domingo, 15 de mayo de 2016

Descubrir quien eres, es el secreto de la felicidad

Desde que nacemos, anhelamos encontrar y mantener la felicidad. Lamentablemente la buscamos en el lugar equivocado. A veces, pareciera que la encontramos, cuando conseguimos nuestros deseos y por lo tanto, la relacionamos con objetos, relaciones o actividades. Pero muy pronto nos percatamos de que esta es una ilusión. La correlación entre felicidad y nuestros deseos es efímera. Es una sensación pasajera. Ni el dinero, ni el amor, ni tampoco nuestras actividades, son capaces de darnos ese estado que tanto buscamos. Es cierto que pueden brindarnos el sabor de la felicidad (y de allí el espejismo), pero su efecto no es duradero. La acumulación de objetos, el poder del dinero, la conquista y el disfrute del placer, por ejemplo, son metas de vida de muchas personas.
Poco a poco, nos vamos desencantando con la promesa de alcanzar la felicidad al conseguir cosas externas. Nuestras experiencias nos demuestran una y otra vez, que la felicidad no se consigue satisfaciendo nuestros deseos. La felicidad no habita en nuestro exterior.
Y entonces, podemos insistir, exacerbando nuestra búsqueda y acumulando obsesivamente un objetivo tras otro, en una agotadora maratón por sentirnos bien, como hacen muchos en la sociedad materialista en que vivimos en Occidente. Pero esta búsqueda frenética no termina nunca. El deseo no se aplaca con el logro. Al contrario, nos regala algo de bienestar, pero al acostumbrarnos a tenerlo,  el deseo siempre aumenta y el premio al final del arcoíris sigue alejándose. Nuestra codicia parece ser inagotable.
O, usando otra estrategia, podemos iniciar una búsqueda espiritual, y buscar la felicidad en nuestro interior. Por ejemplo, en el estado mental que las religiones orientales llaman iluminación. Pero la felicidad tampoco habita en nuestro interior. No somos capaces de alcanzar un estado mental permanente de felicidad. La búsqueda solo cambia de lugar. Desde afuera a adentro. Sin embargo, sigue siendo una persecución inútil.
Debemos comprender que la felicidad no habita en lo material, ni en lo mental. El único lugar en donde encontraremos ese estado de pleno bienestar que llamamos felicidad, es en nuestra verdadera identidad. Allí, donde habita nuestra conciencia, esa esencia fundamental que me permite darme cuenta que existo, allí encontraremos aquello que buscamos.

Nuestra búsqueda entonces debiera orientarse a encontrar nuestra verdadera identidad. ¿Quién soy yo?, la pregunta fundamental, que pretende una respuesta más allá del  cuerpo o de la mente. Porque somos más que huesos, músculos y tejidos… y más que deseos, sueños y pensamientos. 
Somos aquello que permanece de nosotros en el tiempo. Somos conciencia, ese ente que está presente en nuestras vidas y experimenta lo que nos ocurre.  Descubrirla y encontrarnos en ella en cada momento, es lo que garantiza el fin de la búsqueda y el ansiado encuentro con la felicidad.
Por eso, en el frontis del templo de Apolo en Delphi, estaba escrita esa frase que es la base de la filosofía occidental: “Conócete a ti mismo”. Es una pista que nos legaron nuestros sabios ancestrales para alcanzar la felicidad. Porque el autoconocimiento es el verdadero mapa para encontrar la felicidad.
Si quieres ser feliz, ¡sé tu mismo!


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