miércoles, 22 de junio de 2011

Dulces derrotas

El rey de los volcanes...se llamaba un documental que vi este domingo.
En el día del padre...
Trataba sobre la vida de un gran gorila, que quedó huérfano a temprana edad y se las arregló, no solo para sobrevivir, sino para asumir el liderazgo del mayor grupo de gorilas que vivía en las montañas de Ruanda. En medio de las erupciones de los años 80, condujo a su grupo a terrenos bajos y más seguros, salvándolos de una muerte segura.
Reinó por unos 15 años, logrando que su grupo creciera unido e imponiéndose a todos quienes lo retaron. Su fuerza e inteligencia se volvieron legendarias. Los científicos que documentaban su vida lo llamaban “Titus, el rey de los volcanes.”
Cuando ya era un anciano de 35 años, y el hombre comenzó a amenazar su territorio, decidió guiar a su grupo nuevamente hacia las cumbres montañosas. Fue desafiado por varios imponentes gorilas solitarios, que veían la oportunidad de conquistar el grupo de hembras. Pero siempre los derrotó en combates a muerte.
Cuando por fin llegaron a los cráteres de los volcanes, en territorio seguro, Titus estaba cansado, pero satisfecho. Sabía que allí su grupo estaba a salvo. Entonces, un imponente macho, que destacaba por su fuerza y agresividad, lo desafió!...
Por minutos, Ruanda pareció enmudecer. El silencio se apoderó de los volcanes y el desafío no fue contestado. El rey abdicaba, sin resistir! Algo muy extraño acababa de suceder. Solo entonces, los científicos se percataron de que el nuevo monarca era el primogénito de Titus. El rey de los volcanes, el gorila mas poderoso de Africa, murió de viejo, solo meses después de haber cedido el trono a su hijo, con una sonrisa plácida en su rostro.
¡La Ley de la Naturaleza!
Entonces recordé a mis hijos. 3 niños a quienes vi poco a poco convertirse en hombres. Recordé nuestros juegos que fueron convirtiéndose en competencias, que finalmente terminaron con el viejo...derrotado. Primero fue en ping-pong, luego en tenis, y así... Yo las llamaba DULCES DERROTAS. Me encantaba el sabor agridulce de sentirme superado por mis cachorros. 
Hace poco, cuando el rector me pidió que tomara el decanato de educación, pensé que mis hijos estaban demasiado jóvenes para hacerse cargo de la empresa familiar. Pero decidí, ver qué ocurría...
¿Y saben?
¡Lo han hecho mejor que yo!
¡Otra dulce derrota! Y bueno...la ley de la naturaleza.
Les cuento esto, porque estamos en un momento especial, un punto de inflexión para nuestra sociedad. Nuestra generación ha avanzado como pocas. El progreso generado por la ciencia y la tecnología ha sido impresionante. Hemos sido capaces de enviar una nave al espacio interestelar. Ver la inmensidad del Universo nos convierte en seres más humildes. La nanotecnología, la ciencia de las partículas elementales, nos muestra que los mas pequeños detalles son relevantes! Y por si fuera poco, hemos construido una red que nos permite acumular conocimientos y estar conectados. Sentir que todos somos parte de un gran equipo: la humanidad.
¿Debemos estar orgullosos?
Tal vez...
Pero nuestros jóvenes están protestando. Claro, si no hemos sabido resolver problemas como la pobreza, la delincuencia, la contaminación, la responsabilidad cívica, el respeto por la naturaleza, y por sobre todo:¡la educación!
¿Debemos avergonzarnos?
No creo, hemos hecho lo mejor que podíamos. Pero estoy convencido que estos jóvenes lograrán superar estos desafíos. Con la ayuda de la ciencia y tecnología, incluso la educación podrá reinventarse. Confío en que serán capaces de diseñar una nueva educación. Holística, integral y orientada al desarrollo de los talentos individuales. Una educación donde los profesores entren a clases a saborear esa dulce derrota de ser superados por sus alumnos. 

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