jueves, 2 de octubre de 2014

Sobre los hombros de Lynn Margulis

A veces podemos ser testigos de la sonrisa de Dios...
Cuando Darwin publicó "El Origen de las Especies", respondía científicamente a una idea que rondaba en la cabeza de muchos y fue muy acucioso para recolectar evidencias. Su abuelo era un pionero de la idea de la evolución. Pero fue otro joven científico, Alfred Russell Wallace quien le envió un manuscrito planteando la idea de la selección natural, lo que aceleró la publicación de las conclusiones de Darwin. Esto, para señalar que aunque la idea de la evolución por selección natural ya estaba en el inconsciente colectivo, aun era una idea bastante inmadura y fue mal interpretada.

La selección natural era una propuesta que a primera vista hablaba de competencia. De la supervivencia del más apto, se pasó muy pronto  la supervivencia del más fuerte y muchos creyeron ver en el proceso de selección natural una brutal e inexorable competencia por sobrevivir. Cuando se quiso usar las ideas evolutivas para los fenómenos sociales, se cayó en horribles extremos fundamentalistas. El comunismo proponía la lucha de clases y el nacional socialismo propuso la mejoría de la raza. Ambas estaban basadas en las ideas de selección competitiva que proponía Darwin. Los resultados históricos de intentar imponer las ideas Darwinianas a la política fueron nefastos. La idea de la competencia cayó en descrédito y sólo se mantuvo en el capitalismo propio de los Estados Unidos.

Tendremos que subirnos a los hombros de otra gigante, Lynn Margulis (que incidentalmente fue la señora de un gran divulgador científico, Carl Sagan, famoso por su serie Cosmos), quien bastante avanzado el siglo XX, reconoció en los procesos evolutivos que la competencia está inserta en un ambiente de cooperación más profunda. Esto no es tan obvio y solo se comprende cuando analizamos el eco-sistema de forma holística. Todos contribuyen a mantener la vida y nadie acumula más de lo necesario. Como cualquier gigante pionero, Margulis, fue muy cuestionada pero finalmente reconocida y aplaudida.

Supongo que Darwin hablaría junto a Margulis, de competencia con responsabilidad medio ambiental y en mi opinión, ciertamente se opondría al capitalismo sin responsabilidad social. Los abusos y excesos de empresarios y ejecutivos sin ética, han provocado una crisis de proporciones al modelo neo-liberal y han terminado por sepultar las bondades de la competencia, demostrando que el individualismo y el egoísmo puro son perjudiciales para la vida en comunidad.

Competir es bueno para generar una cultura de superación. Pero la competencia debe estar enmarcada en reglas del juego claras y justas y sobre todo entre competidores con conductas éticas y orientada tanto al bienestar individual como al bienestar general. Competir sin colaborar, es a la larga un error. Peor que eso, competir es solo una etapa en nuestras vidas que debemos trascender y superar. Todo lo que ha logrado el ser humano es basado en la sociabilidad y cooperación. Somos mamíferos sociales y dependemos de la comunidad para sobrevivir. Perder esto de vista, es peligroso.

Competir para desarrollarnos y contribuir al progreso de la humanidad es el desafío que tenemos por delante. El Fair Play debe ser el paraguas valórico del emprendimiento humano. Respetar las reglas del juego, respetar al competidor y al consumidor, respetar a la naturaleza y a la historia, respetar a las viejas y a las próximas generaciones y a la vida en general debe ser la prioridad educacional de nuestra especie. ¡Cuan lejos de este imperativo está la educación hoy día!
Lynn Margulis propondría integrar los conceptos de Competencia y Colaboración. Nos enseñaría a desarrollar una mirada sistémica para colaborar en armonía y competir con respeto por una vida más feliz.

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