miércoles, 1 de julio de 2015

Ciencia y Religión apuntan al Sur del Mundo


Quisiera reiterar algunas conclusiones acerca de la reciente Carta Encíclica “Laudato Si” del Papa Francisco, sobre el cuidado de la casa común. En este extraordinario documento, que intuimos tendrá enorme importancia en la expansión de conciencia que requiere la Humanidad para superar la Postmodernidad, vemos una continua referencia a la profunda interconectividad entre todas las cosas, en una crítica dura y directa a la mirada fragmentada que acostumbramos a tener y muy especialmente, al poder que hemos asignado al dinero. La frase: “Todo está conectado” se repite casi majaderamente, como reconoce en el Capítulo Cuarto: Una Ecología Integral. Y luego en el párrafo siguiente, hace una declaración que puede parecer sorprendente para aquellos que no conocen la biología-cultural: “No hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socio-ambiental”. La crisis de convivencia entre los seres humanos (organismo) y la crisis medio-ambiental (nicho) son síntomas de que no pensamos en el bien común, sino que estamos atrapados en un paradigma postmoderno basado en criterios económicos. Ambas son, en definitiva, manifestaciones de una crisis relacional. El Papa Francisco propone “apostar por otro estilo de vida” y tomar “conciencia del origen común, de una pertenencia mutua y de un futuro compartido” y “despertar a una nueva reverencia ante la vida”. Un auténtico “desafío educativo”, según sus propias palabras. Es una carta que habla de luchar contra la fragmentación y reconocer la profunda interconectividad de los fenómenos complejos. Hay mucha Ciencia detrás de la propuesta Papal: Biología, ecología, economía, sociología y sobre todo, complejidad.

Si desde Chile, Humberto Maturana, un científico de prestigio mundial,  propone una forma de relacionarnos basada en el amor y el respeto, al otro lado de la cordillera, el Papa Francisco, líder espiritual de la mayoría de los chilenos y argentinos, nos propone algo muy similar. Siguiendo los pasos que nos proponen estos “maestros”, podemos avanzar hacia la Post-postmodernidad. La estatura moral de ambos referentes supera con creces la altura de la cordillera de los Andes y nos permite reconocernos como hermanos con un proyecto común.

En una curiosa circunstancia, cuando el mundo se enfrenta a una crisis global generada por el inefable progreso económico, científico y tecnológico de los países del Norte, se escuchan las voces desde los países del Sur proponiendo un urgente cambio en la definición de progreso y proponen concentrarse en el progreso social y moral. El cambio de rumbo que la Humanidad necesita se genera en la reflexión profunda y el comportamiento conscientemente ético. 

No es extraño entonces que un científico y un líder espiritual coincidan tanto. Ambos entienden el progreso como una forma de vivir basada en el respeto por la vida y el amor al prójimo. Ambos proponen combatir el cáncer de la indiferencia que nos está exterminando. Hoy, Ciencia y Religión parecen estar de acuerdo. Ambas apuntan al “Sur del Mundo”. Argentina y Chile podrían avanzar hacia una forma de convivencia mucho más democrática y respetuosa y demostrar que el cambio de era psíquica comienza como un cambio cultural.

Esa es al menos, la esperanza que motiva esta reflexión.

 

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