domingo, 23 de agosto de 2015

La letra chica

Para superar las cegueras y certezas del postmodernismo es necesario tomar conciencia de algunas prácticas poco éticas, que de tan habituales, ya no nos sorprenden. La letra chica es una de ellas. ¿Porqué usar letra chica, si no es para que no se lean esas cláusulas? ¿Hay un comportamiento menos ético que tener contratos con letra chica? En la mayoría de los contratos  que firmamos existe aquella "letra chica", que no solo aceptamos sino que ni siquiera leemos. Casi como si no fuese posible discutir términos que sabemos nos perjudican. 
Compré una póliza de seguros para mi auto, con auto de reposición. Cuando me robaron el auto y quise ocuparlo, me leyeron la letra chica: 5 días máximo y una serie de trámites adicionales... La reparación del auto robado duró 6 meses de modo que ni me molesté en pedir la reposición. Me sentí frustrado y desilusionado.
Los bancos también usan una estrategia similar. Decidí leer la letra chica de los contratos bancarios y quedé choqueado. No me gustó. Intenté cambiar de banco, pero todos usan fórmulas similares. Es una práctica transversal ¿Qué hacer entonces?
¡Decidí luchar contra la letra chica!
Pero es una inmoralidad que está en todas partes. A vista y presencia de todos. En la radio, después de un comercial a veces escuchamos a un relator, que a velocidad inusitada e imposible de seguir, vomita la letra chica que obligatoriamente debe dar a conocer. ¿Habrá alguien que le ponga atención? ¿Se darán cuenta los empresarios que están usando un resquicio inaceptable? Los relatores de advertencias son velocistas verbales, pero ¿tendrán conciencia de su complicidad?
La resistencia por detallar los compuestos que tiene un producto en el envase, es otro síntoma de la falta de comportamiento ético. La letra chica de las AFPs y de las Isapres demuestran que demasiados chilenos contratamos servicios que tenían restricciones oscuras que nunca se transparentaron. Fondos que eran nuestros ahorros personales, parecen buscar nuevos dueños. Planes de salud que cubrían cualquier enfermedad, son válidos siempre que seamos jóvenes y sanos.
Podríamos seguir dando ejemplos. Existen demasiados.
En una arista completamente diferente, las imágenes subliminales y el aumento del volumen en las tandas comerciales, demuestran los lejos que puede llegar el marketing para manipularnos. Y lamentablemente, no tenemos conciencia de la falta de ética que nos rodea.
No quisiera pasar por puritano. Ni pretendo ser un santo, todo lo contrario. Lo que me pasa es que paulatinamente he ido reconociendo errores que antes no veía. Y esto me ha escandalizado. También he usado letra chica para explicarme muchos de mis propios comportamientos. Para evadir mi responsabilidad. Pero cuando empezamos a ver nuestros errores, cuando nos damos cuenta de nuestras cegueras éticas, del dolor que hemos generado y de la traición al origen amoroso en que nacimos, entonces se presenta la oportunidad de escoger un comportamiento nuevo. Volver a nacer con la mirada más amplia y la frente erguida. Convertirme en una mejor versión de mi mismo.
El optimismo que tengo es debido a que la sociedad también está descubriendo errores que antes parecían comportamientos aceptables. Los políticos, los empresarios, los curas, los jueces, los sostenedores, los profesores, los policías y los militares, en fin... todos parecen comprender que hay que cambiar nuestras conductas. Me parece que esta es la gran oportunidad que tenemos para mejorar nuestra convivencia y construir una sociedad más consciente y responsable. Cuando todo indica que vamos mal, la esperanza debe crecer.




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