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lunes, 21 de marzo de 2011

¡Use el control remoto!


Muchas veces tenemos la oportunidad de tomar el control remoto del climatizador y regular la temperatura ambiente. Podemos elegir la temperatura apropiada para el recinto. Y normalmente lo hacemos sin pensarlo mucho. Es obvio que debemos trabajar en un ambiente agradable.
Otras veces tenemos la posibilidad de sintonizar aquel canal de televisión que transmite las noticias que nos gustan, de escapar de la publicidad o de buscar un programa interesante entre las múltiples alternativas del cable. Cuando algo no nos gusta, sencillamente cambiamos de canal hasta encontrar algo atrayente.
Algo muy parecido sucede con la radio. Si la música no nos gusta, simplemente cambiamos el dial. Escuchamos solo música que es agradable para nuestro oídos.
Usamos el control remoto para obtener un ambiente agradable, para ver y escuchar cosas interesantes.
Es curioso que esta actitud, tan simple y obvia, no se aplique a los seres humanos.
Cuando estamos con alguien, muchas veces olvidamos usar el control remoto y no programamos el ambiente adecuado. A veces la temperatura es altísima y otras veces, bajísima. Y aunque sabemos que las relaciones humanas no funcionan bien en ambientes gélidos o sofocantes, nos olvidamos de regular la temperatura. La frialdad o la pasión excesiva arruinan las relaciones interpersonales.
Cuando conocemos a alguien, tendemos a concentrarnos en lo que no nos gusta. Los defectos llaman nuestra atención y quedamos obnubilados por ellos.  Obviamos las muchas cualidades que tienen los otros. También nos olvidamos de sintonizar aquello que nos gusta de los demás.
Cuando escuchamos a otros, también cometemos el mismo error. En lugar de elegir lo positivo, lo interesante, lo agradable; nos fijamos en lo negativo y nos quedamos pegados en ese estado. Encontrando objeciones, errores y defectos en la forma o el fondo del mensaje.
Al recomendar usar el control remoto, estamos sugiriendo que fácilmente podemos mejorar nuestra relaciones. Basta generar el ambiente adecuado, concentrarnos en las cualidades de los demás y encontrar lo positivo de su mensaje.
Recomendamos un control remoto que maneje nuestra atención, que hará más gratas nuestras relaciones y más productivo nuestro trabajo. Que también se enfoque en lo que nos gusta de aquello que nos sucede y que dirija nuestro interés hacia lo agradable.
Elegimos nuestras amistades pero no elegimos nuestros compañeros de trabajo. Elegimos nuestros caminos pero no controlamos lo que sucede. Pero sí podemos elegir una actitud que saque lo mejor de nosotros en cualquier situación. ¡Usemos el control remoto de la actitud positiva!

sábado, 19 de marzo de 2011

La otra cara de la moneda


Tendemos a mirar las cosas solo desde nuestro punto de vista. Tanto así, que cuando alguien piensa diferente, nuestra primera reacción es encontrar argumentos para confirmar nuestros puntos de vista y  desechar los argumentos que los cuestionan.
Esta actitud es una de las principales causas de los problemas en las relaciones humanas. Y genera desconfianza, incomunicación e inflexibilidad. Una actitud que no permite el trabajo en equipo.
La primera condición necesaria para trabajar en un ambiente de colaboración, es cambiar esta actitud y estar dispuesto a mirar las cosas desde el punto de vista de los demás. Para ampliar nuestra perspectiva, necesitamos mirar la otra cara de la moneda.
Crecí en una comunidad que fundamentaba su progreso en el trabajo en equipo. Donde se sostenía que el grupo era superior a la suma de los individuos. Siempre  se buscaba generar sinergia. Donde existía la profunda convicción de nadie era dueño de la verdad, pero que si sumábamos nuestras creencias individuales y las contrastábamos y discutíamos en profundidad, con respeto y consideración, estaríamos mucho más cerca de ella.
Nos alegrábamos si alguien no estaba de acuerdo con nuestros puntos de vista. Significaba que tenía una visión diferente del problema y ese ángulo podría aportar una dimensión que probablemente no estábamos considerando. Y viceversa. Nos daba a ambos la oportunidad de enriquecer la discusión. Y así, todos saldríamos ganando. Las perspectivas individuales-restringidas-se ampliaban y se lograba una perspectiva común, más amplia y completa.
En este ambiente, estar en desacuerdo era celebrado. Existía una oportunidad para crecer mirando las cosas desde otro punto de vista. Ese punto de vista que nuestras anteojeras nos escondían, pero que con ayuda de los demás, podríamos quitarnos. Llamábamos a este proceso: ¡mirar la otra cara de la moneda!
Si la otra cara de la moneda era igual, la moneda no tenía verdadero valor. En cambio, si era distinta, aportaba un ángulo diferente para el análisis del problema, y por lo tanto, ¡la moneda era valiosa!
Respetar las ideas de los demás, intentar comprender porqué piensan diferente y aceptar el regalo de una mirada distinta, conscientes también de nuestra responsabilidad en devolver el regalo, enriqueciendo al otro con nuestra postura, es la clave del trabajo en equipo. 
Como dijo Michael Jordan, "con talento individual se puede ganar un partido, pero para ganar un campeonato se requiere un equipo".

