miércoles, 2 de diciembre de 2015

3 paradigmas

La educación pretende transmitir el conocimiento acumulado por la Humanidad a las nuevas generaciones. Es, por tanto, un proyecto progresivo que, en la medida que el conocimiento aumenta, requiere una capacidad de síntesis creciente y ajustes permanentes. A veces, el ajuste que se requiere, implica un cambio fundamental en las premisas o creencias sobre las que estaba fundado el aprendizaje humano. En este caso, hablamos de cambios paradigmáticos. 
Algunas revoluciones científicas hacen temblar los cimientos de nuestra cultura y nos proponen una nueva forma de mirar la realidad. Copérnico provocó uno de estos cambios de paradigma cuando propuso que la Tierra giraba alrededor del Sol. Lenta pero inexorablemente la educación debió modificar textos y preparar a los profesores para que aceptaran una teoría que ponía en entredicho todo lo que habían enseñado antes. Nuestras creencias más básicas quedaron obsoletas. El pensamiento tradicional debió modernizarse.
La ciencia Newtoniana comenzó a cuestionar las explicaciones que nos daba la religión. Pero no es fácil cambiar las creencias más básicas...
Hace 150 años, Darwin, propuso la idea de la Evolución, que puso en jaque al mundo estático en que vivieron nuestros antepasados. Es que la educación es muy conservadora y recién está aceptando los avances científicos de la modernidad. La verdad objetiva que propuso la ciencia y el pensamiento crítico están dominando el mundo de hoy y sin embargo, ambas ideas ya están infectadas con el virus de la obsolescencia.
Hace ya un siglo, Einstein con su Relatividad, Heisenberg con su Incertidumbre y la física cuántica las condenaron. La verdad en la postmodernidad, es relativa al observador y el pensamiento tampoco puede ser objetivo. Y aquí, en este ajuste paradigmático estamos bastante atrasados. La educación aun no comienza a adaptarse a los postulados de la postmodernidad. Es una tarea pendiente. De hecho los colegios Waldorf y Montessori, que ponen al estudiante al centro del proceso educativo, por ejemplo, están literalmente fuera del sistema. Recién se aprecian algunos esfuerzos por personalizar el aprendizaje.
Para ponerle más pelos a la sopa, la tecnología evolucionó aceleradamente e Internet generó redes de información y conectó las mentes de millones de seres humanos, aumentando significativamente la complejidad de nuestra sociedad. Así, desnudó al mundo postmoderno, humillándolo al demostrar su inconsistencia. Provocó entonces, un nuevo cambio paradigmático. Todo está tan intrínsecamente conectado que ya no podemos distinguir donde terminamos nosotros. Somos una experiencia colectiva expresándose en aventuras individuales, como músicos de una orquesta. 
La educación está peligrosamente atrasada. 
El desarrollo humano, individual y colectivo, recorren el mismo camino. Siguen la misma secuencia. Y la tarea de la educación debiera ser facilitarnos la transición paradigmática. Debiera ayudarnos a ampliar nuestro conocimiento y enriquecer nuestras miradas. Más aun, una buena educación, tiene que empujarnos a superar al paradigma dominante. 
Si la educación actual está estancada en la modernidad, ¿cómo podría ayudarnos a superar la toxicidad de la postmodernidad? 
Peor aun, la mayoría de los profesores en ejercicio nacieron y se criaron en la modernidad. Son hijos de la Ciencia. Necesitan ver para creer. Están luchando por comprender la postmodernidad. ¡Y para eso necesitan cambiar sus creencias!
En cambio, los estudiantes actuales son nativos digitales. Es otra especie de seres humanos. Tienen otra cultura, otros comportamientos y otro pensamiento. Viven en un mundo complejo e integrado. Sostienen que el mundo es plano, la comunicación instantánea y la información plenamente accesible. La brecha generacional entre estudiantes y profesores es demasiado amplia. 
Tenemos un sistema educativo estancado y profesores formados en la modernidad, una elite académica en la postmodernidad y jóvenes integrales. Tres paradigmas conviviendo con dificultad. 
La única alternativa que imagino, es formar con urgencia profesores con visión sistémica y pensamiento complejo. Preparar maestros integrales, que hablen el mismo idioma de sus estudiantes para que juntos cuestionen las premisas de la integralidad y avancen hacia la etapa de desarrollo siguiente. Esta es la difícil tarea urgente de las facultades de educación. 






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