo parecido. En la montaña aprendió a tener conciencia absoluta sobre su cuerpo, ya que allí es un asunto de vida o muerte. La naturaleza sostiene, “es formadora de seres humanos con valores sólidos”, porque obliga a formar equipos responsables y estrechos vínculos emocionales. Recomienda “escuchar a nuestros cuerpos” y “hacer aquello que nos haga felices”.

Nuestro cuerpo se rige por una pauta biológica que conocemos como el “principio del placer”. Se aleja del dolor y busca el placer. Reconocemos que, como señalan algunas religiones ancestrales, “el placer es un arma de doble filo”. Pero, tanto evitarlo como exacerbarlo puede herirnos.
Cuidar nuestro cuerpo implica obtener información de las sensaciones que percibimos. Nuestras emociones son un reflejo del estado en que se encuentra nuestra conciencia. Son fuente de información para una vida sana y feliz. Son mensajes que apuntan a nuestro bienestar.

Tal vez el pecado más doloroso que la sociedad occidental ha cometido en contra del cuerpo es condenar la sexualidad. La mayoría de las religiones occidentales propone la abstención como receta para tratar algo tan natural como el deseo sexual. Es cierto que la excesiva e inmadura sexualidad nos puede dañar, pero la necesidad de placer es intrínseca al ser humano y reprimir el deseo es peligroso. Como se ha hecho patente en las instituciones religiosas más conservadoras, el ser humano excesivamente reprimido puede expresar ese deseo de placer de formas menos naturales y más dañinas.
La sexualidad es una característica sagrada del ser humano. ¡Defendámosla!, en lugar de reprimirla. Es fábrica de vida, es semilla de amor, es unión apasionada y entrega total. Es generadora de descendencia, señal de continuidad. Es una transferencia de energía vital que supera con creces el contacto genital. Es una danza que conduce al éxtasis, una cumbre que gozamos y una expresión de la fuerza vital que anida en nuestros corazones. ¿Qué puede ser más natural que expresar nuestros sentimientos a través de la unión física de nuestros cuerpos?
Cuidemos nuestros cuerpos, defendamos nuestra sexualidad, disfrutemos el placer desde el amor y expresemos nuestra energía física como una manifestación de nuestra espiritualidad.
Cuidar el cuerpo es cuidar el alma…

Cuerpo y alma no están separados. Nunca lo han estado.

1 comentario:

  1. Tu alma y tu cuerpo mantén y verás ...

    Parte del himno "Ciudadano del mundo".

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