viernes, 18 de marzo de 2011

¡No oponga resistencia!


Una de las características de la vida es el cambio. Inevitable e inexorable. Resulta curioso entonces, que el ser humano, tenga dificultades para aceptar los cambios. Nuestra reacción inicial frente al cambio, es resistirnos, oponernos. Tal vez porque somos esclavos de nuestras propias costumbres y hábitos. No nos gusta salir de la “zona cómoda”. Y sin embargo, cuando ampliamos nuestros límites y recorremos nuevos territorios, adquirimos nuevos puntos de vista y mayor perspectiva. El cambio nos hace crecer.
La vida sería más interesante si enfrentáramos el cambio con una actitud diferente. Solo depende de nosotros. Podemos elegir nuestra actitud frente al cambio. Y ese derecho puede cambiar nuestras vidas.
Conozco personas que andan por la vida criticando, refunfuñando, quejándose frente a todo lo que sucede. Normalmente creen que todo “les” sucede. Son personas que no son dueñas de sus destinos, porque desecharon la posibilidad de elegir una determinada actitud frente a una situación. Son aquellos energúmenos que se cuelgan de la bocina y vociferan en los tacos. Esos a quienes cualquier clima les parece inapropiado.
También conozco personas que no oponen resistencia al cambio. Que aceptan lo que sucede con una actitud positiva y buscan la oportunidad detrás del obstáculo. Aquellos que aprovechan el taco para disfrutar la música y relajarse. Son personas que no tienen miedo a cambiar, porque saben que el cambio trae desafíos y sorpresas. Ejercitan su flexibilidad y se adaptan. Toman la vida como una aventura y la disfrutan.
Confieso que muchas veces he sido de los primeros. Pero reconozco que cuando tiendo a resistirme a lo que ocurre, lo paso mal. En cambio, cuando he aceptado el cambio con ilusión y hasta cuando he aceptado el cambio inevitable con resignación, entonces, la vida tiene un mejor sabor.
Concluyo entonces que debemos dejar de resistirnos. La resistencia nos envenena por dentro. Oponernos a todo es malo para nuestra salud. Denota una mirada temerosa y un espíritu limitado. Dejar de resistir no implica dejar de luchar por nuestros principios. Simplemente significa que cuando algo cambia debemos encontrar la forma de adaptarnos y aprovechar la oportunidad que genera el cambio. Se trata de ejercitar nuestra flexibilidad.
Propongo una actitud diferente frente a la vida. ¡Aceptemos el desafío que nos plantea el cambio! Ante un obstáculo inesperado podemos: combatirlo, enfrentarlo, es decir, resistirlo. Pero también podemos evadirlo o superarlo sin oponer resistencia. He aquí la clave para transformar la vida en una aventura de crecimiento permanente.
Porque como señala Ian Gilbert, “Nada es más peligroso que una idea, cuando es la única que tenemos”.

jueves, 10 de marzo de 2011

Bienvenida Alumnos de Pedagogía

Los felicito. Han elegido trabajar en educación. Ustedes saben de prioridades...
Como dijo George Lucas: “la educación es lejos, el trabajo más importante para el futuro de la raza humana”.
Pero nuestra sociedad no parece estar de acuerdo. Vivimos inmersos en una civilización cortoplacista, egoísta y competitiva. Las profesiones más respetadas y mejor remuneradas son aquellas que el mercado valoriza por su aporte inmediato a la calidad de vida. Y el lucro parece ser la principal motivación para el emprendimiento. En este escenario, lamentablemente la urgencia muchas veces sobrepasa a la importancia.
Toda la teoría económica está basada en el egoísmo del hombre. Pues déjenme decirles a los genios economistas: ¡No hay peor negocio que atender exclusivamente a los negocios!
Es cierto que el progreso material que hemos alcanzado en los últimos años no tiene precedentes. Pero no es menos cierto que en nuestra loca carrera por tener más, por llegar primeros y ganar la competencia, nos hemos olvidado de la dimensión altruista del ser humano.
¡Como si no fuese importante!
Afortunadamente estamos despertando. Aunque sea porque no resistimos que la pesadilla se torne más cruenta. Estamos viendo los síntomas de nuestra irresponsabilidad y los excesos que hemos cometido. Los peligros que acechan a nuestros hijos y nietos son cada vez más evidentes. Y no hay ningún área donde sea más obvia nuestra desidia que en la educación.
Es que la educación es una aventura de largo plazo, un trabajo en equipo en donde quienes ganan de verdad, aún no tienen derecho a voto. Pero son las futuras generaciones, los hijos de nuestro hijos,  aquellos que juzgarán el valor, el coraje y la visión de quienes hoy, eligen educar. Finalmente, nos estamos dando cuenta la educación es nuestra responsabilidad...o mejor dicho, nuestro privilegio!
Los felicito por atreverse a nadar en contra de la corriente. La esperanza de la humanidad depende de eduquemos a nuestra juventud de modo que encuentren su propia identidad, le den un sentido a sus vidas, aprendan de nuestro errores y ¡construyan un mundo mejor! Los felicito, por demostrar que necesitan desafíos superiores a ustedes mismos; Los aplaudo, porque los motiva el bienestar de nuestra sociedad y la realización de nuestros jóvenes.
Pero también, los felicito por su visión. Los próximos años serán testigos de la revolución más grande desde la revolución industrial. Tendremos oportunidad de acceder a conocimientos impensados. Podremos acceder no solo a lo que sabemos, y a aquello que no sabemos sino que también, a aquello que ni siquiera sospechamos que no sabemos. El conocimiento de la humanidad será colosal. Y para explorar este gigantesco universo de información, habrá que reinventar la educación. Tendremos el privilegio de ver de primera fuente la radical metamorfosis que experimentará la educación. Estaremos liderando la exploración en la frontera de lo desconocido. Seremos los héroes del futuro.
Hablarán de aquellos aventureros que osaron transformar el modelo industrializado de la enseñanza en un modelo personalizado, orientado a lograr realización y felicidad. La historia juzgará a esta generación por iniciar la revolución educacional. Por diseñar una nueva educación para el siglo XXI: Una educación holística que parte del desarrollo interior del individuo para llegar a un desarrollo social emocionalmente equilibrado. Ustedes tendrán el privilegio de ser pioneros en esta transformación radical.
Experimentarán una nueva educación en donde el estudiante, aprende a aprender. Y es responsable de su propio aprendizaje.
Donde el profesor, enseña a aprender. Y es responsable de inspirar la curiosidad de sus alumnos, de descubrir sus talentos y desarrollarlos al máximo.
Donde la Universidad, diseña una formación pedagógica para el aprendizaje personalizado. Y prepara profesionales para sobresalir en el mundo del futuro. Expertos navegantes del océano de información y gestores del conocimiento, capaces de encontrar respuestas adecuadas para los desafíos del mañana, en cualquier ámbito.
Estamos convencidos que las próximas generaciones de profesores estarán equipadas para participar activamente en la creación de un mundo mejor y que tendrán oportunidades de generar emprendimientos que impacten positivamente el bienestar general. ¡Educar es la profesión del mañana!
La revolución ya comenzó. En algunas de las universidades más prestigiosas de Estados Unidos, Inglaterra, India, Singapur y Hong Kong ya se han sentido fuertes terremotos que han derribado los paradigmas que sostenían la educación industrial del siglo XIX. ¡Y se ha dado alerta de tsunami al resto del mundo!
En Chile, el epicentro está aquí, en Manuel Montt. Y cuando sus nietos les pregunten, ¿Dónde estaban cuando se produjo la revolución? Ustedes podrán contestar, con orgullo: ¡En la Facultad de Educación de la Universidad Mayor!
Bienvenidos a la educación del futuro, ¡Bienvenidos a la Universidad Mayor!